Tip Vegano: Aprende a cultivar alimentos en tu balcón

En el post anterior, hablamos de cómo empezar tu huerta en el patio. El asunto es que no todos tenemos patio, y, a lo sumo, tenemos un balcón. ¿Podemos cultivar algunos alimentos ahí? La respuesta es afirmativa, y, de hecho, podrías cultivar bastantes. Es cuestión de aprender a aprovechar el espacio disponible al máximo. Recuerda que todas las plantas tienen necesidades diferentes, y las que necesitan menos luz pueden crecer en espacios interiores. Igual que en el caso de las huertas de patio o jardín, los recursos que necesitarás aquí no serán muchos. De hecho, tendrás que reciclar bastantes objetos que la gente normalmente arroja a la basura.

En primer lugar, la cuestión es saber con cuánto espacio se cuenta, cuánta luz entra (cosa que cambia dependiendo del momento del año), cuánta agua recibe y qué puedes hacer en el balcón (pues no en todos los apartamentos podrás alterar parte la fachada con piezas empotradas, clavadas, etc.). En cualquier caso, vamos a pensar la huerta teniendo en cuenta una serie de alimentos que germinan rápido y son fáciles de manejar en macetas.

¿Qué necesitarás? Macetas, baldes, estibas, canecas de basura, llantas, botellas plásticas, tubos de pvc, alambre, cuerda y mucha tierra abonada. Puedes ubicar varias macetas en el balcón, y otras por las paredes, a modo de jardín vertical. Puedes hacerlo en botellas plásticas, troncos de guadua, cajas de madera alargadas (como las de los vinos), tubos gruesos de PVC, etc. Es cuestión de disponerlas de forma vertical, como una estantería. Las verticales, que no tienen tanta profundidad, son muy buenas para las plantas aromáticas, como el tomillo, el orégano, la albahaca, el cilantro, el perejil, la menta o la yerbabuena.

Las remolachas no necesitan tanto espacio. Con una maceta de treinta centímetros de profundidad, con un ancho de cuarenta centímetros, podrías sembrar unas cinco. Una vez las coseches, puedes sembrar otras plantas ahí. Con las cebollas, igual: compra la plántula, y en una maceta de treinta centímetros de profundidad, siembra unas cinco o seis. Con las zanahorias, ten cuidado: si las transplantas, ellas pueden morir. Así que prepara una maceta profunda con buena tierra, trae las plántulas y siémbralas directamente ahí. Nunca las pases a un almácigo, y, de ahí a la maceta.

Los ajos se pueden sembrar de forma hidropónica, es decir, en agua. Lo que haces es desarmar una cabeza completa, pelar y atravesar cada diente con palitos (de chuzo de asado) de forma horizontal (de modo que en cada palito haya varios dientes). Los palillos descansan en una bandeja, que vas a llenar de agua hasta que toquen los dientes de ajo. Estos, a su vez, desarrollarán raíces pronto (debes cambiar el agua cada dos días) y les empezará a crecer una rama verde. Esa rama es comestible, sirve como cebolla de rama y sabe a ajo. Mira este video para que aprendas a hacerlo:

También puedes cultivar germinados de forma hidropónica. Es cuestión de cambiar el agua frecuentemente, conseguir buenas semillas y estar al tanto de los tiempos de cosecha (puedes aprender más sobre esto en este enlace). De igual manera, puedes retoñar muchas verduras en bandejas con agua (la parte de arriba de una zanahoria, de una lechuga, de una cebolla, del cilantro…), y, en un par de meses, tendrás tallos y hojas frescas para tu ensalada, bastante ricos en nutrientes y sabor.

Para las papas, necesitarás una ponchera plástica y tres llantas. Estas últimas, las puedes conseguir muy fácil en cualquier montallantas (suelen ser un estorbo). Lo que haces es llenar la ponchera con tierra abonada, enterrar las papas cerca de la superficie y cubrir con acolchado de pasto cortado y hojas. Busca que sean papas sanas, deja que les crezcan raíces, y que estas tengan casi tres centímetros. Entiérralas con las raíces hacia arriba. Cuando se asomen los tallos de la planta, pon una llanta sobre la ponchera y echa un poco más de tierra y acolchado. Cuando atraviesen ese nuevo nivel, pon la otra llanta. Cuando la atraviesen, espera a que las hojas se pongan amarillas (por nada del mundo te comas las hojas, son venenosas…) y cosecha. Es fácil: quitas las llantas, limpias un poco la tierra y ahí las verás.

Un tip: añade siempre cáscara de papas a tu compost para que, además de las cáscaras del banano, sea muy rico en potasio. Las plantas de frutos necesitan mucho de este elemento.

Los fríjoles se pueden sembrar en una maceta grande (de unos cuarenta centímetros de profundidad). Estas plantas crecen rápido y necesitan algo en qué enredarse, así que puedes clavar dos palos (de escoba, de bambú, de lo que quieras) que lleguen casi hasta el techo. Cuando produzcan las vainas y la planta empiece a marchitarse, cosecha tus granos y planta algo nuevo en esa maceta (estará muy rica en nitrógeno, por cierto). El pepino y el calabacín también necesitarán de algo en qué enredarse, así que haz lo mismo que con el fríjol. Puedes usar palos o alambre para que se enreden y crezcan de forma vertical. La verticalidad será importante para una buena producción, ya lo verás.

El pimentón y el ají son muy parecidos: necesitan macetas de por lo menos veinte litros de capacidad (como los baldes de pintura), muy buen drenaje y buena luz solar. Los rábanos son muy fáciles de cosechar (y son muy rápidos). No necesitas macetas tan profundas, y son muy bonitos, al punto de que pueden adornar tu sala mientras te dan tu cosecha. Lo mismo, el limón: retira unas semillas, sécalas, ponlas en una servilleta húmeda y en una bolsa ziplock hasta que eche raíces y luego siembra en una maceta profunda. Abónalo bien y tendrás limones y un aroma muy agradable en casa.

Eso es más o menos todo. ¡Recuerda apoyar los restaurantes veganos y los mercados saludables de Medellín!

Empieza ahora tu huerta casera en el patio de tu casa

Empieza la época de lluvias y es el momento ideal para sembrar. Ya que no tenemos muchas oportunidades de salir al exterior de nuestras viviendas debido a la cuarentena del coronavirus, también es el momento ideal para empezar una huerta, en caso de que no lo hayas hecho. Recuerda que no es difícil, puedes empezar a construirla sin mucho presupuesto, y es muy gratificante consumir lo que tú mismo siembras. Además, con ello podrías ahorrar un poco de dinero (puedes cultivar una buena porción de las frutas y verduras que consumes) y también puedes controlar la manera en que han sido fertilizadas.

