Productos y hábitos saludables para fortalecer tu sistema inmunológico

Después de cuidar a los animales por medio de una dieta que no los incluya, ni que los afecte directamente, la segunda gran preocupación de los veganos es el cuidado de sus propios cuerpos. Tal vez influya en esto los permanentes comentarios de las personas omnívoras de alrededor, que constantemente están advirtiéndonos de las posibilidades de enfermarnos y de sufrir de miles de problemas, como la anemia, debido a la falta de proteínas animales. Por supuesto, uno de los primeros pasos que todo vegano debe tomar es informarse adecuadamente, así como revisar el estado de su organismo: qué necesita, qué le falta, a qué es alérgico. Esto, porque una dieta vegana puede ser un cambio muy brusco y significativo, y no todos los cuerpos responden igual a ella. Conocer los alimentos, los nutrientes que necesita tu cuerpo, así como los posibles problemas que podrías enfrentar en caso de una dieta pobre y desbalanceada, es una tarea importante (lee más aquí).

El segundo paso, además de saber cocinar (es muy difícil ser vegano sin hacerlo, como te habrás dado cuenta ya), es cuidar de tu sistema inmune y fortalecer tu cuerpo. Esto último, porque al ser vegano estás desintoxicando tu cuerpo y lo estás adaptando a un nuevo régimen, y esto puede traer desequilibrios. Así que veamos una serie de alimentos y hábitos saludables que te pueden ayudar a fortalecer tus defensas, para que te mantengas lejos de los hospitales y de las salas de urgencias.

Té de jengibre y limón

Hay varias razones por las cuales tomar esto todos los días al levantarse. Por un lado, todos debemos beber suficientes líquidos (ocho vasos de agua, mínimo, cada día). Esto ayuda a mantener en funcionamiento todas las funciones del cuerpo y el metabolismo activo. El agua tibia es particularmente estimulante, y el jugo de un limón con unas finas rodajas de jengibre recién cortadas pondrán al día tu sistema inmune (y no mencionemos el delicioso sabor de esta bebida, que podrías encontrar en cualquier restaurante vegano de Medellín). Además, la vitamina C de limón es un buen antioxidante que le ayuda a nuestro sistema inmunológico a enfrentarse con bacterias, hongos y virus. El jengibre también resiste a los microbios. Finalmente, el limón te puede ayudar a darle más alcalinidad a tu cuerpo, y esto es especialmente interesante cuando se trata de células cancerosas, que sólo sobreviven en ambientes ácidos.

Para que extraigas la mayor cantidad de sustancia, usa una olla grande y deja hervir. Puedes añadirle frutas picadas para darle variaciones al sabor. Tómalo caliente y en ayunas.

Dormir mejor

Este es uno de los principales problemas que desencadena otros en la vida moderna. Vivimos ocupados, no mantenemos ritmos regulares, tomamos café antes de ir a dormir… todo esto se ve reflejado en una mala higiene de sueño, y esto trae como consecuencia un sistema inmune debilitado, así como tendencias a la obesidad y a problemas cardíacos. Durante el día, el cerebro almacena toxinas que se eliminan durante el sueño, y, cuando no duermes lo suficiente, estas se acumulan y generan problemas irreversibles a largo plazo. Cada cuerpo es diferente, pero lo recomendable es dormir alrededor de ocho horas diarias. Existen muchas apps gratuitas que te ayudarán a calcular tu tiempo de sueño (a qué horas irte a la cama, o a qué horas despertar), y que te ayudarán a tener una mejor calidad de sueño.

Baja la temperatura: se duerme mejor en el frío. Bloquea la luz: la oscuridad siempre será mejor para descansar. Y, sobre todo, duerme de noche, no de día. Nuestros ritmos circadianos están genéticamente programados para esto.

Comer menos

Se ha descubierto que consumir menos calorías está directamente relacionado con una mejor salud. Esto no significa que te debas morir de hambre, y que, siendo diabético, te sometas a una tortura autodestructiva. Lo único que debes hacer es saber ayunar, o disminuir la ingesta de calorías a lo mínimo que necesitas para mantenerte bien (te asombraría saber cuán pocas necesitas en comparación con las que consumes a diario). Visita un nutricionista, revisa bien tu cuerpo y bájale a la comida: notarás cómo te enfermas menos.

Hacer ejercicio

No tienes que hacerlo todos los días, pero si haces algo de ejercicio por lo menos tres veces a la semana, no sólo te mantendrás con más energía y dormirás mejor, sino que digerirás mejor tus alimentos, comerás con más apetito, tu sangre circulará mejor, y tus defensas permanecerán en mejor estado para enfrentar las amenazas a las que estamos expuestos a diario. Camina, trota, haz flexiones, estira, haz yoga, artes marciales… Busca algo que te guste y haz de esto un ritual. Te sentirás mucho mejor, envejecerás más lento y extenderás tu tiempo de vida (con calidad, claro).

Exposición al frío

Aunque no lo creas, exponerte a bajas temperaturas permite que el sistema inmune se fortalezca de una manera impresionante. Un médico ruso llamado Sergei Bubnovskiy descubrió que sumergir los pies en agua helada durante un poco menos de medio minuto antes de dormir es un hábito que fortalece las defensas tanto como una buena alimentación, una rutina de ejercicios o una buena higiene de sueño. También existe un método para esto, conocido como Wim Hof, que usa la exposición al frío, la respiración y el ejercicio para lograr este efecto (ver más en este enlace).

Tartares veganos para deleitar a tus comensales

El tartar es una receta muy popular en algunos países de Europa, como Francia o Polonia, y no se sabe a ciencia cierta de dónde procede exactamente. Por el nombre, se sugiere que viene de los pueblos tártaros, una etnia túrquica y mongola que dominó por siglos las estepas de Asia Central, así como gran parte del territorio ruso. De hecho, la popular salsa tártara tiene como posible origen la gastronomía de este antiguo pueblo.

Sin embargo, el tartar como receta se ha desligado mucho de sus posibles orígenes centroasiáticos, y se ha occidentalizado de millones de maneras. En estricto sentido, el tartar es una manera de preparar la carne cruda (suele ser ternera, pescado o venado), y se suele consumir sobre una tostada, aunque puede ser una cama del plato. Ahora bien, las versiones veganas del tartar son muchas y resultan ser excelentes aperitivos para un menú completo, aunque también podrían estar presentes en el plato fuerte, tal y como lo puedes ver en los menús de muchos restaurantes veganos de Medellín. Veamos algunas recetas, fáciles, nutritivas y deliciosas, que puedes poner en práctica hoy mismo.

