Tres recetas fáciles para preparar durante la cuarentena

No hay mucho qué hacer durante las horas de cuarentena. Trabajas (si puedes), organizas tu casa, ves televisión, revisas tu celular, pasas tiempo con tu familia, sacas al perro (si tienes)… reflexionas. El tiempo pasa lento, pero pasa, y es mejor no desperdiciarlo. Esta cuarentena es una excelente oportunidad para cambiar tus hábitos alimenticios, en caso de que no te estés alimentando de forma saludable. También es una buena oportunidad de refinar tus habilidades culinarias. En este post, hablaremos de tres recetas fáciles, deliciosas y saludables que puedes preparar durante la cuarentena, e incluso puedes porcionar para guardar, de modo que tengas almuerzos asegurados durante una semana entera.

Sopa de auyama, papa y zanahoria en pan cook

Muy agradable para una noche fría, para acompañar tus series favoritas. Para la sopa, necesitarás un pan redondo (lo puedes preparar, ya verás cómo), media libra de auyama, una zanahoria, dos papas medianas, dos dientes de ajo, media cebolla blanca, cien mililitros de leche de coco, una cucharadita de comino, otra de cúrcuma, otra de pimienta y otra de sal.

Lo primero que debes hacer es trocear la auyama, la zanahoria y las papas. Con un chorrito de aceite, sofríe en una olla las cebollas y el ajo, luego añade la auyama, la zanahoria, y, por último, las papas. Sazona con el comino, la sal, la cúrcuma y la pimienta. Cuando todo esté dorado, añade un chorro de leche de coco, espera un minuto y pasa todo a la licuadora. Cuando tengas una mezcla homogénea, pasa todo de nuevo a la olla y añade el resto de la leche de coco. Espera hasta que esté espesa (si no la quieres tan espesa, añade un poco de agua) y listo. Si te gusta, puedes añadir un poco de nueces o maní triturado por encima.

Para el pan, necesitarás una libra de harina de trigo, ocho gramos de sal, cinco gramos de panela en polvo, dos gramos de levadura activa y una taza y media de agua. Lo que debes hacer es verter la harina, la sal, el azúcar y la levadura en un bowl (debe ser grande). Revuelve bien. Añade el agua, revuelve bien hasta que todo esté bien integrado. necesitas una pasta homogénea. Tapa con un trapo limpio durante ocho horas para que crezca la masa. Pon el bowl en un lugar cálido, pero que no le dé el sol directamente. Pon un poco de harina sobre tu mesón de cocina y en tus manos, saca la masa y amásala un poco hasta que esté compacta. Haz una bola. Precalienta el horno a doscientos, arriba y abajo. Pon la masa en una cazuela apta para horno (sin mangos plásticos) durante quince minutos con tapa y otros quince minutos sin tapa. Saca el pan, espera a que se enfríe un poco, corta la parte de arriba, y, con un cuchillo, abre un hueco a modo de plato. Vierte tu sopa caliente y listo.

Lasaña de berenjenas y calabacín en salsa pomodoro

Para esto, necesitarás un sobre de lasaña, un molde refractario, dos berenjenas grandes, dos calabacines, una libra de tomates, cien gramos de queso vegano rallado, una cebolla, media cabeza de ajos, un puñado de albahaca, una pizca de tomillo, una de orégano y otra de romero. Sal, azúcar y pimienta al gusto.

Lo primero es la salsa. Pela los tomates, trocéalos y ponlos en una olla con un chorrito de aceite de oliva. Ellos soltarán sus jugos, y con estos se hará la salsa. No añadas agua. Saltea la cebolla y el ajo en una sartén y luego añádelos a los tomates (cuando ya haya un poco de jugo en el fondo). Añade las hierbas, la sal, el azúcar y la pimienta. Revuelve, revuelve, revuelve. Licuas, añades la albahaca, licuas de nuevo y ya está. Si hace falta reducir, llevas la salsa a la olla de nuevo y la dejas en fuego medio durante el tiempo que haga falta.

Ahora, las berenjenas. Pélalas, córtalas en láminas y espolvorea un poco de sal por ambos lados. Déjalas sobre un colador mientras estás cocinando la salsa. En la sartén en donde salteaste la cebolla y el ajo, las salteas junto a los calabacines en rodajas, un poco por ambos lados.

Pasa cada lámina de lasaña por agua tibia y empieza a hacer capas en el molde refractario: pasta, berenjena, salsa. Pasta, calabacín, salsa. Al final, riega toda la salsa sobrante y haz una capa del queso vegano rayado. Precalienta el horno a doscientos grados y hornea la lasaña durante unos cuarenta minutos. Y ya está.