Hablemos de lo básico: huertas de balcón, huertas en el patio, huertas comunitarias en tu urbanización, errores, consejos y más información útil. Vamos a empezar una corta serie sobre huertas para abordar todos estos temas. Hoy empezaremos con una huerta casera de patio.

Lo primero es mirar qué terreno tienes disponible. Si no es muy amplio, no importa. Es posible aprovecharlo de la manera más óptima si eres recursivo (recuerda que es posible levantar un jardín vertical). De todas formas, si tienes suficiente espacio, lo que puedes hacer es algunas camas: con unas cuatro (y no tan grandes) puedes tener una huerta bastante productiva. Ten en cuenta que el tamaño no es lo más importante cuando hablamos de la productividad de una huerta sino el aprovechamiento de la misma, así como en la manera en que la cuidas. Hay tres grandes secretos, además del conocimiento de las plantas que vas a sembrar. El primero es la fertilización del suelo, el segundo es la rotación de los cultivos una vez dan cosecha y mueren y el otro es qué plantas siembras en una misma cama.

La disposición de las camas tiene que ver mucho con el espacio que dispongas, pero busca que haya un espacio entre ellos para que puedas caminar, llevar tierra en una carreta, así como otros materiales. También haz todo lo posible para que tus plantas reciban sol. Algunas no necesitan tanto, otras mucho. Algo que puedes hacer, dependiendo del espacio que tengas, es levantar tus cuatro camas (o las que puedas) y dividirlas en compartimentos. Por ejemplo, una cama de un metro cuadrado, dividida en cubículos de veinticinco centímetros cuadrados cada uno. La división puede ser con tablas. Es más, puedes comprar guacales de madera y juntarlos con alambres. En cada uno de ellos, dependiendo de las necesidades de suelo de cada planta, usas más arena, más tierra, más acidez, más alcalinidad, etc. De modo que en cada cubo siembres una verdura distinta. También puedes levantar un arco con tubos de PVC, para que las plantas que necesiten enredarse (como el fríjol, los pepinos o las calabazas) lo puedan hacer sin dificultad.

La fertilización puede ser muy básica. Haz una compostera, que puede ser con una caja, un agujero. Hay muchas formas (mira esta, por ejemplo). Servirá para abonar la tierra de tus camas con regularidad, para que estas tengan suficientes nutrientes y te puedan ofrecer sus frutos, raíces, tallos y hojas.

Ten cuidado con algunas cosas. La primera es el exceso de riego: el agua puede matar tus plantas por faltas y por excesos. Revisa las necesidades de cada una. Lo otro es revisar qué verduras y frutas crecen en el piso térmico en donde estás. No siembres tantas plantas al mismo tiempo. Ve sembrando poco a poco, y espera a que se den las primeras cosechas. Deja siempre espacio entre planta y planta para que no compitan entre sí.

La jardinería es un trabajo maravilloso, y todos los días podemos aprender algo distinto. Este es un excelente momento para empezar, así que ánimo.

En cuanto a la siembra, tienes dos opciones: germinar las plantas tú mismo o comprar las plántulas. Esta última opción es muy fácil, teniendo en cuenta que las plántulas son muy baratas y así te ahorras un poco de tiempo. De todas maneras, si quieres sembrar algunas (o todas tus plantas), lo que necesitarás es un semillero, servilletas y un acolchado de hojas y pasto cortado. Lo primero será germinar las semillas. Esto lo puedes hacer con servilletas húmedas (no mojadas), envueltas en papel aluminio (o en una bolsa ziplock), y las dejas varios días en un lugar cálido hasta que echen raíces. Entonces, pasas tus semillas a un semillero (lo puedes comprar, o puedes buscar un cartón de huevos vacío), y, ahí, viertes un poco de tierra negra bien abonada, esperas a que crezcan un poco y luego, a las camas. Puedes sembrar directamente en las camas, pero es mejor seguir este proceso para tener un mayor control de tus plántulas. Cuando estén sembradas en las camas, cubre la tierra alrededor de las plántulas con un acolchado de hojas secas y pasto cortado para conservar la humedad y evitar que crezcan muchas malezas (plantas competidoras, que roban nutrientes).

Recuerda apoyar los mercados saludables, así como los restaurantes veganos de Medellín. Hay poco trabajo, y a todos nos conviene que estos negocios sigan funcionando para el bien de la comunidad vegana de nuestra ciudad.

¿Qué comprar durante la cuarentena? COVID y Veganismo

Todo el mundo está pasando por, tal vez, la crisis más definitiva de los últimos tiempos. La pandemia del Covid-19, conocido popularmente como Coronavirus, nos ha obligado a todos a guardar cuarentena para evitar la propagación del brote, y, de esta manera, aplanar un poco la curva de contagio. Permanecer por lo menos dos semanas en cuarentena (por lo menos, porque no sabemos cuánto se podría extender) nos obliga a todos a abastecernos de alimentos y elementos de aseo para no tener que salir de casa. La cuestión es: ¿qué debería comprar un vegano? En este post, hablaremos de algunas cosas que no deberían faltar en tu alacena, entre otras cosas, para que también te puedas sumar a la causa sanitaria #mequedoencasa. Vamos a ver.

La clave es saber qué vas a cocinar. Recuerda que hay alimentos para combatir enfermedades respiratorias, otros para fortalecer las defensas, otros para recuperar electrolitos (en caso de fiebre, esto es fundamental), y hay alimentos que pueden durar mucho en tu alacena. Pero, en general, además de frutas y verduras, puedes abastecerte de los siguientes alimentos (porque no sólo de soya vive el vegano…).

Granos y arroz

Esto es básico. Recuerda que los granos (leguminosas) necesitan de algún carbohidrato para completar la proteína que contienen. Puedes preparar un tazón de arroz y mezclarlo con fríjoles, lentejas, garbanzos, maní, arvejas o granos de soya, entre otros. Cada uno te va a aportar diferentes nutrientes y minerales, además de una buena cantidad de fibra. las lentejas son las que tienen más hierro, los fríjoles tienen mucho fósforo y los garbanzos tienen mucha proteína, por ejemplo. Acompaña esta mezcla con algo que contenga vitamina C (un jugo, un tomate picado, etc.) para que tu cuerpo absorba suficiente hierro. Lo bueno de esta mezcla es que puedes preparar porciones de granos y congelarlas, de modo que sólo tengas que preparar un poco de arroz cada día. De esta manera, y con muy poco presupuesto, puedes tener almuerzo para dos semanas o más si cocinas de forma organizada.