Tartar de verduras

Si te gusta el Ratatuille, te gustará este tartar. Es muy sencillo, y sólo lleva verduras, aunque en esta receta se le añadirán garbanzos para aportarle un poco más de proteínas al plato. Para este tartar, necesitar.as un zuquini, una berenjena, una papa capira, un pimentón maduro, media taza de garbanzos, un aguacate (ojalá Hass), salsa teriyaki, tomillo, sal y pimienta al gusto.

Bueno, la preparación es relativamente sencilla. Lo primero, desde la noche anterior, será dejar remojando los garbanzos. Recuerda que este producto es bastante duro y necesita mucho tiempo de cocción para ablandarse, así que, si lo dejas remojando varias horas, acortarás un poco el proceso. Al otro día, en una olla de presión, déjalos cocinando en agua con sal durante cuarenta minutos y revisa si están blanditos (pero está bien que tengan un poco de crocancia). Mientras se cocinan, ve haciendo otras cosas. Por ejemplo, Corta todos los demás productos en cubitos de igual tamaño (mucho más pequeños que un dado, esa es la idea. En una olla con agua y sal, pon a cocinar la papa. Luego, en una olla con aceite hirviendo ve añadiendo los ingredientes. Primero, los pimentones, luego, uno por uno, todos los demás, terminando con el zuquini y la berenjena. Sólo deja que se doren un poco, y luego, retíralos del aceite.

Cuando todos los ingredientes estén al dente, ponlos en un mismo recipiente y mézclalos bien. Añade la salsa teriyaki y el tomillo, así como la sal y la pimienta que quieras. Déjalos en el horno unos cinco minutos (precalienta el horno quince minutos antes, por lo menos), a ciento ochenta arriba y abajo. Saca todo y añade el aguacate. El emplatado es como más te guste: en moldes circulares, sobre una tostada, en un patacón… en una arepa. ¡Ponte creativo!

Tartar de tomates deshidratados

Los tomates deshidratados tienen un sabor único, y son bastante populares en la gastronomía italiana. Los puedes encontrar fácilmente en los mercados saludables de Medellín, pero también podrías deshidratarlos tú mismo, bien sea en el horno, al sol, o en un deshidratador solar como este. Para esta receta, necesitarás ciento cincuenta gramos de tomates secos, media libra de pimentón asado, cincuenta gramos de pepinillos agridulces, una cebolla morada de pequeño tamaño, una cucharadita de mostaza Dijon, pasta de ajonjolí, tres dientes de ajo, un chorrito de aceite de oliva, sal, pimienta y un chorrito de vinagre de frutas.

Bueno, si ya tienes los tomates deshidratados, ponlos en agua tibia durante dos minutos y sácalos (y no botes ese caldo). Lo siguiente será poner a asar los pimentones: hazlo directamente sobre el fuego de la estufa, hasta que se les queme toda la piel. Una vez hecho esto, ábrelos, retira la piel negra, retira las venas blancas y las semillas, y córtalos en cubitos, así como el resto de ingredientes: los tomates (ya hidratados), la cebolla, y los pepinillos.

Ahora, mete la pasta de ajonjolí al procesador de alimentos junto con los dientes de ajo, el aceite de oliva y el vinagre. Añade un poco del juego de los tomates, para que se procese mejor, y añade un poco de sal y pimienta. Cuando tengas una pasta homogénea, mezcla esto con todos los demás ingredientes (en cubitos) y sírve tu tartar como más te guste.

Una versión alternativa de este tartar es a la diavola, con un poco de picante y un chorrito de vino tinto. La mejor opción de picante, ya que este tartar debería tener un toque ahumado, es el chipotle: un ají deshidratado por medio de humo, muy común en la cocina mexicana y tex mex. En el mismo recipiente en donde hidrataste los tomates secos, hidrata el chipotle, y usa ese caldito para la pasta de ajonjolí (la cual puede tener un chorrito, y no te pases, de vino tinto).
Esta variación a la diavola puede ir muy bien como un montadito sobre una tajada de pan francés, pero también puede ir muy bien en un molde circular, a modo de entrada.

Comidas veganas “levantamuertos”, para después de una noche de fiesta

Los veganos también salen de parranda, muchos beben (a sabiendas de que el organismo de un vegano no la va muy bien con el exceso de alcohol), también sufren al día siguiente, y, como cualquier mortal, se prometen a sí mismos (en vano) no volver a beber. Para esos veganos, en especial, va dedicado este post. Aquí vamos a aprender a preparar algunas comidas “levantamuertos” que te pueden ayudar a soliviar los nefastos efectos del licor, porque, aunque no tomamos sancocho (tradicional, por lo menos), ni consomé de pollo, no nos quedamos con los brazos cruzados, sufriendo de mareos, sudores fríos y dolores de cabeza. Vamos a ver.

Sopa Minestrone con tallarines

Esta es una sopa clásica de la gastronomía italiana, y su nombre viene del idioma predecesor del italiano, el latín: minestrare, servir un plato). Es una sopa bastante versátil porque usa las verduras que estén en cosecha, y, de hecho, hay versiones de esta sopa por todo el mundo. Es muy fácil de hacer, y no necesita queso parmesano ni caldo animal en absoluto.

Para esta receta, necesitarás 2 zanahorias (alrededor de doscientos gramos), cuatro tallos de apio, una cebolla de puerro, un calabacín pequeño, una cebolla (blanca o morada), un diente de ajo, cuatrocientos gramos de blanquillos, caldo de verduras, cuatrocientos gramos de pasta de tomate, ciento veinticinco gramos de tallarines, sal, pimienta negra y orégano fresco.

Prepara la pasta de acuerdo con las instrucciones del paquete y déjalas a un lado, mientras está lista la sopa. Corta la zanahoria en dados, corta el apio y el puerro en aros y corta el calabacín en cascos no muy gruesos. Corta la cebolla en dados y pica finamente el ajo. Luego calienta un poco de aceite en una cacerola grande y saltea la cebolla durante dos minutos hasta que estén dorados, y luego agrega el ajo. Después, agrega el puerro y luego la zanahoria, el apio y el calabacín. Sofríe todo durante unos tres minutos en fuego medio. Luego sazona con la sal y la pimienta, y desmenuza el caldo de verduras. Corta los tomates en pequeños trozos y ponlos en la sartén hasta que suelten el jugo.