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Cazuela de lentejas

Esta es la más fácil y alimenta muy bien. Necesitarás una taza de arroz, dos de agua, una taza de lentejas, un cubito de caldo de verduras, una cucharadita de comino, dos papas medianas, un puñado de las verduras de tu elección, tres dientes de ajo, una cebolla pequeña, cuatro cucharadas de pasta de tomate, una hoja de laurel, sal y pimienta al gusto.

Trocea las papas, cocínalas en agua con sal y saltéalas en aceite.

Prepara el arroz. En una olla, pon a sofreír la cebolla, los ajos y el tomate. Cuando estén dorados, los metes a la licuadora y devuelves ese guiso a la olla. Añade las lentejas, cúbrelas con un poco de agua y espera media hora hasta que se cocinen bien. Trocea las verduras y añádelas.

En un bowl, sirve así. Una cama de arroz, lentejas encima, y, sobre estas, las papas y las verduras. Acompaña con un jugo rico en vitamina C para aprovechar todo ese hierro.

Buen apetito. Recuerda ayudar a los restaurantes veganos de Medellín durante estos momentos duros. Puedes pedir algo a domicilio, ¡no tiene que ser todos los días!

Dos alucinantes recetas de cuscús (Vegano)

El Cuscús es un plato originario del norte de África, muy común en la gastronomía marroquí. La base del plato es sémola de trigo cocida, mezclada con ingredientes que varían de región en región. Tradicionalmente, el cuscús más típico lleva carne, pero es muy fácil replicarlo de manera que sea por completo vegano. La idea es que, además de usar la sémola de trigo para combinarla de la mejor forma con otros ingredientes, haya cremosidad, sabores especiados y un buen balance aromático. Vamos a ver dos recetas que funcionan muy bien y que no te resultarán difíciles.

Cuscús con tajine

Esta receta no es sólo nutritiva y barata: es deliciosa. Puedes hacer un excelente plato con ingredientes muy fáciles de conseguir, que puedes encontrar en los mercados saludables de Medellín sin mucho lío. Se trata de un plato de garbanzos asados, y ​​finamente sazonados, con coliflor y auyama, sobre una cama de cuscús esponjoso de naranja. Este saludable plato vegano está coronado por una cremosa salsa de menta.

Para esto, consigue media cabeza de coliflor, doscientos gramos de garbanzos, una cebolla morada, ciento cincuenta gramos de auyama, tres cucharadas de paprika, una cucharada de sal, una cucharadita de canela, otra de comino, un cubo de caldo de verduras, un chorrito de aceite de oliva, el zumo de una naranja, doscientos gramos de cuscús, cincuenta gramos de nueces (las que prefieras), cuarenta gramos de pasas, un chorrito de vinagre de frutas, dos dientes de ajo, un manojo de hojas de menta, el zumo de un limón, dos cucharaditas de miel de caña (o de azúcar), cien gramos de ajonjolí (si puedes conseguirlo en pasta, mejor), cien mililitros de agua y un chorrito de leche vegetal (la que más te guste).

Primero, corta la coliflor en pequeños trozos. Pon a pitar los garbanzos durante una hora (remójalos desde el día anterior) en agua con sal. Pela y corta la cebolla. Corta la auyama en cubos. Desde la noche anterior, mezcla todas las especias (incluyendo la sal) con el aceite de oliva y déjalas en la nevera. Precalienta el horno a doscientos. Pon la mezcla en un molde y hornea por cuarenta minutos. Revuelve a los 20 minutos. Sofríe la auyama y la coliflor con aceite, sal y pimienta. Si quieres, añade un poco de limón por encima.

Mientras tanto, hierve el zumo de naranja y los cien mililitros de agua con media cucharadita de sal en una cacerola pequeña a fuego alto. Retira la sartén de la estufa, añade el cuscús, revuelve todo bien y tapa. Deja el cuscús en remojo durante al menos diez minutos. Mientras tanto, asa las nueces en una sartén (sin aceite, ni nada) a fuego medio durante unos cinco minutos. Retira de la sartén y déjalas descansar. Luego, pela los dos dientes de ajo. Corta la menta. Hierve el zumo del limón y redúcelo un poco. Después, haz un puré con el ajo, el limón, la menta, el ajonjolí, agua y la leche vegetal. Sazona con sal y pimienta, y deja eso en un plato hondo.

Ahora, afloja el cuscús con un tenedor y rompe los grumos. Mezcla las nueces y las pasas con el cuscús. Y sirve: una cama de cuscús, la coliflor y la auyama encima, y baña todo con la salsa verdosa del plato hondo. Y sale.

