2 Deliciosos Sandwiches veganos para llevar a tu trabajo

Existe una opinión equivocada acerca de los sánduches (o sandwiches): no son comida sana. Este bocado, inventado, según la historia, en las partidas de póquer, por mucho tiempo ha sido sinónimo de pereza, de rapidez y de simpleza, maquilladas de practicidad. Dicen los historiadores que, a finales del siglo XVII, un conde francés llamado John Montagu (IV conde de Sandwich), pasaba mucho tiempo jugando a las cartas, y, para evitar ensuciarse los dedos, y con el propósito de comer todo lo que incluía una comida de la época, “emparedaba” todo en dos panes y listo. Desde entonces, la gente ha seguido con la receta, pero la idea se ha nutrido por siglos y han aparecidos, literalmente, millones de versiones.

Por supuesto, el veganismo no se queda atrás. Y, a sabiendas de que para muchas personas el sánduche se traduce en practicidad a la hora de llevar algo de comer al trabajo, ofrecemos este post de 2 ideas de sánduches veganos que, además de ser fáciles de preparar, son altamente deliciosos. Vamos a ver.

Antes que nada, recuerda que en este blog puedes aprender a producir tus propios panes y quesos veganos, que puedes combinar con las recetas que verás a continuación.

Falafel y labneh

En caso de que no tengas mucha familiaridad con la comida árabe, el falafel es una albóndiga de garbanzos (aunque se puede replicar con lentejas, fríjoles o arbejas) y el labneh es una ensalada que, a pesar de que lleva yogurt en su versión original, puede hacerse de forma vegana.

El pan que necesitarás debería ser árabe, sin levadura (conocido también como “pan pita”), que podrás encontrar sin mucha dificultad en un supermercado. Necesitarás media libra de garbanzos, cincuenta gramos de ajonjolí, un manojo de cilantro, otro de perejil, polvo para hornear, harina de trigo, dos cucharadas de comino, una de sal y una de pimienta. Para el labneh, necesitarás 300 ml de yogur de soya natural sin azúcar, una pizca de sal, un pepino pequeño, un cuarto de coliflor, un cuarto de calabacín verde y un puñado de aceitunas verdes.

Vamos primero con el falafel. Lo que debes hacer es remojar los garbanzos durante una noche y licuarlos al otro día. En la licuadora, añade el ajonjolí (antes de esto, lo puedes dejar en una sartén a fuego medio durante diez minutos), el perejil, el cilantro, el comino y la sal. Cuando tengas una mezcla homogénea (ve añadiendo chorritos de agua poco a poco), vacia todo en un bowl y añade el polvo para hornear y la harina de trigo (lo suficiente de cada uno hasta que la mezcla se ponga pastosa). Si los quieres freír, haz buñuelos y ponlos en el aceite hirviendo. Si los deseas hornear, haz galleticas y voltéalas cada media hora hasta que estén doradas y crujientes.

El labneh es mucho más fácil. En un bowl vacia el yogurt de soya (es, básicamente, una leche de soya con un proceso de fermentación) y mezcla la sal, el pepino y el calabacín cortados en cubitos muy finos, la coliflor en pequeños trozos y las aceitunas. Si deseas, puedes añadir un par de hojitas de menta a la mezcla para darle más frescura.

Abre el pan pita en dos, para formar dos bolsillos, y rellénalos con el falafel y el labneh.

Y listo.

Berenjena asada con tomates secos

Este es un sánduche gourmet de excelente sabor y que te aportará una buena cantidad de minerales y proteínas. Lo ideal es acompañarlo con una ensalada sencilla. Necesitarás una porción de pan tipo baguette de 30 cm, una berenjena de gran tamaño, cincuenta gramos de tomates deshidratados, un limón, aceite de oliva, tomillo y romero secos, y el queso vegano de tu preferencia.

Lo primero que debes hacer es asar la berenjena. Ponla entera, sin abrir, ni nada, sobre el fuego alto (so sobre las brasas, si puedes) hasta que toda la piel esté quemada. Esto se toma alrededor de veinte minutos, dependiendo del poder del fuego. Posteriormente, ábrela en dos y, con una cuchara, raspa toda la pulpa. En una sartén, pon esa pulpa de berenjena con un poco de la piel quemada, añade una cucharadita de sal y el romero y el tomillo, y deja que se evapore toda el agua que le quede. Cuando esto suceda, añade el zumo del limón y el aceite de oliva, y listo. Ponla sobre el pan, derrite el queso vegano y pon encima los tomates deshidratados.

Si no encuentras tomates deshidratados en los mercados saludables de Medellín, lo que puedes hacer es deshidratarlos tú mismo en el horno. Córtalos en rodajas finas, añade una capa de sal por encima y por debajo de ellos, y, con el calor arriba y abajo a unos 150 grados durante algunas horas, notarás que se vuelven crocantes. Esto mismo lo puedes hacer en un deshidratador casero. De preferencia, usa tomates cherry, pues tienen menos agua y son más fáciles de secar.

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