Pasa todo a una olla, añade agua y espera a que haga ebullición. Agrega más sal y pimienta. Luego, el orégano. Cocina a fuego lento durante diez minutos. Agrega los blanquillos (pueden estar remojados desde el día anterior, y ya) y la pasta cocida poco antes del final del tiempo de cocción. Si lo deseas, sirve con un poco de perejil picado con cilantro.

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Molde de papas fritas con verduras

Las papas parecen ser el producto más sencillo del mundo, sin embargo, hay algunas cosas a considerar. Cuando se cortan en rodajas, quedan mejor en una sartén. Para el horno, es preferible cortarlas en cuartos, o, simplemente, en puré. Cuando hablamos de papas asadas, muy rústicas, lo mejor es dejarles siempre la cáscara. La sartén es realmente la forma más conveniente de freír las papas en ambos lados hasta que estén crujientes y doradas. Otra cosa: las papas necesitan una cosa en especial, espacio. Puede valer la pena trabajar en dos sartenes en paralelo si tu sartén es demasiado pequeña. En esta receta, puedes usar papas capiras, nevadas (que se hacen más rápido), criollas, camotes, o el tubérculo de tu predilección. Lo mejor es tener mínimo dos clases.

Para esta receta, necesitarás doscientos gramos de papas capiras, ciento cincuenta gramos de papas nevadas (o criollas), una cebolla blanca, un diente de ajo, diez cabezas de coles de Bruselas, diez tomates cherry, un pimentón verde, doscientos gramos de tofu, un puñado de espinacas frescas (también funciona con acelgas, o las dos, qué más da), aceite, sal, pimienta y comino en polvo.

Bueno, lo primero es precocer las papas. Agrega sal al agua y recuerda que las papas absorben mucha, mucha sal. Para esto, pon las papas hervidas en una sartén (sin pelar), y cocina durante unos veinte minutos hasta que se caigan de un tenedor cuando las atravieses. Luego, con mucho cuidado, cuela el agua. Si quieres quitarle la cáscara, hazlo. Córtalas en cubitos.

Mientras tanto, corta la papa capira en rodajas finas, pela la cebolla y el diente de ajo, y pica finamente. Corta las coles de Bruselas, corta a la mitad los tomates cherry, corta el pimientón en julianas y el tofu en trozos pequeños. Pon el aceite vegetal en una sartén grande en fuego alto y espera a que esté hirviendo. Cuando lo esté, dora el tofu durante unos cuatro minutos. Luego agrega el pimentón y las coles de Bruselas, saltéalos juntos durante unos cinco minutos a fuego medio y sazona con sal y pimienta.

Saca las verduras fritas de la sartén y déjalas a un lado. Luego vuelve a calentar un poco de aceite vegetal y pon las rodajas de papa precocidas y las rodajas de papa nevada en la sartén. Sofríelas por ambos lados, y, recuerda: dales espacio. Si quieres, usa dos sartenes. Sazona con sal, pimienta y comino.

Cuando las rodajas de papa estén fritas por ambos lados, agrega la cebolla y el ajo, y saltea durante unos dos minutos hasta que las cebollas estén transparentes. Luego agrega los ingredientes fritos, los tomates y las espinacas. Mezcla todo, sazona con sal y pimienta, mete todo a un molde, y hornea por unos diez minutos a ciento cincuenta grados, arriba y abajo. Y listo.
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Cocina responsable: un must del veganismo

Tal vez uno de los aspectos más interesantes del veganismo es la manera en que se hace del comer, una de las actividades más básicas de nuestra vida, una forma de activismo por los animales y el planeta. Todos sabemos que la industria alimenticia está fuertemente ligada a problemas medioambientales, y que sólo por medio de cambiar nuestros hábitos nutricionales, podemos ayudar mucho a alivianarlos. Ser vegano es un primer paso, y, tal vez, el paso fundamental, pero se puede hacer mucho más: puedes cocinar de forma responsable, y esto abarca una serie de acciones muy positivas, que también pueden ser de mucho provecho para ti. Vamos a ver.

Cocinar sin desperdicios

Te asombrarías de saber cuánto de lo que tiras a la bolsa de basura orgánica podría tener un uso más. Las cáscaras, las semillas, los limones exprimidos, los tallos y raíces del cilantro… Es tremendo. Hoy en día existe una tendencia de rápido crecimiento en el mundo culinario llamada trash cooking, la cual consiste en aprovechar lo que, normalmente, se tira a la basura. Un restaurante tira toneladas de basura orgánica al año (incluso los restaurantes veganos de Medellín, no creas), y este problema se puede minimizar con una dosis de creatividad. Puedes hacer algo tan simple como licuar las frutas viejas para hacer pulpas de jugo (de lulo, de tomate de árbol, de banano, etc.) o para hacer helados. Puedes licuar la cáscara del banano y de los plátanos para hacer batidos muy nutritivos, o para fertilizar las plantas de tu huerta o jardín, y, así, aprovechar todo ese potasio. Puedes usar los residuos del café para exfoliarte la piel, o para compostarlo y aportarle nitrógeno a tus plantas. Puedes usar las cáscaras de varias verduras (pepino, zanahoria, tomate, remolacha, zucchini, etc.) para preparar un fondo con el que podrás cocinar después. Puedes usar la cáscara de una mandarina para cocinar cualquier cosa a las brasas (y te quedará absolutamente espectacular). Puedes hacer un pesto de cilantro o de perejil, aprovechando incluso los tallos y las raíces (que son comestibles), y no te arrepentirás. Es cuestión de buscar en internet para encontrar miles de resultados, como este

Cero plástico

Haz un ejercicio. Consigue una botella plástica, ojalá una de gran tamaño. Y, en la medida en que vayas cocinando y comiendo por ahí, lleva todo el plástico, así como todas las envolturas no reciclables y notarás la cantidad de basura que acumulas. Sí, incluso siendo vegano. Por esta razón, algo que puedes empezar a hacer es dejar de llevar alimentos y otros productos empacados en envolturas innecesarias (la caja de cartón de la crema de dientes, por ejemplo…), y evitar algunos con radicalidad, como el poliestireno expandido. Lleva tu propio pocillo de café a tu oficina (sólo imagina cuánto plástico ahorrarías al año). Usa cubiertos de bambú al salir a comer, pitillos metálicos lavables, bolsas ecológicas para ir a mercar. Esa sumatoria de detalles hará una diferencia significativa.