Pulpas de fruta

Muchas frutas se dañan rápido, incluso en la nevera. Lo que puedes hacer para aprovechar toda la fibra, minerales, vitaminas y demás nutrientes, es licuar las frutas y guardarlas en compartimentos separados en el congelador. Así te pueden durar meses. Si no quieres comprar las pulpas de fruta ya listas (para jugo, por ejemplo), puedes hacerlo de esta manera.

Verduras congeladas

Hay verduras que duran mucho tiempo, incluso por fuera de la nevera (los ajos y las cebollas, digamos), pero otras tienden a dañarse con más facilidad. Si no tienes una huerta, lo que puedes hacer es picar las verduras, separarlas en diferentes recipientes y dejarlas en la nevera o en el congelador para preparar ensaladas todos los días. Puedes comprar verduras congeladas, incluso enlatadas, pero algunas personas las prefieren un poco menos procesadas y es comprensible. Lo mismo aplica para los hongos comestibles.

Nueces

Algo bueno de las nueces es que duran mucho tiempo en un lugar seco y oscuro, son muy útiles para acompañar las comidas y también puedes preparar leches vegetales con ellas.

Chía

Lo bueno de estas semillas es que duran mucho, son muy nutritivas y no tienes que usar mucho cada día para completar tu nutrición. Si no sabes cómo usar la chía, haz clic aquí.

Quinoa

Este superalimento sabe delicioso, puede durar mucho y te nutrirá como nada en el mundo, así que ve al mercado y compra algo de quinoa.

Papas

Las papas y otros tubérculos duran mucho, no se tienen que refrigerar, y tienen mucho alimento (además de que llenan). No tienen que ser sólo papas capiras, criollas y nevadas, recuerda que hay tubérculos andinos muy interesantes.

Germinados

Recuerda que los puedes cultivar tú mismo, que no se demoran mucho en germinar y que aportan muchísimos beneficios nutricionales que podrías aprovechar para darle balance a tus comidas. Que no te falten germinados.

Harina y levadura

Podrías hornear tu propio pan, mezclar algunas nueces y semillas, y esto también te mantendría ocupado.

Jabón

No olvides que el peor enemigo del coronavirus es el jabón. El jabón rompe las capas de lípidos que protege al virus (que puede durar en algunas superficies planas durante más de nueve días). Por eso, hay que lavarse las manos, por lo menos, cada tres horas, incluso si no sales de casa. En este link, puedes encontrar recetas de otros productos de limpieza para el hogar que puedes hacer tú mismo. Recuerda también que debes desinfectar muy bien tus alimentos.

Comida para mascotas

No tienen que ser las más caras. Sólo procura que tus amigos peludos (u otros) tengan qué comer cada día mientras están encerrados contigo. Saca a tus perros a caminar, pero no olvides protegerte bien con guantes, tapabocas, cero contacto físico con los demás y lavarte las manos con agua y jabón durante veinte segundos al llevar a casa.

Por último…

Ten en cuenta que durante la cuarentena, muchos de los restaurantes veganos de Medellín pueden despachar comidas a domicilio, y los mercados saludables también estarán a tu disposición. Recuerda también que esta es una época difícil para el comercio, y de vez en cuando puedes contribuir para que sigan funcionando.

¡Lo lograremos todos juntos!

Alimentos que pueden durar mucho tiempo en tu alacena

Los precios de los alimentos suelen subir mucho en ciertas épocas del año, dependiendo del clima, de los precios de la gasolina, de qué frutas y verduras estén en cosecha, etc. Por esta razón, hay que aprovechar los momentos del año en los cuales nuestros alimentos favoritos están más baratos para almacenarlos en casa de modo que puedan durar mucho en la alacena sin que se echen a perder. Para ello, podemos conservarlos en salmuera, deshidratarlos, congelarlos o fermentarlos, de manera que los tengamos a nuestra disposición a la hora en que los necesitemos. En otros posts, hemos aprendido a deshidratar algunos alimentos y a fermentarlos de manera adecuada y sencilla. Veamos, además de esos dos métodos, qué más podemos hacer.

Tomates deshidratados

Esta es una técnica muy usada en la comida italiana, precisamente, porque los italianos aman los tomates y no los tienen todo el año. Consiste en cortar los tomates en dos (cualquier tipo de tomate), ponerlos bocarriba sobre un tamiz y espolvorearlos con sal, y, entonces dejarlos al sol en temporada seca hasta que hayan perdido toda el agua. Cuando estén secos por un lado, se voltean y se espera hasta que estén secos por el otro. Entonces, lo que puedes hacer, es dejarlos en un recipiente con aceite de oliva y ajo, de modo que los puedas usar cuando quieras. Son fáciles de encontrar en cualquier mercado saludable de Medellín, pero también los puedes hacer tú mismo.

Mermelada de fresa

Aunque nunca será lo mismo comer una fruta fresca que enlatada (o preservada de cualquier otra manera), las mermeladas son una buena manera de conservar estos alimentos y aprovechar algunas de sus propiedades. Veamos un ejemplo: mermelada de fresa.  Toma una libra de fresas, lávalas, retira las hojas y pásalas por un procesador de alimentos hasta que tengas una pasta. Añade cuatro tazas de azúcar (o panela en polvo, si lo prefieres) y deja reposar la preparación durante unos diez minutos. Revuelve bien y pasa todo a una olla con agua y un sobre de gelatina sin sabor (verifica que sea vegana, eso sí). Luego, revuelve bien, deja reducir la mezcla, esteriliza algunos envases de vidrio y llénalos (pero no del todo). Esta mermelada podrá durar mucho tiempo en la nevera y será una opción deliciosa para un desayuno, por ejemplo.

De todas maneras, si quieres almacenar algunas frutas sin preparar una mermelada, lo que puedes hacer es congelarlas, sea enteras o en pulpas. Algunas frutas (como casi todas las bayas) se pueden congelar sin que pierdan propiedades ni que se altere su sabor, pero otras, como la manzana o la pera, es mejor licuarlas hasta producir una pulpa y congelarlas para usarlas después.

Maní tostado

El maní, como otras leguminosas, es una buena fuente de proteínas, aceites y minerales, como el hierro. Puedes prepararlo de esta manera para que te dure mucho. Lo primero será hidratarlos en agua caliente con sal, y dejarlos hervir durante media hora. Una vez hecho esto, escurre el agua y ponlos en una bandeja metálica en el horno a ciento cincuenta grados arriba y abajo hasta que la textura esté crujiente. Entonces, en un recipiente hermético, los puedes almacenar con un poco de sal, y, si te gusta, con un poco de pimienta roja. Guárdalo en la nevera. Te servirá para complementar tus ensaladas y otras preparaciones.

