¡Salud! por el buen vino Vegano

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Las personas que persiguen estilos de vida saludables a menudo recurren a los alimentos orgánicos y naturales para evitar productos químicos y aditivos que simplemente no parecen saludables para ser ingeridos. Sea que estos alimentos se preparen en casa o se disfruten en un buen restaurante vegano, es menester instaurar en la cotidianidad el hábito de comer saludable. Ahora, si se quiere disfrutar de preparaciones vegetarianas y veganas en Medellín, entonces será de gran ayuda conocer el directorio con los restaurantes más selectos de la ciudad.

Pero el mercado de alimentos saludables también ha tocado el mundo de los vinos. Los viñedos han empezado a satisfacer esta demanda, ofreciendo vinos orgánicos, sostenibles, biodinámicos e incluso veganos. Para los vegetarianos, veganos y otros consumidores con conciencia ambiental, es un gran alivio disfrutar de un buen vino que sea amigable con los principios que defienden.

Sin embargo, a pesar de la cada vez más amplia disponibilidad de estos productos en las estanterías, no significa que sea difícil confundirse, porque los términos orgánico, sostenible, vegano, biodinámico, entre otros, comienzan a parecerse lo cual conduce a graves errores de apreciación. Buscar en un vino una cosecha más natural y acorde a la forma de alimentarse, y también coherente con los hábitos sociales y de consumo de quien busca, más que un producto una experiencia poniendo en la praxis una filosofía de vida, requiere entonces de la claridad en algunos conceptos y definiciones básicas.

Los viñedos pueden poner muchos modificadores en sus prácticas agrícolas y selecciones, y algunos términos están más estrictamente definidos que otros. A continuación se analizarán algunos términos usados en las etiquetas de los vinos.

¿Qué significa que el vino sea ‘orgánico’?

Los vinos orgánicos se elaboran sin herbicidas, pesticidas, fertilizantes y semillas modificadas genéticamente. Los productos orgánicos también suelen evitar el uso de azufre agregado en el embotellado, lo que significa que aquellos con alergia al conservante -casi ubicuo- pueden beber con un riesgo muy bajo de contraer una tez manchada o una reacción más severa.

El sello “Certified Organic” de USDA es el mejor indicador de que un vino es orgánico. Para ser merecedores de este sello, los vinos deben estar compuestos de ingredientes 100 por ciento orgánicos y procesados ​​sólo con ayudas orgánicas y sin sulfitos agregados. La certificación de California Certified Organic Farmers (CCOF) es paralela a la certificación de USDA, y los cultivadores certificados pueden usar cualquiera de los sellos.

Los vinos también pueden llevar el sello de USDA y la palabra “orgánico” si incluyen un 95 por ciento de ingredientes orgánicos y alcanzan niveles de sulfito de origen natural por debajo de 100 ppm, sólo una fracción de lo que puede contener un vino convencional. Cuidado: los vinos etiquetados como “Hecho con uvas orgánicas” y ningún sello pueden contener hasta un 70 por ciento de productos orgánicos y sulfitos agregados.

Frente al vino orgánico y su sabor hay grandes polémicas. Como se mencionó arriba, son muy diferentes los vinos orgánicos de los vinos hechos con uvas orgánicas. Pero la polémica no radica allí: el problema es que el vino orgánico ha lidiado con prejuicios de los consumidores. Las equívocas apreciaciones de algunos consumidores crearon una mala imagen de este vino, sin embargo, no tardaron en aparecer voces de defensa: La Universidad de California realizó una investigación al respecto y concluyó que el sistema de producción orgánica no altera el sabor del vino.

¿Qué significa que el vino sea ‘sostenible’?

La agricultura sostenible va un paso más allá para indicar que las prácticas de los viñedos minimizan el impacto ambiental mediante el uso de métodos orgánicos al tiempo que conservan la energía, el agua y otros recursos. Más allá de lo sostenible es “biodinámico”, lo que significa que los agricultores utilizan métodos naturales para controlar las plagas, mantener la salud del suelo y proteger el ecosistema.

La agricultura biodinámica propone conocer la naturaleza como la mejor herramienta para obtener alimentos saludables, limpios y armoniosos con la naturaleza. La agricultura biodinámica combina el ritmo natural de los procesos vivos, con los fenómenos astronómicos y también con una visión astrológica del mundo.

¿Qué lo hace ‘vegano’?

Muchos vinos orgánicos, sostenibles y biodinámicos no pueden considerarse veganos. Los viñedos tradicionales han usado durante mucho tiempo proteínas animales (naturales y orgánicas), como el adhesivo de cola de pescado (isinglass), albúmina, caseína, gelatina y quitina para eliminar las impurezas y los sedimentos de los vinos. Los viñedos veganos en su lugar utilizan carbón vegetal, tierra de diatomeas y arcillas de bentonita y caolín como agentes clarificantes, o producen vinos sin filtrar (crudos).

Los viticultores certificados dicen que los procesos orgánicos, sostenibles y biodinámicos brindan sabores más puros, revelando mejor la verdadera naturaleza de la uva, el cultivo y el terruño. Sin embargo, hay aspectos técnicos a tener en cuenta en su manipulación. Dado que no contienen azufre agregado como conservante, algunos vinos orgánicos pueden presentar problemas en su almacenamiento. En el caso de los vinos veganos sin filtrar, incluso los tintos, se guardan mejor en posición vertical en el refrigerador.