Verduras y frutas deformes

Es triste, pero muchas personas dejan de llevarse algunas frutas y verduras por deformidades. Porque no se acercan a la idea que tienen de una zanahoria perfecta, de un pimentón de revista, de un calabacín listo para preparar. Si la fruta o la verdura está deforme, esto no significa que no es apta para el consumo humano. La naturaleza es así, y no tiene nada de malo. Muchas frutas y verduras se echan a perder en los supermercados sólo por esta razón, y es comida que se deja de comer, esfuerzo humano desperdiciado, combustible quemado para nada. La gente desconoce todo el trabajo que hay detrás de los vegetales exhibidos en las estanterías: elegir los que pocos se llevan es una forma de recompensar todo eso. Así que hazlo.

Conservación de los alimentos

Saber conservar tus alimentos es la manera más básica de no volverlos a comprar. En serio: muchos alimentos se pierden por permanecer en malas condiciones de conservación. ¿Cuántas veces has tenido que tirar a la basura unos limones, unos tomates o unas raíces de alfalfa porque les ha crecido una capa de moho encima? Es cuestión de practicidad y eficiencia. Cuando llegues de hacer las compras, lava bien las frutas y las verduras, guárdalas en los lugares adecuados de tu nevera o alacena y aprovecha estos tips. De esta manera, desperdiciarás menos alimentos.

Huerta urbana
Cosechar tus propios alimentos, o, por lo menos, unos cuantos de ellos, es una manera de contribuir con la disminución de emisiones de CO2, y por una sencilla razón: nadie tiene que transportarlos hasta tu casa, hasta el supermercado, hasta la tienda, nada. Están cerca de ti. Tú puedes controlar la forma en que los fertilizas, en que los proteges de plagas, hongos y demás amenazas, y puedes aprovechar el compost. En realidad, no necesitas mucho espacio para cultivar una cantidad asombrosa de frutas, germinados y verduras. Puedes construir huertas verticales, para ahorrar espacio, de modo que aproveches todo el que tengas en tu balcón, terraza o jardín (o el de tu lugar de trabajo, ¿por qué no?).

Comida vegana de fin de año, para que disfrutes en familia

Llega el fin de año, y eso significa reuniones familiares, de compañeros de trabajo y de amigos… y bueno, mucha comida. Para los veganos, la comida de fin de año no suele ser la más inclusiva, pero, como en casi cualquier receta y ocasión, los veganos también se pueden salir con la suya. En este post, aprenderás a preparar algunas delicias tradicionales como ensalada de papa, buñuelos, empanadas y natilla, todos veganos, todos deliciosos. Los disfrutarás, y, de paso, les darás una muestra de la recursividad vegana que te caracteriza.

Buñuelos

Por supuesto, tienen un sabor diferente a los originales, pero se acercan mucho. Necesitarás ⅓ de taza de mezcla de harina para buñuelos (algunas son perfectamente veganas), otro de queso de almendras (o de soya, si lo prefieres), otro de tofu, una cucharada de azúcar, otra de linaza en polvo, y, si hace falta, un poco de sal. Y agua, si no logras conseguir que la masa alcance la textura ideal.

Ahora, lo que sigue es mezclar todo en un gran recipiente, y amasarlo todo hasta conseguir una mezcla homogénea. Cuando la tengas, precalienta el aceite hasta que esté hirviendo, haz bolitas con tus manos (como si fuera plastilina) y ponlas en el aceite. Los buñuelos veganos, al igual que sus semejantes originales, se voltean solos. Así que sólo no los dejes quemar y sácalos cuando estén dorados.

Empanadas

Aquí puedes ser bastante creativo. Las puedes hacer de papa (o “de iglesia”, como las llaman), o de hongos, de carve, de verduras, de fríjol… tú verás. Lo único que necesitas es hacer la masa por un lado y el relleno por otro. Para la masa, necesitarás harina de maíz, sal y comino. Para el relleno, para cualquier relleno, haz un guiso (un hogao, puede ser), y luego sofríe lo que vayas a usar. Haz una bola de masa, aplánala con un rodillo, córtala con la boca de un pocillo, y, en una mitad, pon una cucharada de relleno. Dobla la masa, empátala bien con los dedos, pon el aceite a hervir y, cuando esté muy caliente, pon las empanadas hasta que se doren. Tal vez te interese este artículo.

(¡Y no olvides el ají!)

Natilla

Esta también es muy sencilla. Sólo tendrás que reemplazar la leche de vaca por leche vegetal (de coco, de almendras, de soya, de arroz, la que quieras…), y, de resto, seguir los pasos de siempre. Incluso, puedes comprar una mezcla ya hecha, revisar que no haya productos animales en los ingredientes y listo. Pero si la quieres hacer desde cero, necesitarás: dos tazas de leche vegetal, media taza de maicena, ochenta gramos de panela en polvo, dos cucharadas de ralladura de coco (si te gusta), dos cucharadas de uvas pasas (de nuevo, si te gustan), dos ramas de canela y una pizca de sal (para equilibrar). Ahora, Pon a hervir la leche vegetal, cuando esté en ebullición añade la canela y apaga para que repose. Añade la maicena, retira la canela y añade el resto de ingredientes, y en fuego bajo, revuelve, revuelve y revuelve hasta que se reduzca un poco y quede pastoso. Cuando tengas esta textura, aplana la superficie con una paleta de repostería y métela a la nevera durante una noche, cubierta con un poco de celofán. Y listo.

Ensalada de papa

Esta tradicional receta alemana (Kartoffelsalat) llegó a nuestro territorio y se convirtió en un plato típico navideño. No hay una receta única (de hecho, en Alemania y en Europa del Este tiene tantas variaciones como nombres), pero los fundamentos básicos son la papa (obvio), la cebolla y el cilantro. Es común verla con huevo revuelto y con mayonesa. En esta ocasión, aprenderás a preparar una Kartoffelsalat muy alemana, y muy vegana.

Necesitarás media libra de papas peladas y cortadas en cubos, media taza de vinagre blanco, cincuenta gramos de pepinillos en vinagre con una cucharada de eneldo, un apio picado en finos trozos, media taza de mayonesa vegana (que podrás encontrar en los mercados saludables de Medellín), dos cucharadas de mostaza Dijon, una cucharada de perejil (que no sea crespo), una cucharada de cilantro, una cebolla roja, dos dientes de ajo, sal y pimienta al gusto.

Lo primero será pelar y cortar las papas, y hervirlas en agua con sal hasta que estén listas (recuerda: atraviésalas con un tenedor, y si caen por su propio peso, están en su punto). Baja la temperatura a fuego bajo y añade un poco de sal (recuerda que las papas absorben mucha sal). Añade el vinagre y déjalo reducir durante unos veinte minutos.