Verduras en escabeche

Esta es una manera de conservar una buena cantidad de verduras, de modo que estén disponibles todo el año para una ensalada o para otras recetas. Las combinaciones son infinitas, pero una buena conserva que puedes poner en práctica es la siguiente. Toma una cebolla de puerro, una cabeza de ajo, una cebolla roja, un manojo de champiñones, cien gramos de espárragos un pimentón maduro, una zanahoria, una coliflor y una remolacha. Pica todo en cuadritos y en julianas (dependiendo de cómo te guste cada verdura), cocina todas las verduras en agua durante diez minutos, y luego llévalo todo a un recipiente hermético con vinagre. Añade sal y pimienta al gusto, una ramita de romero, una hoja de laurel y una pizca de tomillo. Procura que nada flote, para que no esté en contacto con el oxígeno y no se pudra. Mientras más semanas dejes madurando toda la preparación, mejor será el sabor. Ya lo verás.

Melocotón en almíbar

Esta receta está como para chuparse los dedos:

Semillas de calabaza

Las semillas de la calabaza son altamente nutritivas y deliciosas. Pueden ser un buen complemento para una ensalada, una sopa, un pan o un arroz, pero también las puedes comer solas, como las semillas de girasol. Lo que debes hacer es retirarlas de la pulpa de la calabaza (o de la auyama, es lo mismo, en realidad), las lavas bien, las dejas en una bandeja sobre papel periódico al sol durante unos días, y esperas hasta que estén completamente secas. En ese punto, estarán listas para consumir o incluso para sembrar, en caso de que quieras replicar esta maravillosa planta en tu huerta.

Mundo Vegano: Los principios de una granja sostenible

El sueño de todo vegano es poder alimentarse sin afectar negativamente su entorno, sin que sufra ningún animal. Aunque esto es complicado, debido a la agricultura extensiva, a la tala de bosques que implica y al uso de químicos (pesticidas, insecticidas, herbicidas, etc.), no significa que sea una meta imposible. En realidad, puedes cultivar una buena cantidad de tus alimentos, adoptar algunos animales y hacer de tu casa un pequeño oasis en medio de un desierto de industria y explotación. Requerirá trabajo, eso sí, pero valdrá la pena a la larga. Vemos algunos principios de una granja sostenible que podrás poner en práctica.

Lo primero será trazar una diferencia. Sostenible no es sinónimo de autosuficiente. Esto último significa que no necesitas nada del “mundo exterior”, y esto es bastante lejano de la realidad. Puedes cultivar muchos de tus alimentos, reciclar tus aguas, compostar, rotar cultivos, etc., y, de vez en cuando, visitarás alguno de los mercados saludables de Medellín. La sostenibilidad puede ser una meta, la autosuficiencia es una utopía.

Ahora, es importante que dispongas de, por lo menos, una cuadra de tierra, y algo de dinero para invertir en una infraestructura muy básica. Si deseas adoptar algún animal de pastoreo (una vaca, un caballo, una cabra, un burro, una oveja…) para aprovechar el estiércol en la compostera (además de proteger su vida, claro está), tendrás que disponer la mitad de la tierra para este. Con esta mitad, lo que deberías hacer es separarla en dos mitades y pasar al animal de un espacio al otro, dependiendo de qué tan alto esté el pasto.

Si te interesa construir tu casa desde cero, considera la bioconstrucción. Si no sabes qué es, visita este enlace. En otro post, podemos hablar de este tema con más profundidad.

Lo que sigue es destinar la otra mitad de cuadra para cultivos, y lo que puedes hacer es dividirla en tres secciones. Una para vegetales de raíz (papas, zanahorias, remolachas, cebollas, ajos, etc.), otra para legumbres y otra para un invernadero, en donde podrás sembrar lo que necesita más calor y protección contra plagas e insectos. En casa, también puedes cultivar germinados, y lo puedes hacer en recipientes con agua, de una manera muy sencilla (en este enlace puedes aprender más).

Es importante que destines una porción de terreno para tu compostera (la cual no tiene que ser muy grande, y podrás aprovechar el compost de manera permanente). En esta compostera, puedes revolver los residuos de tus alimentos con el estiércol de tus animales (si decides tenerlos) y con las plantas no perennes (como el tomate o el fríjol) que van muriendo. A esta mezcla, añade hojas secas, ceniza de leña y las lombrices que encuentres por ahí. Así tendrás un abono rico en nutrientes para fertilizar tus cultivos. Si tienes animales, puedes separar una porción de los alimentos que cultivas para alimentarlos bien, y, así, empezarás a producir ciclos sostenibles en tu granja (pues eso terminará convertido en abono).

En cuanto al riego, puedes aprovechar las nuevas tecnologías de riego por goteo, que te ayudarán a distribuir el agua con mucha más eficiencia, sin gastar de más. Es cuestión de instalar las mangueras de riego en tus cultivos, y de programar la frecuencia y cantidad de riego dependiendo de las necesidades de cada planta. Recuerda que algunas, como el orégano o el tomillo, no necesitan tanta agua como una calabaza o un árbol frutal. Las plantas pueden morir por falta de agua o por exceso, así que investiga muy bien acerca de las necesidades de cada planta de tu huerto.

Para aprovechar mejor el espacio, puedes investigar un poco más sobre los huertos verticales (en este enlace, encontrarás más información). Estos te pueden servir para algunos alimentos, sobre todo, para aquellos que no necesitan desarrollar sistemas radiculares tan profundos. Tus hierbas aromáticas, tus lechugas, tus brócolis, coliflores, así como algunas bayas (uchuvas, por ejemplo), pueden sembrarse en jardines verticales. Otros cultivos necesitarán más cantidad de espacio, como el maíz.

Para los cultivos que estarán sobre el suelo, puedes usar camas que les den cierta elevación. Consigue tablones largos y haz camas con suficiente espacio entre ellas para que puedas caminar y llevar, por ejemplo, una carreta con tierra. Cuando cultivas alimentos en camas, la tierra drenará mejor, podrás alejar tus plantas de algunos hongos y plagas (como las babosas).

Es importante que rotes los cultivos para que la tierra no se agote. Cada vez que un cultivo dé lo que tenga que dar (los tomates, las zanahorias, el fríjol, etc.) deja descansar la tierra, fertilízala y siembra algo nuevo ahí. De esta manera, tu granja seguirá siendo funcional. Lo mismo va con los insecticidas y pesticidas que uses (si puedes, que sean naturales). Nunca uses lo mismo todo el tiempo para que las plagas no se acostumbren a ellos. Puedes preparar un té de tabaco, usarlo, a las dos semanas usar un extracto de ají con ajo, y luego, por ejemplo, un poco de aceite de neem.