Bulgur con vegetales

El Bulgur es la versión turca (de hecho, del Medio Oriente) del Cuscús. Los árabes y los otomanos han mezclado granos de trigo cocidos con muchos otros ingredientes (en la ensalada, para hacer Tabule, por ejemplo), pero hay ligeras modificaciones que hacen que ambas gastronomías sean muy diferentes (y maravillosas, por esto). Veamos una preparación muy interesante de Bulgur con vegetales, muy a la turca.

Necesitarás ciento cincuenta gramos de sémola de trigo, medio calabacín, medio pepino, un cuarto de cebolla de puerro, diez gramos de brócoli, doscientos cincuenta mililitros de agua, un cuarto de cubo de caldo de verduras, dos cucharadas de yogur de soya, un chorrito de aceite vegetal, un manojo de perejil, una pizca de romero en polvo, una cucharadita de paprika, pimienta y sal al gusto.

Lava las verduras, córtalas en cubitos y déjalas separadas en la tabla de picar. Primero sofríe el puerro con un poco de aceite. Luego, agrega las verduras restantes, añade un poco de agua y el caldo. Tapa y dejar hervir a fuego lento. Mientras tanto, lava el trigo y cocínalo como arroz (dos de agua por cada taza) con una pizca de sal. Cuando empiece la ebullición, cuenta cinco minutos y apagas. Deja la olla cerrada, sin tocar.

Una vez que las verduras estén cocidas, haz un puré con ellas. Puede que tengas que agregar un poco de agua. Eso depende de cada caso, pero busca que la textura sea sedosa. Luego, sazona la salsa con yogurt de soya y con sal, pimienta, romero y paprika. Afloja el trigo con un tenedor, porque siempre se hacen grumos. Pica el perejil muy finito. Para servir, haz una montañita de trigo, los vegetales en puré van encima, y luego el perejil. Puedes acompañar con un poco de aceite de ajonjolí y pan pita.

Buen provecho.

Receta Vegana: Cómo preparar un menú de espinacas ‘like a boss’

Uno de los requisitos fundamentales de un vegano, además de saber cocinar (pues no todos los días tendrás con qué ir a comer a los restaurantes veganos de Medellín), es aprender a usar los alimentos de diversas maneras. Hoy vamos a hablar de un producto de la madre tierra que ha sido bastante mencionado en otras de nuestras publicaciones: la espinaca. Esta planta, además de tener un sabor delicioso, es bastante nutritiva, y, al mismo tiempo, bastante versátil a la hora de cocinar. Con espinacas puedes preparar tortas, infusiones, lasañas, salsas, batidos, moldes… no sólo ensaladas. Así que vamos a preparar un menú sencillo usando espinacas: una sopa y unas quesadillas rellenas. Un menú delicioso, novedoso y que te dejará satisfecho.

Sopa de espinacas

Aunque este es un clásico de la comida colombiana, la sopa de espinacas puede tener todas las variaciones que se te puedan ocurrir. Esta receta es muy europea, pues se prepara con papas. Es perfecta para noches frías, pues debe servirse bien caliente. Te reconfortará el alma.

Los ingredientes que necesitarás no son difíciles de conseguir una libra de papas nevadas o criollas, una cebolla blanca, un diente de ajo, cinco cucharadas de aceite vegetal, una libra de espinacas, media libra de arvejas, quince gramos de menta, un litro de caldo de verduras, ciento cincuenta mililitros de leche de coco, una cucharada de ajonjolí, sal y pimienta al gusto.

En primer lugar, lava muy bien las papas (si quieres, las pelas, pero la cáscara es muy nutritiva). Corta la mitad de ellas en cubos pequeños, y, el resto, en mitades iguales (recuerda que esto es importante para que se cocinen bien al tiempo). Pela y pica la cebolla y el diente de ajo en trozos muy pequeños. Lava las espinacas y retira el tallo si las hojas son muy grandes, pues las hojas importan más en este caso. Arranca las hojas de la menta y lávalas muy bien.

Luego, calienta una cacerola grande con tres cucharadas de aceite y sofríe los trozos de papa gruesa durante unos cuatro minutos. Después, agrega la cebolla y el diente de ajo, y sofríe por unos dos minutos. Salpimienta la preparación a tu gusto (recuerda que las papas absorben mucha sal).

Agrega las arvejas y la menta, y luego el caldo. Mezcla todo muy bien y lleva todo a ebullición. Agrega las espinacas y deja hervir a fuego lento durante unos doce minutos. Déjalo hervir a fuego lento hasta que las papas estén listas. Ahora haz un puré con ellas hasta que esté suave, y después agrega la leche de coco y sazona con sal y pimienta.