Lo segundo será cortar la cebolla, el apio, los pepinillos, el cilantro y el perejil. Exprime los dientes de ajo. Mezcla todo eso con las papas y luego añade la mayonesa vegana y la mostaza Dijon. Añade pimienta al gusto (este sabor acompaña muy bien al de las papas) y pon todo en un recipiente para llevarlo a la nevera durante unas dos horas. Recuerda que la ensalada de papa se sirve fría.

¡Feliz año nuevo!

Zuquini y café para preparar dos postres de ensueño

La repostería en sí misma ya es una rama de la gastronomía que implica una serie de dificultades. Es precisa, tanto en tiempos de cocción o refrigeración, como en cantidades de endulzantes, emulsificantes, aglutinantes, sabores ácidos, salados, etc. Pero, a pesar de sus grados de dificultad, pues no es un trabajo imposible, y, cuando se logra ejecutar de forma adecuada una receta de repostería, el resultado es muy gratificante.

La repostería vegana tiene dos elementos adicionales, que, a juicio de muchos, podrían hacerla un poco más difícil. El primero es que no se usan los ingredientes de la repostería tradicional (como huevos, leche, cremas, yogures, etc.), y esto implica tomar una serie de atajos gastronómicos, con lo que ofrece el mundo vegetal, y, de esta manera lograr replicar las recetas tradicionales, acercándose todo lo posible a ellas. El otro punto es que la gastronomía vegana exige una alta dosis de creatividad, y esto es en sí mismo un obstáculo para las personas que afirman no tenerla en absoluto, así como una oportunidad para quienes dicen tenerla y poner en práctica sus habilidades para crear platos novedosos.

En esta ocasión, hablaremos de dos postres veganos. Uno tradicional y uno bastante atípico, basados en dos ingredientes que podrían despistar a muchas personas. Por un lado, el café, y, por otro, el zuquini. Vamos a ver cómo se prepara un tiramisú vegano y una torta de zuquini con chocolate.

Tiramisú

Este postre, uno de los más famosos de Italia, tiene una extraña historia. Se dice que fue creado en los años sesenta en el norte del país (Veneto), y que se popularizó su consumo en los burdeles de la región. Tiramisú puede significar “levántame el ánimo” o “tira de mí”. Esta versión vegana es absolutamente fenomenal, y nadie notará que no tiene ingredientes de origen animal.

Para este postre necesitarás una lata de leche de coco, ciento cincuenta gramos de nueces (ojalá marañones), una cucharadita de vainilla en polvo, cincuenta mililitros de café (por lo que más quieras, que no sea instantáneo, y, en lo posible, de buena calidad), una copita de miel de agave (o de caña), cien gramos de granola, una cucharada de polvo de cacao y una pizca de sal.

Ahora, lo que debes hacer es enfriar la leche de coco durante toda la noche. Abre la lata y retira con cuidado la capa nata que se ha asentado en la parte superior con una cuchara y ponla en la licuadora. Esta nata será bien importante luego. Agrega las nueces y la vainilla a la mezcla. Licua despacio hasta que logres tener una mezcla cremosa, y añade chorritos de agua de coco para darle un poquito más de textura cremosa (porque no debería ser pastosa).

Luego, divide la masa en dos platos hondos. Uno de ellos debería ir a la nevera para que se solidifique un poco. Agrega el café molido, el cacao en polvo y un chorrito de miel de agave en el segundo plato. Revuelve bien y espera. Lo que sigue es dividir la granola en pequeños recipientes y entonces, en un molde hondo, hacer capas de cremas y granola (una y una). Y, por encima, espolvorea un poco más de cacao en polvo y un poquito (en serio, poquito) de café. Y listo. Disfruta.

Torta de chocolate con zuquini

Esto puede sonar muy extraño, debido a que el zuquini (o calabacín) suele estar presente en la comida de sal, sobre todo, en las ensaladas. No obstante, el zuquini, al igual que la calabaza, tiene un sabor neutro, Esta receta tiene dos partes: el bizcocho y el glaseado. La clave para que el bizcocho quede bien es usar un cacao bien amargo, que, al hornearse, le dará un color oscuro muy estético. En cuanto al glaseado, la clave está en conseguir un buen chocolate vegano para repostería y derretirlo con precaución para no quemarlo (usa un termómetro, y no dejes que la temperatura ascienda más de cincuenta grados).

Necesitarás ciento veinte gramos de chocolate negro vegano, ciento veinticinco de calabacín, media libra de harina de repostería, ciento veinticinco gramos de azúcar morena, una cucharadita de canela, tres de levadura en polvo, una de soda sin sabor, cuatro cucharadas de cacao en polvo, doscientos gramos de puré de manzana, una cucharadita de vinagre de frutas y cien mililitros de mantequilla de canola

La que debes hacer es precalentar el horno a ciento ochenta, arriba y abajo. Pica el chocolate para el pastel, y ralla el calabacín muy fino. Mezcla todo esto con los ingredientes secos restantes en un recipiente. Luego, agrega el puré de manzana, el vinagre y la mantequilla de canola con mucho cuidado (pero rápido) hasta que consigas una masa homogénea. Pon esa masa de torta en un molde para hornear, cubierta con papel aluminio y déjala en el horno durante una hora (revisa de vez en cuando). Después, déjala enfriar.

Para el glaseado, derrite el chocolate despacio en un baño de agua, y luego haz una capa de este sobre la torta. Déjalo solidificarse y sirve.

Reto vegano: 12 superalimentos que deberías consumir el próximo año

Ser vegano puede ser mucho más que dejar de comer carne. Dejar de comer alimentos derivados de los animales. Fijarse en la letra pequeña de la lista de ingredientes de cada producto que deseas meter al carrito de supermercado. Informarte más sobre las consecuencias nefastas de la agricultura extensiva, de los transgénicos y de la muerte de las abejas. Todo eso hace parte de la vida vegana, claro, pero el asunto no se queda ahí. Ser vegano es una oportunidad de alimentarte mejor, de respetar tu cuerpo, de conocerlo, de conocer los alimentos y aprender a prepararlos. Ser vegano puede ser un cambio de vida muy positivo, que te puede extender la vida y darle calidad a los días que te queden en el mundo.

Por ello, en este post navideño, queremos proponerte un reto vegano que te puede interesar: una lista de doce superalimentos que podrías empezar a incluir en tus platos, uno para cada mes, en casa o en los restaurantes veganos de Medellín. No son los únicos, ni los más raros (puede que ya conozcas mucho de ellos), pero pueden ser muy beneficiosos para tu salud.