Estos son los principios básicos. Cada persona hace de su granja lo que mejor le parece. Algunos van más allá, e instalan sistemas de recolección de aguas lluvias, paneles solares, turbinas de viento, etc. Eso depende de cada quién.

Ideas para un exquisito asado vegano

No sólo de carne vive el hombre. No sólo de quesos, huevos y miel. Se puede vivir de ideas creativas y de recursividad. Ante la falta de proteínas y vitaminas provenientes de productos derivados de los animales, los veganos han aprendido a volverse increíblemente ingeniosos. Muchos omnívoros dirán que la comida sin carne no sabe a nada, pero lo dicen en gran parte por desconocimiento. Un asado vegano puede ser más nutritivo, variado y refinado en cuestiones de sabor que los tres ingredientes básicos de uno tradicional: carne, papas y arepas. En este post, aprenderás a preparar un asado vegano bastante diverso y delicioso y abundante (considerando el precio de una libra de carne).

El fuego

Es de vital importancia que sepas manejar el poder del fuego para no arruinar tu asado. Si vas a usar leña, primero enciéndela en tu asador hasta que tengas muchas llamas, y espera hasta tener brasas. Evita asar tus alimentos sobre las llamas vivas porque los podrías arruinar en un minuto. Si vas a usar carbón, enciende un grupo de carbones, espera a que se vuelvan brasas, riégalos y espera hasta tener una buena fuente de calor (revisa este tutorial). En la medida en que se vayan consumiendo las llamas, añade un poco más de combustible, airéalo hasta que se encienda, pero busca no excederte.

Ingredientes

Para una rica y variada picada vegana para cuatro personas, necesitarás un rollo de papel aluminio, cinco cebollas blancas, aceite de oliva, tres papas grandes (y alargadas), hojitas de romero, hojitas de tomillo, tomates cherry, una cabeza de ajo, tres berenjenas, hinojo, una libra de portobellos, perejil crespo, sal, pimienta, tres pimentones maduros, dos pimentones verdes, y dos plátanos también maduros. Nada que no encuentres en los mercados saludables de Medellín.

El asado será como lo prefieras: servir todos los ingredientes de una vez (y, en ese caso, ten todo preparado mientras están las brasas), o ir sirviendo cada uno poco a poco. Eso sí, aunque esta última opción sea interesante, ten en cuenta que obligará a alguien a estar ocupado durante un largo rato.

Manos a la obra

La berenjena se puede preparar de muchas maneras, pero una muy interesante consiste en abrirla en dos, hacer algunas zanjas con un cuchillo, frotar un diente de ajo (también partido) por toda la berenjena y luego enterrarlo en las zanjas. Echarle un chorro de aceite de oliva, sal (bastante), tomillo, romero, volver a cerrar la berenjena y envolverla en aluminio. Ponla en un lugar de la parrilla con buen calor, voltéala cada cinco minutos y ásala durante media hora. Al terminar, raspa el contenido con una cuchara y sirve.

Los portobellos son fáciles, pero no debes de dejarlos a su suerte en el fuego para que no pierdan los jugos. Arráncales el tronco, ponlos bocarriba y bocabajo hasta que tengan marcas de parrilla, añade sal y acompáñalos con un buen chimichurri. Este último es fácil de preparar: en un recipiente con aceite, añade tres dientes de ajo molido, un manojo de perejil, sal, pimienta, y, si quieres, algo de menta y orégano. Cierra el recipiente y déjalo macerando una semana (la semana antes del asado…) y listo.

Para las papas, lo que debes hacer es cortarlas a la mitad (a lo largo), y, con un cuchillo, haz círculos concéntricos y luego haz cortes desde el centro hacia afuera por toda la papa, como los radios de una bicicleta. Aderézalas como más te guste: cona ceite de oliva, con sal, con pimienta, con hinojo, con ajo triturado, con tomillo…, luego, envuélvelas en papel aluminio y ponlas en las brasas. Lo mismo puedes hacer con las cebollas (pero sólo pártelas en cruz, y adereza). Con los plátanos maduros es muy fácil: sólo ponlos, con cáscara y todo, en las brasas y espera a que la cáscara se queme por completo. Ábrelos, espolvorea un poco de panela en polvo y listo.

Con los pimentones maduros, lo que puedes hacer es ponerlos sobre el fuego (debe haber mucho calor) y esperar a que se les queme toda la cáscara. Cuando termine este proceso, ábrelos, limpia toda la cáscara quemada, retira las semillas, las venas blancas, córtalos en julianas y sírvelos con las papas.

Con los pimentones verdes, lo que puedes hacer son brochetas. Córtalos en cuadrados, y, junto a los troncos de los portobellos, pedazos de cebolla y los tomates cherry, atraviésalos en palos de chuzo y al fuego. Si compraste el romero en rama, algo que puedes hacer es usar las ramitas de romero (sin las hojas) como chuzo. El sabor será espectacular.
Si te gusta el picante, puedes preparar rocotos rellenos. Lo que debes hacer es cortarles la parte de arriba, y, con un cuchillo y con una cuchara, retirar el racimo de las semillas. Ahí tendrás una coca para rellenar con lo que quieras. En Bolivia son muy populares, y los suelen rellenar de puré de papa. Tápalos de nuevo, envuélvelos en aluminio, y a las brasas. Después de veinte minutos tendrás un manjar, pero cuidado: cuando están calientes se sienten más picantes.

De las luciérnagas, su peligro y cómo ayudarlas

Es frecuente escuchar el mismo comentario respecto a las luciérnagas: ¿en dónde están? Hace años, en diferentes partes del mundo, las noches en el campo (y en las afueras de las ciudades) se adornaban con cientos de miles de lucecitas en la oscuridad. Muchos niños, de manera irresponsable, introducían a las luciérnagas en frascos de vidrio para observarlas mejor, maravillados por las reacciones químicas que estas producen para emitir una débil luminiscencia. Con el avance de la civilización, las poblaciones de luciérnagas en todo el mundo han disminuido de forma preocupante, y esto, a su vez, ha traído consecuencias medioambientales.

En este post, hablaremos sobre las luciérnagas, sobre su importancia en el ecosistema, los peligros que las amenazan y qué puedes hacer para contrarrestarlos y ayudar a estos insectos a reproducirse y vivir de mejor manera.