Sofríe los cubitos pequeños de papa en una sartén con dos cucharadas de aceite hasta que estén crujientes. Salpimienta otra vez. Sirve la sopa con los cubitos de papa por encima, junto con las hojas de menta, un poco de leche de coco y ajonjolí.

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Quesadillas de espinacas

Hay ingredientes que todo vegano debería tener a la mano porque pueden servir para una preparación rápida y práctica. Uno de estos son las tortillas, en su mayoría hechas de trigo, pero las de maíz también son bastante útiles. Las puedes comprar, o las puedes hacer. Usando las tortillas como base, podrás resolver un almuerzo o una cena en pocos minutos: flautas, burritos, chilaquiles, etc. Pero, así como lo hacen los mexicanos y los centroamericanos, sirven para comer lo que queda en el plato, pues las tortillas se pueden rellenar con casi cualquier cosa, y todo saber mejor con ellas. Vamos a ver cómo te va con un delicioso relleno de espinacas.

Busca unas cuatro tortillas, pueden ser de trigo. Una cebolla, dos dientes de ajo, media libra de espinacas (de nuevo, usa las hojas), cien gramos de marañones frescos, cincuenta mililitros de agua, tres cucharadas de mayonesa vegana (si te gusta), cincuenta gramos de maní tostado, una cucharada de levadura activa, una pizca de pimienta roja, una de pimienta negra, una de pimentón ahumado y sal al gusto.

Y bueno, la preparación. Pela y pica finamente la cebolla y el ajo. Calienta el aceite en una sartén y saltea la cebolla y el ajo hasta que se estén transparentes. Luego, saltea las hojas de espinaca durante unos dos minutos. Sazona al gusto con sal, pimienta negra, el maní molido y la pimienta roja.

Haz un puré con los marañones (debes remojarlos en agua con la levadura durante toda la noche), y, si es de tu gusto, con la mayonesa vegana en la licuadora para obtener una mezcla suave y sedosa. Agrega el puré de marañones a las espinacas en la sartén y mezcla bien. Pica y revuelve bien, y sazona al gusto.

Ahora toma una segunda sartén grande y calienta un poco de aceite. Pon una tortilla en la sartén y riega la mitad de la mezcla de espinacas y marañones. Pon una segunda tortilla encima y presiona suavemente. Dorar en ambos lados, sin dejar que se queme. Luego, retira la quesadilla de la sartén y repite con las tortillas y el relleno restante. Deja que la quesadilla se enfríe durante aproximadamente dos minutos. Luego, córtalos en trozos y sirve.

Una alucinante y creativa receta de pasta

Existen algunos mitos sobre la pasta. Por un lado, que es muy fácil de hacer; y, por otro, que una buena pasta es quizás uno de los platos más complicados. Pues bien: ni lo uno, ni lo otro. Es cuestión de tener una buena receta, de saber manipular bien este elemento y de tener precaución con los tiempos de cocción. Eso, y una buena salsa. Es este caso, vamos a hablar de una receta de lasaña que nunca te imaginarías que podría ser concebida en la imaginación humana: una sopa de lasaña. Sí, tal y como lo lees. Una sopa de lasaña es perfectamente posible, y puede ser bastante deliciosa. Es algo que quizás nunca verás en los restaurantes veganos de Medellín, pero que podría estar presente en sus maravillosos menús.

Y bueno, la base de esta receta es, por supuesto, una receta estándar para una lasaña vegana. Con el sustituto de carne picada, puedes elegir una alternativa para sustituir la proteína (hay, miles de opciones, desde gránulos de soja que están empapados hasta sustitutos listos para asar de soya, tofu o lentejas, entre otros). La salsa es simplemente una variante más fluida de la capa de lasaña habitual, en la que las láminas de la lasaña también se pueden cocinar directamente, aunque también se puede hacer en trozos pequeños hasta que estén blandos. Para que la sopa no pierda la potencia de la salsa y te quede bastante insípida, que sólo sepa a caldo de verduras, definitivamente debes usar un chorrito de vino tinto (no tiene que ser el más caro del estante), salsa de soja y pasta de tomate (que puedes preparar desde cero, o comprar lista en el supermercado). Estos tres ingredientes juntos producen un sabor umami muy interesante, que caracteriza a las buenas lasañas de la gastronomía italiana.