La publicidad no debe decidir qué comemos, ¡nuestra conciencia sí!

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La publicidad a menudo excede no sólo las fronteras sociales y geográficas, sino también a cualquier tacto. Voltaire dijo una vez: “¿Quién te hace creer absurdos también hace que hagas monstruosidades”.

No es el propósito de estas líneas estigmatizar la publicidad. Pero publicistas y quienes no lo son, con un mínimo de sentido crítico, saben que parte de esta actividad está enfocada a la manipulación, la propaganda, la presión y el beneficio máximo, cueste lo que cueste.

Desconocimiento e indolencia: El camino más expedito hacia la inconsciencia y la crueldad animal

El poco conocimiento del consumidor sobre los productos que adquiere y la publicidad envolvente a través de la cual toma decisiones de ‘compra positivas’ hacen que la industria del sufrimiento de los animales sea relativamente poco importante, a menos que la conciencia ética del comprador responda contra el dolor irracional que se puede infringir a otros seres vivos, interponiéndose así en el camino de una lógica de consumo que con hipocresía no hace ningún cuestionamiento sobre lo que se sirve en el plato.

Las grandes industrias de los alimentos y los gremios realizan un impresionante trabajo en términos de publicidad para carne, huevos y leche. Estos productos llevan décadas presentes en todos los medios de comunicación masiva, en ferias y eventos con mensajes ‘color rosa’ donde se alude a la importancia del crecimiento de los niños y al bienestar de la familia, entre otros ejes temáticos que buscan adornar de beneficios y atributos la ingesta de este tipo de alimentos de origen animal, sin detenerse a pensar en el ‘animal’.

Además, se difunde material informativo dirigido a personas claves de la comunidad -como educadores, nutricionistas y periodistas- con publicidad efectiva que debe crear la impresión entre los desprevenidos e incautos, de que la industria tradicional de alimentos provee productos vitales y saludables, y que los animales involucrados en el proceso son tratados con respeto y que viven ‘plenos de la dicha’ en sus corrales.

Publicidad que en lugar de ilustrar, desinforma, también se recibe de campañas estatales, por ejemplo de los programas de leche escolar, donde en ninguna fase de formación de los niños se les sensibiliza sobre el origen de los alimentos. No se trata de llevar a destiempo información que los niños no sean capaces de asimilar. Pero si es cuestionable que no se haga un esfuerzo por educar a los niños con sentido de responsabilidad sobre los alimentos y su origen.

La publicidad que promueve el consumo de carne cae con frecuencia en el sexismo y la ridiculización de los animales. Quien ve la televisión, escucha la radio, o lee revistas, a duras penas pueden escapar de estos mensajes publicitarios. Ni se diga de las vallas publicitarias, vitrinas y de los folletos que lanzan por debajo de las puertas.

Incluso, desde el jardín infantil se sugiere a los niños que es normal utilizar animales para comer, explotar y ser indiferentes a lo que padecen en vida. Los niños a menudo se irritan mucho porque -obviamente- relacionan el ‘comer animales’ con dolor y los niños no quieren hacer daño. A menudo sienten molestias al comer animales. Por esto se insiste a los niños que es necesario ser / estar saludable y que los animales en realidad no importan. De esta manera los niños son ‘inmunizados’ contra los sentimientos, el dolor y el miedo. En muy pocos casos, contrariamente a las afirmaciones populares, se les dice la verdad.

¿Qué efecto tienen los mensajes publicitarios sobre nosotros?

Si se piensa que el consumo de carne, huevos y leche es un hecho natural y obvio, entonces se pasa por alto que sí es posible decidir sobre lo que se consume, y es también seguro que se subestima el poder y el impacto psicológico de la publicidad, y su acción a largo plazo. La influencia de la publicidad en el comportamiento a veces no se refleja de inmediato, pero deja huellas. Para la mayoría de las personas, el producto aumenta su credibilidad si la mayoría de la población también compra los productos y los incorporan a la cotidianidad.

Ser capaces de tomar decisiones independientes y autónomas, es difícil para el común de la gente, porque no se cuestionan “lo que es normal para el mundo”, y por tanto se niegan la posibilidad de discernimientos y reflexiones que llevan a la duda sobre las ‘verdades impuestas’ por las ‘ideologías de mercado’.

Si el consumidor se permite cuestionar sus hábitos con el fin de descubrir nuevas perspectivas y ajustar su enfoque -así sea un poco-, entonces la visión de una vida libre de violencia -tan grande como sea posible- puede parecer no tan utópica. Visitar nuevos lugares -por ejemplo un buen restaurante vegano-, escuchar otros puntos de vista, encontrando estética y sabor donde no se haya causado dolor a otros seres vivos, es un buen punto de partida. En Medellín, esta experiencia de ‘alimentación consciente, responsable y amorosa’ se puede vivir en los mejores restaurantes vegetarianos y veganos de la ciudad. ¡Conócelos aquí!.