Lee también: Cómo ayudar a conservar especies de aves en peligro

Las luciérnagas son escarabajos nocturnos que, en estado larvario, se alimentan de gusanos y de babosas (lo cual mantiene un equilibrio ecológico), y en estado adulto son grandes polinizadoras de miles de especies de plantas. Esto hace que para muchos biólogos, la presencia de luciérnagas en un bosque sea un excelente indicador de biodiversidad y de salud, pues estos insectos son bastante sensibles a varias formas de contaminación. En primer lugar, a los gases contaminantes que se producen por el consumo de combustibles fósiles; en segundo lugar, a los pesticidas en los cultivos y en los jardines, y, en tercer lugar, a la contaminación lumínica.

Esta última es quizás la más dañina para estos insectos y es un fenómeno al cual la gente no suele prestarle mucha atención. La contaminación lumínica se produce por el exceso de luces durante la noche, de modo que las zonas de sombra, que por millones de años se han mantenido oscuras después de la puesta del sol, ahora tienen mucha luz (sobre todo, gracias a las nuevas tecnologías, como las luces LED). Debido a que cada día construímos más en zonas que anteriormente fueron boscosas, estamos llevando mucha luz a esos lugares. Las luces de las calles, de los vehículos, de los hogares… todo eso interfiere en el ritual de apareamiento de las luciérnagas. Este último consiste en que los machos encienden una luz en la oscuridad para llamar a las hembras, y estas responden con otra, hasta que se encuentran. Cuando hay mucha luz de por medio, las luciérnagas no pueden enviarse estas señales, entonces no se reproducen y mueren sin haber cumplido el ciclo natural de cualquier ser vivo.

Ver también: Los mejores restaurantes veganos de Medellín

Estas bajas poblacionales traen a su vez otros problemas. Debido a que las luciérnagas hacen parte de una cadena alimenticia, dejan de atacar a las babosas y a ciertos gusanos, y algunos insectos y mamíferos (como ciertas especies de murciélagos) dejan de comérselas. Esto desequilibra las cosas, como en todos los ecosistemas.

Por esta razón, muchas personas alrededor del mundo están tomando iniciativas ecológicas para ayudar a frenar esta extinción. De hecho, existe una forma de turismo de luciérnagas, que consiste en visitar ciertos lugares de noche con el único propósito de ver grandes poblaciones de estos insectos. Veamos algunas de las medidas que puedes tomar para ayudar a que estos maravillosos escarabajos no desaparezcan en nuestro planeta.

Lo primero es evitar cortar tanto el pasto. Aunque a muchas personas no les gusta ver el pasto creciendo de forma salvaje en sus jardines o en sus casas rurales, lo cierto es que las hembras de las luciérnagas suelen descansar en la parte alta del pasto, y buscan no estar muy cerca del suelo. Si no quieres que todo el pasto de tu jardín esté muy alto, por lo menos destina una sección del mismo para que crezca alto y albergue a estos insectos, así como a otros (saltamontes, por ejemplo), que son el alimento de muchas especies de pájaros.

Lo segundo es evitar encender tantas luces exteriores. Busca encender solo las necesarias (no necesitas tantas, en realidad), para permitir que las luciérnagas se encuentren y se sigan reproduciendo. Apaga algunas luces y crearás las condiciones apropiadas para ello.

Por otro lado, evita usar insecticidas y plaguicidas de uso industrial, pues lo único que harás es acabar con ellas, así como con las abejas. Usa insecticidas naturales (hay muchos), que también son efectivos e incluso los puedes hacer tú mismo en casa.

Algo que también puedes hacer es apilar un poco de leña en el jardín. Resulta que las larvas de las luciérnagas crecen y se alimentan en la madera, especialmente, debajo de la corteza de los árboles. Consigue un poco de leña, apílala en un rincón, y esto será un pequeño “kindergarden” para las pequeñas luciérnagas. No te cuesta nada, en realidad.

De igual manera, puedes construir una fuente en tu jardín. Las luciérnagas prefieren los lugares húmedos, y una fuente es un ambiente perfecto para atraerlas. Muchos otros animales se beneficiarán de esto, y, si la mantienes en movimiento, los mosquitos no se reproducirán ahí.

Por último, siembra árboles nativos. Esto es vital para mantener un ecosistema sano: diversidad de árboles nativos. Esto atrae a la comida de las luciérnagas, y a sus depredadores. Mantener un ecosistema en equilibrio requiere un poco de trabajo constante, pero es cuestión de poner en práctica un principio básico: la introducción de diversidad de especies nativas será un sinónimo de salud medioambiental.

5 Electrolitos que necesitas para mantenerte hidratado (y sus fuentes)

Durante las temporadas de calor perdemos mucha agua, pero también electrolitos, y una pérdida excesiva de estos puede conllevar a una deshidratación severa y a problemas musculares serios. Si bien es bastante aconsejable tomar alrededor de ocho vasos de agua al día, el agua no es la mejor opción para hidratar tu cuerpo de manera adecuada. De hecho, tomar mucha agua cuando has estado perdiendo electrolitos (por ejemplo, durante una fiebre alta) puede provocar una peor deshidratación debido a la orina frecuente que se produce. El agua es buena para muchas funciones corporales, y, entre otras cosas, ayuda a distribuir las grasas, a limpiar los riñones o a producir sangre; pero la hidratación depende más de los alimentos que consumes. Tal vez lo hayas notado en algunos de los restaurantes veganos de Medellín: existen menús de comidas y de jugos para hidratar. Pues bien: hoy aprenderemos un poco más sobre los alimentos que debes comer para suplir esos electrolitos que tanto necesitas, seas deportista o no, estés enfermo o sano, estés al sol o a la sombra. Conócelos y aprende a cocinar con ellos.

Calcio

Aunque este es abundante en nuestro organismo, necesitamos un consumo frecuente de este mineral. Gracias al calcio, los músculos pueden realizar una de sus funciones básicas: contraer y extender sus fibras, pero el cuerpo también aprovecha este mineral (entre otras cosas) para reconstruir permanentemente los huesos. Recuerda que todo el tiempo mueren y nacen células en todos los tejidos, y estas necesitan minerales para “hacerle mantenimiento” a los tejidos que componen los órganos. Las personas omnívoras buscan el calcio en los lácteos, pero en realidad esta no es la mejor fuente. Puedes encontrar abundante calcio en las espinacas, en las algas (como la spirulina), en el repollo, en el tomate, en la naranja, en las almendras, en la chía y en las hojas de coca.