Moringa

Las hojas de esta planta (y sus frutos, flores y raíces) se conocen por sus propiedades antioxidantes y sus nutrientes, lo cual constituye un buen complemento para tu alimentación. La moringa te da hierro, calcio, magnesio y otros minerales, así como vitamina E, A, B1 y otras. Lee un poco más en este enlace.

Coca

A pesar de su mala fama (debido a nuestra historia con el narcotráfico), la hoja de coca te ofrece mucho calcio, potasio, fósforo y otros, así como una amplia gama de vitaminas (A, C, E, B1, B2, B3…) y es un energizante natural. Si no te gusta consumir bebidas energizantes para mantenerte productivo, un puñado de hojas de coca entre los dientes y las paredes interiores de las mejillas (en un solo lado es suficiente) pueden ser lo mejor que puedas encontrar.

Quinoa

Ya hemos hablado de este cereal en otra oportunidad. La quinoa es un carbohidrato que no contiene gluten, contiene todo el espectro de aminoácidos esenciales, es una buena fuente de calcio y de hierro, ácido fólico y vitaminas. Todo ese contenido nutricional es bastante raro en un cereal, y esto lo hace muy interesante.

Linaza

Esta es la semilla de la planta de lino (el que se usa para fabricar tejidos, sí). Se sabe que esta planta ayuda a bajar de peso, le ayuda a los diabéticos a regular sus niveles de glucosa, es anticancerígena y laxante (por esto último, debes consumirla en bajas cantidades todos los días). Además de que le aporta sabores muy agradables a los panes y a las ensaladas, es altamente nutritiva. La puedes moler, mezclar con agua y bebértela todas las mañanas. En un mes notarás los cambios en tu cuerpo.

Chía

El mucílago de esta semilla (la baba que se desprende al entrar en contacto con el agua) es rico en aceites omega 3 y 6, pero también tiene mucha fibra, vitaminas, antioxidantes y minerales. La puedes mezclar en tus ensaladas, en la masa del pan, o la puedes poner a remojar en agua y hacer ricos smoothies, aprovechando la textura gelatinosa del mucílago.

Cúrcuma

La cúrcuma es una raíz de color anaranjado, usada, sobre todo, en el subcontinente indio, para teñir objetos y para cocinar. Su sabor es delicioso, y es uno de los ingredientes fundamentales del curry, pero sus propiedades medicinales son tremendas. Es antiinflamatoria, anticancerígena y ayuda a controlar los niveles de colesterol. Sus efectos se potencian cuando se combina con la pimienta negra.

Guineo

La sopa de guineo es uno de los platos más típicos de nuestra gastronomía, y, en realidad, ha pasado por debajo del radar de muchos influencers que recomiendan comida saludable. El guineo aporta mucha energía (lo puedes consumir antes de ejercitarte), y es rico en minerales (es una tremenda fuente de hierro, por ejemplo) y vitaminas. Es una buena fuente de yodo, así que si tienes problemas de tiroides, deberías empezar a preparar sopita.

Espirulina

Esta alga es una buena fuente de proteínas, minerales (entre ellos, el selenio) y de vitaminas (lee un poco más sobre ella aquí). La puedes consumir en tabletas o en polvo. Se puede preparar una bebida con esto, o añadirla a tus alimentos (al arroz, por ejemplo).

Panela

A diferencia de los anteriores, la panela es un producto, es el resultado de un proceso. Es una miel solidificada, hecha a partir del zumo de caña de azúcar. En nuestro país es bastante conocida, y hay muchas campañas que invitan a consumirla en bebida; no sólo para apoyar a un gremio importante de nuestra economía, sino porque este producto es rico en vitaminas, minerales y te da mucha energía (tantos ciclistas boyacenses no pueden estar equivocados).

Mortiño

El mortiño o agraz es una baya originaria de los bosques tropicales húmedos de altura (en tierra fría). Se encuentra en bosques, pero también es cultivada debido a que su sabor es muy apetecido en la producción de postres, mermeladas y licores. Es una fuente maravillosa de antioxidantes (tiene más que el arándano), vitamina C y fibra. 

Brócoli

Claro que lo conoces, pero a que no te imaginas la cantidad de beneficios que te ofrece esta planta. Vitaminas, las que quieras (incluyendo la K); minerales, una lista larga (como el cromo). Proteínas. Fibra. Sólo la tienes que pasar por agua hirviendo y añadirle un poco de sal, y será perfecta para tus ensaladas.

Limón

Además de la vitamina C, los antioxidantes y los minerales, el limón tiene muchas propiedades medicinales. Retarda el envejecimiento, alcaliniza el cuerpo, combate el cáncer, ayuda a bajar de peso… y no hablemos de su versatilidad gastronómica. Échale un vistazo a esto.

Producir menos basura: un buen propósito de año nuevo

Cada año lo hacemos. Casi todo el mundo (por lo menos, los más optimistas), hacen una lista de propósitos de año nuevo como una manera de mejorarse a sí mismos. El año nuevo siempre se abre como una nueva oportunidad de renovación, de dejar los malos hábitos atrás, pero, para muchos es un gran “el lunes empiezo” que por lo general termina en nada. Dicen que el 92% de las personas que se proponen nuevas metas en año nuevo no las cumplen, y dicen que el éxito para conseguirlas es, en principio, plantearse metas más fáciles de conseguir, que no exijan mucho todos los días. Una de ellas puede ser producir menos basura, y tomártelo en serio. No es tan difícil como parece, sólo es cuestión de hacer un poquito todos los días.

Menos basura orgánica

El compostaje es la mejor manera de dejar de arrojar basuras orgánicas a la caneca. En muchos países, separar basuras es una tarea importante debido a que todo se aprovecha. En lugares como Suecia o Suiza, toda la basura tiene un propósito y es vital que los ciudadanos aprendan a separarlas (si no lo hacen, pueden incurrir en multas, de hecho). Pero en nuestro país eso todavía no es una realidad. Aunque muchas personas separan las basuras, el camión lo comprime todo y lo lleva al vertedero. Por esta razón, es mejor si sabes darle un buen destino a lo que consumes diariamente.

Empieza por destinar una bolsa (ojalá, reutilizable) para recoger todos los residuos orgánicos: cáscaras de frutas y verduras, hojas, semillas, podas de jardín, ceniza de leña, etc. Todo lo que se pueda descomponer (el cartón también sirve, por cierto). Consigue un recipiente en donde puedas preparar el compost. En algunos almacenes venden composteras muy buenas, pero, si no puedes conseguir una, puedes fabricarla tú mismo. Consigue un poco de tierra abonada, que te servirá como base (para que no empieces de cero), y, en ese recipiente, revuélvela con toda la basura orgánica. Si encuentras lombrices de tierra, mételas ahí. Ellas ayudarán a descomponer esa materia orgánica y la volverán altamente nutritiva para las plantas.

