Carne cultivada: ¿qué es y qué deberías saber sobre esto?

Contrario a lo que muchos piensan, la decisión de muchos veganos en cuanto a dejar de consumir carne y productos derivados de los animales no obedece estrictamente a razones de salud. Por supuesto, en un mundo cada día más obsesionado por la apariencia, por las tendencias fit y por entramados laberintos de hashtags en Instagram sobre healthy life, es natural que una respuesta así desconcierte a muchos: “no, no soy vegano por querer tener mejor salud”.

Aunque ser vegano puede traer consecuencias beneficiosas para la salud humana, entre otras cosas, por la baja ingesta de grasas saturadas y por el alto consumo de frutas, nueces y verduras, en realidad, esto es tan sólo un efecto colateral que, aunque se recibe con mucho agrado por parte de la comunidad vegana, no constituye la razón principal de un movimiento así. Si le preguntas a todos los veganos que puedas, te van a decir que no comen carne por cuestiones éticas, porque no quieren que sus dietas y los placeres que se desprendan de ellas dependan del sufrimiento de otros seres que, en esencia, no se diferencian de nosotros. Desde la forma en que son concebidos, hasta las condiciones en las que crecen y son alimentados, hasta, claro, la forma en que mueren, los animales pasan por un ciclo de vida de intensa crueldad, y este, precisamente, es uno de los fundamentos básicos del veganismo. Algunos van más allá, y dicen que, incluso, cazar animales que han vivido toda su vida en ambientes naturales es una equivocación, aun si se hace de forma indolora. El punto es que, por un lado, tienen sistema nervioso central, lo cual les permite sentir dolor, y, por otro, si existen otras alternativas alimenticias, podríamos no tener derecho a comernos a nuestros semejantes del reino animal.

Sin embargo, muchas personas consideran que la dieta vegana no es suficiente. Unos, debido a las necesidades de complementación nutricional que hacen falta (como el consumo de vitamina B12 y de Omega 3 y 6); otros, porque, en definitiva, extrañan la carne más de lo que podrían soportar. Esto hace que se produzcan imitaciones (algunas muy realistas) de la carne de res, pollo, cerdo o pescado. Entonces hablamos de carne cultivada.

Es importante no confundirla con los productos de soya, lentejas, tempeh o tofu que podrías encontrar en los menús y en las neveras de los restaurantes y mercados saludables de Medellín. Estos siguen siendo alimentos de origen vegetal que tal vez evocan el sabor de las carnes. No, la carne cultivada es de origen animal, pero su proceso resulta por completo diferente al de las carnicerías. Se trata de células madre, aisladas en condiciones controladas de laboratorio, las cuales, mediante soluciones nutritivas y hormonas del crecimiento, pueden reproducirse y formar tejidos musculares como los de cualquier animal. La diferencia de esta respecto a un tradicional filete de carne es que ningún animal murió ni sufrió para que te la comieras. Además, este tipo de productos no requieren de tanto espacio, ni de tala de árboles para la construcción de potreros, ni de instalaciones de inseminación artificial o engorde, ni, por supuesto, el agua que se necesita para mantener limpios los mataderos. Este es uno de los mayores atractivos, incluso, para consumidores de carne que se han concientizado acerca del problema que significa la ganadería en nuestro mundo y del hecho que, a este paso, la carne será un bien de lujo en el futuro.

No obstante, la carne cultivada no está exenta de controversias. A pesar de que lo que te estarías comiendo es un pedazo de músculo, lo que ves ahí no es carne en el sentido estricto del término. Todos los nutrientes esenciales de las carnes deben ser añadidos de forma artificial, sin contar con la tremenda cantidad de hormonas del crecimiento y de antibióticos para evitar la presencia y expansión de bacterias nocivas. Por otro lado, el costo de producción todavía es muy elevado (cientos de miles de dólares para un filete de 200 gramos), y esto significa que todavía no existe una infraestructura que permita abaratar los costos de toda la cadena de suministro. Además, en algunos países en donde la producción de energía depende de la combustión de petróleo o carbón, esto significa, en últimas, más contaminación, teniendo en cuenta la puesta en marcha de semejante industria.

Bueno, la carne cultivada apenas está en sus primeros momentos. Aunque ya se ha producido de forma exitosa, todavía hace falta mucha experimentación y estandarización para convertirla en un producto viable, sano para el cuerpo humano y libre de crueldad (por lo menos, en cuanto al impacto medioambiental). Para muchos veganos, esto podría significar una solución para su nostalgia cárnica; y para otros, sería un producto innecesario, considerando la amplia gama de productos y recetas veganas que se consumen con éxito a diario y en todo el mundo. A pesar de eso, para millones de carnívoros, este sería un gran paso para dejar en paz a los animales, y así, por fin cambiar un paradigma inamovible que nos ha acompañado desde que nuestra especie es especie.