Sodio

Como todo en la vida, hay que evitar los excesos. Una cantidad sobreabundante de sodio puede ocasionar problemas de presión arterial, cálculos renales y otros líos de salud; pero una falta de sodio puede provocar deshidratación. Cuando sudamos, este es uno de los minerales que se elimina más rápido, y, por eso, debes saber en qué alimentos encontrarlo y cómo consumirlo de manera saludable. Las aceitunas (sobre todo, gracias a su salmuera) son una buena fuente, pero también puedes intentar comer más acelgas, alcachofas, espárragos, apio, espinacas (que ya mencionamos al hablar de calcio), remolachas y zanahorias. Sobre todo, consume estas verduras crudas y cocidas de manera alternada: recuerda que algunos alimentos tienen diferentes propiedades nutricionales dependiendo de si están cocidos o no. 

Magnesio

Este mineral, junto al calcio, es fundamental para la correcta formación y estructuración de los huesos del cuerpo. A su vez, cumple una importante función en la capacidad de absorción de energía en las células de diversos tejidos del cuerpo, está presente en la formación de cadenas proteicas y es necesario para mantener en perfecto estado los músculos que hacen parte del corazón. ¿Dónde encuentras magnesio? En primer lugar, busca alimentos verdes, como la lechuga, el cilantro, el perejil, el brócoli, los germinados o los pepinos. El limón y la naranja (pero todos los cítricos, en general) son buenas fuentes de magnesio, las cebollas largas (más que nada, en la parte verde) y en algunas nueces como las almendras, los marañones y el pistacho. Las leguminosas como las arvejas, los fríjoles y las lentejas también pueden aportarte magnesio. Recuerda variar tu dieta y hacerla muy bien balanceada. Aprende a combinar tus alimentos para aprovechar todas sus propiedades.

Cloruro

Este es uno de los electrolitos más importantes porque mantiene los líquidos corporales en un balance saludable y es uno de los componentes que necesita el cuerpo para la formación del ácido clorhídrico presente en los jugos gástricos. Puedes encontrar cloruro (no cloro, ojo) en la sal de cocina, pero también en las algas, el tomate, la lechuga, la espinaca, las alcaparras, las aceitunas, el apio y algunos cereales como el centeno. Es importante consumir la cantidad adecuada de este mineral, sin excesos ni carencias. En adultos de catorce a cincuenta años, por ejemplo, lo recomendable son 2,3 gramos diarios.

Potasio

Este mineral está presente en una amplia gama de alimentos, no sólo en el banano, como muchos suelen creer. Su importancia radica en que ayuda a mantener un equilibrio (junto al cloruro) en los niveles de líquido del cuerpo, pero es fundamental para mantener la presión arterial en un balance sano. También es importante para el sistema musculatorio, en la medida en que se necesita para la adecuada contracción muscular. Puedes encontrar potasio en todos los tipos de plátanos (el guineo es muy recomendable), en la papaya, en el camote, en el mango, en los fríjoles, en el calabacín, en el melón, en el maní, las ciruelas, la coliflor, el aguacate, la piña, la sandía los champiñones y los duraznos.

Productos y hábitos saludables para fortalecer tu sistema inmunológico

Después de cuidar a los animales por medio de una dieta que no los incluya, ni que los afecte directamente, la segunda gran preocupación de los veganos es el cuidado de sus propios cuerpos. Tal vez influya en esto los permanentes comentarios de las personas omnívoras de alrededor, que constantemente están advirtiéndonos de las posibilidades de enfermarnos y de sufrir de miles de problemas, como la anemia, debido a la falta de proteínas animales. Por supuesto, uno de los primeros pasos que todo vegano debe tomar es informarse adecuadamente, así como revisar el estado de su organismo: qué necesita, qué le falta, a qué es alérgico. Esto, porque una dieta vegana puede ser un cambio muy brusco y significativo, y no todos los cuerpos responden igual a ella. Conocer los alimentos, los nutrientes que necesita tu cuerpo, así como los posibles problemas que podrías enfrentar en caso de una dieta pobre y desbalanceada, es una tarea importante (lee más aquí).

El segundo paso, además de saber cocinar (es muy difícil ser vegano sin hacerlo, como te habrás dado cuenta ya), es cuidar de tu sistema inmune y fortalecer tu cuerpo. Esto último, porque al ser vegano estás desintoxicando tu cuerpo y lo estás adaptando a un nuevo régimen, y esto puede traer desequilibrios. Así que veamos una serie de alimentos y hábitos saludables que te pueden ayudar a fortalecer tus defensas, para que te mantengas lejos de los hospitales y de las salas de urgencias.

Té de jengibre y limón

Hay varias razones por las cuales tomar esto todos los días al levantarse. Por un lado, todos debemos beber suficientes líquidos (ocho vasos de agua, mínimo, cada día). Esto ayuda a mantener en funcionamiento todas las funciones del cuerpo y el metabolismo activo. El agua tibia es particularmente estimulante, y el jugo de un limón con unas finas rodajas de jengibre recién cortadas pondrán al día tu sistema inmune (y no mencionemos el delicioso sabor de esta bebida, que podrías encontrar en cualquier restaurante vegano de Medellín). Además, la vitamina C de limón es un buen antioxidante que le ayuda a nuestro sistema inmunológico a enfrentarse con bacterias, hongos y virus. El jengibre también resiste a los microbios. Finalmente, el limón te puede ayudar a darle más alcalinidad a tu cuerpo, y esto es especialmente interesante cuando se trata de células cancerosas, que sólo sobreviven en ambientes ácidos.

Para que extraigas la mayor cantidad de sustancia, usa una olla grande y deja hervir. Puedes añadirle frutas picadas para darle variaciones al sabor. Tómalo caliente y en ayunas.

Dormir mejor

Este es uno de los principales problemas que desencadena otros en la vida moderna. Vivimos ocupados, no mantenemos ritmos regulares, tomamos café antes de ir a dormir… todo esto se ve reflejado en una mala higiene de sueño, y esto trae como consecuencia un sistema inmune debilitado, así como tendencias a la obesidad y a problemas cardíacos. Durante el día, el cerebro almacena toxinas que se eliminan durante el sueño, y, cuando no duermes lo suficiente, estas se acumulan y generan problemas irreversibles a largo plazo. Cada cuerpo es diferente, pero lo recomendable es dormir alrededor de ocho horas diarias. Existen muchas apps gratuitas que te ayudarán a calcular tu tiempo de sueño (a qué horas irte a la cama, o a qué horas despertar), y que te ayudarán a tener una mejor calidad de sueño.

Baja la temperatura: se duerme mejor en el frío. Bloquea la luz: la oscuridad siempre será mejor para descansar. Y, sobre todo, duerme de noche, no de día. Nuestros ritmos circadianos están genéticamente programados para esto.