Recuerda revolver constantemente. Cuando tu compost se vea como una tierra negra, y no tenga olor a descomposición, úsalo para fertilizar las plantas de tu huerto o jardín (o los árboles cercanos a tu casa). Así evitarás arrojar un montón de basura que se podría aprovechar de otra manera.

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Menos residuos ordinarios

Muchos materiales no se pueden reciclar (las envolturas de algunos alimentos, una tremenda cantidad de polímeros, por no decir todos…, madera aglomerada, etc.). ¿Qué hacer con ellos? Una de las mejores soluciones es fabricar ladrillos con botellas. Aunque no se usen, son un mal menor en comparación a llenar bolsas y bolsas de basura cada semana. Lo que se puede hacer es conseguir una gran botella plástica (un botellón de agua, por ejemplo), e introducir en ella todo lo que no se puede reciclar. Es importante que todo quede bien lavado y seco antes de ir a la botella, para que no se produzcan hongos ni fermentaciones que traigan mal olor. Una vez llena la botella, se puede usar como un ladrillo para construir pequeñas estructuras. Pero si la botas a la basura, por lo menos la gran cantidad de material no reciclable contenido en ella no se regará por ahí, ni terminará en el fondo del mar.

Y bueno, también puedes pedir que no te envuelvan las cosas en plástico, como suele suceder en los mercados saludables de Medellín.

Materiales reciclables

Es muy importante que sepas qué se puede reciclar y qué no. Hay plásticos que se pueden reciclar, papeles, latas, cartones… y muchos de ellos, no. Conócelos, y guárdalos en bolsas marcadas. Si conoces personas que trabajan con el reciclaje, les puedes entregar la bolsa: ellos sabrán cómo vender el contenido. Así, también le echarás una mano a alguien ahorrándole un poco de tiempo y trabajo (que no te cuestan mucho).

Upcycling

Upcycling es alargar la vida útil de las cosas. Puede ser algo tan sencillo como usar una olla inservible o una llanta vieja como maceta para el jardín, o fabricar lámparas de aceite con el aceite usado que usas para las frituras (entre miles de otras posibilidades). Puedes usar latas, repuestos viejos, maderas, plásticos, etc., y, con eso, construir nuevos objetos, como muebles, adornos o instrumentos útiles. Por ejemplo, con el plástico se puede hacer un cuchillo de cocina. Con una lata de aluminio puedes hacer un mechero. Con la ropa vieja puedes hacer tiras y rellenar cojines. Con las teclas de un teclado obsoleto puedes hacer adornos, puedes hacer un interesante reloj de pared. Con cables dañados (si ya es imposible repararlos) puedes amarrar muchas cosas: son cuerdas muy finas.

Es cuestión de ser creativo y de buscar en internet qué hacer con todo lo que sobra. Y bueno, si construyes algo que no necesitas (por ejemplo, una mesa con estivas de madera), se la puedes regalar a alguien, o la puedes vender. Las posibilidades son incontables.

Menú vegano: chili -sin- carne y Lady Sour

No es muy claro el origen de este plato. Algunas personas adjudican la idea del chile con carne a los españoles que se asentaron en el suroeste de los Estados Unidos, otros consideran que nació en las comunidades mexicanas de finales del siglo XIX, quienes buscaban sacarle provecho a la escasa cantidad de carne que tenían disponible. Otros piensan que se originó en California y se extendió hasta Texas gracias a los trabajadores de las vías ferroviarias que conectan ahora todo el sur de Estados Unidos. En cualquier caso, lo que sí se sabe es que nació como muchos otros platos tradicionales: mezclando sobras de otras comidas en una misma olla. En sus inicios, se consumía con tortillas de maíz horneadas, y ahora se suele consumir en platos hondos, con cuchara, como cualquier sopa espesa.

Del Chile con carne nace su versión vegana (sin carne), en concreto, en la década de los sesenta (gracias al surgimiento del movimiento Hippie), y se volvió bastante popular en la década siguiente.

Este último, por supuesto, es el que nos interesa aquí. El Chile sin carne es una excelente manera de aportarle proteínas y fibra al cuerpo, y, combinado de forma balanceada con otros alimentos, puede constituir un excelente almuerzo, delicioso y nutritivo. En este post, aprenderás a preparar un Chili sin carne (una de tantas recetas), acompañada de un buen coctel de frutas sin alcohol. Los ingredientes se pueden conseguir con facilidad en los mercados saludables de Medellín. 

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Para esta receta, necesitarás quince gramos de champiñones, o cualquier otro hongo comestible de tu predilección (si los puedes conseguir deshidratados, mejor), cien gramos de proteína de soya, cuatrocientos gramos de papa, dos cebollas (las que más te gusten), cincuenta gramos de apio, dos zanahorias, un ají (puede ser un jalapeño), dos dientes de ajo, cuatrocientos gramos de fríjoles caraotas, cincuenta gramos de nueces, dos cucharadas de salsa de soya, dos cucharadas de orégano, una cucharada de albahaca, una cucharada de comino en polvo, cincuenta mililitros de pasta de tomate, cien mililitros de vino tinto, aceite, caldo de verduras, sal y pimienta al gusto.

Pon los champiñones secos en un plato hondo, vierte 500 ml de agua tibia sobre ellos y déjalos reposar durante media hora. Pon la proteína de soya en una sartén, y déjala reposar durante un cuarto de hora, bañada en un caldo de verduras bien caliente. Mientras tanto, pela las papas, las cebollas y el apio, y córtalos en cubos pequeños junto con las zanahorias. Abre el ají y quítale las semillas (si no lo quieres muy picante) y pícalo en julianas muy delgadas. Pela y pica los dientes de ajo (o, si tienes un exprimidor, haz una pasta). Escurre los fríjoles (es tu decisión si los preparas desde cero, o los compras enlatados), enjuaga y déjalos reposar. Tritura las nueces en un procesador. Tan pronto como los hongos secos estén suficientemente hidratados, retíralos, guarda el caldo y córtalos en trozos pequeños. Entonces, vierte la proteína de soja bien hidratada en el caldo, y exprime este último. Usa sal y pimienta al gusto. La idea es que sea una sopa grumosa, pero no muy líquida, de modo que puedas usar tortillas, por ejemplo, para que así tengas un carbohidrato disponible.