Comer menos

Se ha descubierto que consumir menos calorías está directamente relacionado con una mejor salud. Esto no significa que te debas morir de hambre, y que, siendo diabético, te sometas a una tortura autodestructiva. Lo único que debes hacer es saber ayunar, o disminuir la ingesta de calorías a lo mínimo que necesitas para mantenerte bien (te asombraría saber cuán pocas necesitas en comparación con las que consumes a diario). Visita un nutricionista, revisa bien tu cuerpo y bájale a la comida: notarás cómo te enfermas menos.

Hacer ejercicio

No tienes que hacerlo todos los días, pero si haces algo de ejercicio por lo menos tres veces a la semana, no sólo te mantendrás con más energía y dormirás mejor, sino que digerirás mejor tus alimentos, comerás con más apetito, tu sangre circulará mejor, y tus defensas permanecerán en mejor estado para enfrentar las amenazas a las que estamos expuestos a diario. Camina, trota, haz flexiones, estira, haz yoga, artes marciales… Busca algo que te guste y haz de esto un ritual. Te sentirás mucho mejor, envejecerás más lento y extenderás tu tiempo de vida (con calidad, claro).

Exposición al frío

Aunque no lo creas, exponerte a bajas temperaturas permite que el sistema inmune se fortalezca de una manera impresionante. Un médico ruso llamado Sergei Bubnovskiy descubrió que sumergir los pies en agua helada durante un poco menos de medio minuto antes de dormir es un hábito que fortalece las defensas tanto como una buena alimentación, una rutina de ejercicios o una buena higiene de sueño. También existe un método para esto, conocido como Wim Hof, que usa la exposición al frío, la respiración y el ejercicio para lograr este efecto (ver más en este enlace).

Cocina responsable: un must del veganismo

Tal vez uno de los aspectos más interesantes del veganismo es la manera en que se hace del comer, una de las actividades más básicas de nuestra vida, una forma de activismo por los animales y el planeta. Todos sabemos que la industria alimenticia está fuertemente ligada a problemas medioambientales, y que sólo por medio de cambiar nuestros hábitos nutricionales, podemos ayudar mucho a alivianarlos. Ser vegano es un primer paso, y, tal vez, el paso fundamental, pero se puede hacer mucho más: puedes cocinar de forma responsable, y esto abarca una serie de acciones muy positivas, que también pueden ser de mucho provecho para ti. Vamos a ver.

Cocinar sin desperdicios

Te asombrarías de saber cuánto de lo que tiras a la bolsa de basura orgánica podría tener un uso más. Las cáscaras, las semillas, los limones exprimidos, los tallos y raíces del cilantro… Es tremendo. Hoy en día existe una tendencia de rápido crecimiento en el mundo culinario llamada trash cooking, la cual consiste en aprovechar lo que, normalmente, se tira a la basura. Un restaurante tira toneladas de basura orgánica al año (incluso los restaurantes veganos de Medellín, no creas), y este problema se puede minimizar con una dosis de creatividad. Puedes hacer algo tan simple como licuar las frutas viejas para hacer pulpas de jugo (de lulo, de tomate de árbol, de banano, etc.) o para hacer helados. Puedes licuar la cáscara del banano y de los plátanos para hacer batidos muy nutritivos, o para fertilizar las plantas de tu huerta o jardín, y, así, aprovechar todo ese potasio. Puedes usar los residuos del café para exfoliarte la piel, o para compostarlo y aportarle nitrógeno a tus plantas. Puedes usar las cáscaras de varias verduras (pepino, zanahoria, tomate, remolacha, zucchini, etc.) para preparar un fondo con el que podrás cocinar después. Puedes usar la cáscara de una mandarina para cocinar cualquier cosa a las brasas (y te quedará absolutamente espectacular). Puedes hacer un pesto de cilantro o de perejil, aprovechando incluso los tallos y las raíces (que son comestibles), y no te arrepentirás. Es cuestión de buscar en internet para encontrar miles de resultados, como este

Cero plástico

Haz un ejercicio. Consigue una botella plástica, ojalá una de gran tamaño. Y, en la medida en que vayas cocinando y comiendo por ahí, lleva todo el plástico, así como todas las envolturas no reciclables y notarás la cantidad de basura que acumulas. Sí, incluso siendo vegano. Por esta razón, algo que puedes empezar a hacer es dejar de llevar alimentos y otros productos empacados en envolturas innecesarias (la caja de cartón de la crema de dientes, por ejemplo…), y evitar algunos con radicalidad, como el poliestireno expandido. Lleva tu propio pocillo de café a tu oficina (sólo imagina cuánto plástico ahorrarías al año). Usa cubiertos de bambú al salir a comer, pitillos metálicos lavables, bolsas ecológicas para ir a mercar. Esa sumatoria de detalles hará una diferencia significativa.

Verduras y frutas deformes

Es triste, pero muchas personas dejan de llevarse algunas frutas y verduras por deformidades. Porque no se acercan a la idea que tienen de una zanahoria perfecta, de un pimentón de revista, de un calabacín listo para preparar. Si la fruta o la verdura está deforme, esto no significa que no es apta para el consumo humano. La naturaleza es así, y no tiene nada de malo. Muchas frutas y verduras se echan a perder en los supermercados sólo por esta razón, y es comida que se deja de comer, esfuerzo humano desperdiciado, combustible quemado para nada. La gente desconoce todo el trabajo que hay detrás de los vegetales exhibidos en las estanterías: elegir los que pocos se llevan es una forma de recompensar todo eso. Así que hazlo.

Conservación de los alimentos

Saber conservar tus alimentos es la manera más básica de no volverlos a comprar. En serio: muchos alimentos se pierden por permanecer en malas condiciones de conservación. ¿Cuántas veces has tenido que tirar a la basura unos limones, unos tomates o unas raíces de alfalfa porque les ha crecido una capa de moho encima? Es cuestión de practicidad y eficiencia. Cuando llegues de hacer las compras, lava bien las frutas y las verduras, guárdalas en los lugares adecuados de tu nevera o alacena y aprovecha estos tips. De esta manera, desperdiciarás menos alimentos.

Huerta urbana
Cosechar tus propios alimentos, o, por lo menos, unos cuantos de ellos, es una manera de contribuir con la disminución de emisiones de CO2, y por una sencilla razón: nadie tiene que transportarlos hasta tu casa, hasta el supermercado, hasta la tienda, nada. Están cerca de ti. Tú puedes controlar la forma en que los fertilizas, en que los proteges de plagas, hongos y demás amenazas, y puedes aprovechar el compost. En realidad, no necesitas mucho espacio para cultivar una cantidad asombrosa de frutas, germinados y verduras. Puedes construir huertas verticales, para ahorrar espacio, de modo que aproveches todo el que tengas en tu balcón, terraza o jardín (o el de tu lugar de trabajo, ¿por qué no?).