Calienta el aceite vegetal en una sartén grande a fuego medio y primero hierve la proteína de soya ya remojada durante aproximadamente cuatro minutos. Agrega la salsa de soya y sofríe por otros dos minutos. Ahora agrega las cebollas picadas, el ajo, el ají y las especias secas (orégano, albahaca, comino y pimentón) y saltea todo junto durante unos tres minutos hasta que las cebollas estén doradas. Agrega la pasta de tomate y mezcla bien. Sofríe durante otros tres minutos para que la pasta de tomate se vuelva un poco más oscura.

Agrega las papas, el apio y las zanahorias, y cocina a fuego lento durante unos cinco minutos. Luego, añade el vino tinto, y, después, los frijoles escurridos y el caldo de los champiñones remojados a la olla. Lleva la mezcla a ebullición una vez y luego cocina a fuego medio durante una media hora. Agrega las nueces trituradas. Si la preparación se vuelve demasiado espesa para tu gusto, agrega más agua o caldo de verduras.

Y entonces, emplata.

Ahora, la bebida. La idea es usar un coctel de frutas que le aporte acidez a la comida, y que al mismo tiempo te ayude a absorber adecuadamente el hierro de los fríjoles. En la licuadora, vierte cincuenta mililitros de zumo de piña, veinticinco de limón, una hoja de hierbabuena, un trocito de jengibre pelado y una cereza. Añade un puñado de hielo y licua hasta tener una mezcla homogénea. Si necesitas más líquido, añade un poco de agua. Para endulzar, usa un poco de panela en polvo y listo.

Un par de recetas de risotto vegano que podrás incluir en tu menú

El risotto es uno de los platos insignia de la gastronomía italiana. Se sabe que esta receta es originaria del norte del país, concretamente, de la región de Lombardía, en donde tradicionalmente ha habido abundantes cultivos de arroz. Est cereal llegó del lejano Oriente, así como los fideos desde la Edad Media (gracias a la Ruta de la seda, más que nada), y los italianos los han preparado a su manera desde entonces. El risotto (una manera de decir arroz, en realidad) tiene tantas variantes como posibilidades creativas, y, de hecho, en Italia se prepara de una forma distinta en cada una de sus regiones. Ni hablar del resto del mundo. No es casualidad que lo encuentres en los buenos restaurantes veganos de Medellín.

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Sólo hay que tener en cuenta algunas convenciones necesarias para que el plato sea un risotto y no un arroz cremoso. En primer lugar, la textura del arroz. El arroz debe estar al dente, es decir, que ofrezca cierta resistencia al ser mordido. Y ojo: es muy fácil pasarse del punto de cocción. Lo segundo es que el almidón del arroz debe estar ahí. El arroz no se debe lavar, y, de esta manera, el risotto tendrá más cremosidad. Lo tercero es que, a un lado, siempre deberías preparar un guiso que después añadirás al arroz. Este guiso, sofrito siempre, envolverá los granos y les dará un toque imposible de replicar de otra manera. Lo otro es el caldo: todos los risottos lo tienen, y este se suele agregar cuando el arroz ya está listo. Se añade poco a poco, y se revuelve de manera constante. El caldo no debe ser muy abundante (un risotto no es una sopa de arroz).

Mucha gente le tiene pavor a esta receta, pero en realidad es cuestión de cuidado y de repeticiones. Ya verás que una vez te apropies de los rudimentos básicos del risotto, desplegar tu creatividad con ideas cada vez más locas será una maravillosa posibilidad. Veamos un par de recetas para no le tengas miedo y te aventures a cocinar como nunca lo has hecho.

Risotto fungi

Esto es, básicamente, un risotto de hongos. Puedes hacerlo con lo que tengas a la mano: champiñones, orellanas, portobello, shiitakes… Sé creativo, pero, más que nada, recursivo. Puedes encontrar muy buenas variedades de hongos en los mercados saludables de Medellín, pero si sólo hay champiñones, pues manos a la obra. Lo único es que tengas cuidado de no usar hongos silvestres si no los conoces. Recuerda que hay unos tan venenosos que mucha gente advierte lo siguiente: todos los hongos son comestibles; algunos, una sola vez en la vida.

Para esta receta, necesitarás: una cebolla blanca (puedes variar, si lo necesitas), tres dientes de ajo pelados, aceite, ciento treinta gramos de arroz blanco, dos cucharadas de caldo de verduras (o fondo), agua (aquí puedes pasarte un poco de las dos tazas de agua por una de arroz), ciento cincuenta gramos de champiñones (o de los hongos de tu elección), un manojo de perejil, una pizca de tomillo, una hoja de laurel y un chorrito de vino blanco. Sal y pimienta al gusto.

Lo primero es poner a hacer el arroz. Eso sí, aquí debes estar muy pendiente de lo que sucede en esa olla, porque no vas a hacer arroz común y corriente. Prueba constantemente la textura, hasta que esté al dente. No puede ser arroz “masacotudo”, ni arroz crudo. Es una delgada línea entre esos dos estados de cocción. En la olla, puedes introducir la hoja de laurel (la retiras al final de la preparación, eso sí).

A un lado, pon a sofreír el ajo y la cebolla, finamente picados. Puedes agregar el tomillo, la sal y la pimienta. Cuando el arroz esté listo, pásalo a la sartén (por esto, debes elegir una grande). Saltéalo con cuidado, a fuego medio, para que no se vaya a quemar. Luego, agrega el caldo de verduras y el vino blanco (recuerda, poco de cada uno), baja la intensidad del fuego y cocina durante unos veinte minutos. Entonces, lava bien tus hongos, córtalos y añadelos a la sartén. Cuando esté listo (prueba, prueba, prueba…), pon un poco de hojitas de perejil (o de cilantro), y ya está. Acompáñalo con una buena copa de vino blanco, con una ensalada fresca… y una buena compañía.

Risotto de maní y zanahoria

Como verás, el principio es el mismo, pero los ingredientes varían. Necesitarás, cebolla, ajo, zanahoria, cien gramos de maní tostado, arroz, aceite, agua, caldo de verduras (todo en las mismas proporciones de la receta anterior), orégano y tomillo.

La preparación es igual: el arroz por un lado, el sofrito en la sartén por el otro. La diferencia es que en la sartén vas a sofreír el ajo, las cebollas y la zanahoria rallada. Y, cuando pases el arroz a la sartén, añade el caldo y el maní. Deja que se cueza un poco y sirve.