Antes de eso, algunas recomendaciones. En cuanto al emplatado, también tienes un amplio abanico de opciones. Podrías usar un molde de cerámica grande, algunos individuales (esta receta es perfecta para tres personas con buen apetito), o podrías usar moldes metálicos de aluminio reciclable, que hacen que el proceso de cocción sea mucho más uniforme, y, de hecho, un poco más corto. Eso sí: el recipiente en donde vas a preparar tu lasaña representa siempre un caso concreto a la hora de calcular la temperatura y el tiempo de cocción en el horno. La idea no es precocinar nada de lo que vas a preparar aquí. También es importante dividir bien las láminas de la lasaña poco antes del final del proceso de toda la receta y luego dejarlos cocinar directamente en el líquido de la sopa. Si esto lo hace demasiado viscoso, simplemente agrega un poco de agua o caldo de verduras.

Los ingredientes que necesitarás son ocho láminas de lasaña, quinientos gramos de proteína (la de tu elección, pero si quieres usar fríjoles de soya secos, sólo usa media libra). Necesitarás una cebolla entera, un diente de ajo, dos zanahorias, un apio (tallo y hojas), una cucharada de salsa de soya, cuatro cucharadas de pasta de tomate, una cucharada de miel de agave, dos cucharadas de albahaca seca, dos cucharadas de orégano seco, dos cucharadas de pimienta negra, una cucharada de pimentón en polvo (ahumado, si es posible), cien miligramos de vino tinto, quinientos gramos de tomates, un litro de caldo de verduras, quince gramos de albahaca fresca, aceite vegetal, sal, parmesano y yogur vegano y pan para acompañar al final.

Vamos con la preparación. En primer lugar, debes pelar y picar la cebolla y el ajo. Pica finamente las zanahorias y el apio. Si usas fríjoles secos de soya, debes remojarlos en este momento de la preparación (y, si puedes, desde por la mañana). Bueno, la proteína vegana y las cebollas se fríen en paralelo con un chorrito de aceite. Este último, caliéntalo en una sartén a fuego medio y dora la proteína durante unos cinco minutos hasta que esté bien sellada. No tiene que quedar seca, cuidado. Agrega la salsa de soya y sofríe por otros dos minutos, y apaga el fuego.

Al mismo tiempo, calienta un poco más de aceite vegetal en una cacerola grande y saltea la cebolla cortada en cubitos a fuego lento durante unos cuatro minutos hasta que estén vidriosos, luego agrega el ajo y sofríe por otro minuto. Agrega la pasta de tomate y la miel de agave (o de caña, si prefieres) y sofríe sin dejar de revolver durante unos tres minutos para que la pasta de tomate se vuelva más oscura y tenga un poco más de cuerpo. Agrega las zanahorias, el apio, el orégano seco, la albahaca, la pimienta negra y el pimentón en polvo y sofríe todo durante unos cinco minutos a fuego alto.

Agrega un chorro de vino tinto (sé generoso, pero no toda la botella…) y luego añade los tomates previamente pelados y cortados en cubitos, el caldo de verduras y la proteína que ya has preparado en la sartén. Lleva todo a ebullición y cocina a fuego lento durante un cuarto de hora.

Aquí es donde debes cortar las hojas de lasaña seca. Agrégalas a la sopa junto con la albahaca fresca. Deja que la sopa siga hirviendo a fuego medio hasta que las láminas de lasaña estén al dente (ojo: esto es un punto medio entre crudas y “cauchudas”), y recuerda que este proceso sólo toma unos cinco minutos. Sazona la sopa otra vez si le hace falta sal o cualquier otro condimento.

Y bueno, es hora de servir. Sirve la sopa con una cucharada de yogur vegetal y espolvorea el parmesano vegano y albahaca fresca. Corta una rebanada de pan y acompaña con un poco de vino.

Guía básica de elaboración de cerveza artesanal (parte 3)

Este es el último post de esta serie. Vamos a aprender a modificar algunos pasos en el proceso básico que ya hemos mencionado (pale ale), para producir otro tipo de cerveza: porter con mucho sabor y notas achocolatadas que te encantará. Es un poco más fuerte y amarga que las cervezas lager o ale.

Una de las claves para elaborar este tipo de cerveza es el uso de cebadas y lúpulos más fuertes, con más carácter, que, por supuesto, le darán mucha complejidad al producto final.

Ingredientes

En cuanto a las maltas que vas a usar (para unos veinte litros de cerveza), consigue cuatro tipos diferentes, como la black patent crisp (unos trescientos gramos), una crystal crisps (trescientos gramos), una chocolate crisps (doscientos cincuenta gramos) y una perlada, que será la base (unos cuatro kilos). Añade hojuelas de avena (unos trescientos gramos).

Usa dos tipos de lúpulo. Recuerda que uno le da el amargo y el otro le da el aroma y el resto de notas. Puedes usar, por ejemplo, uno tipo inglés, como el East Kent Golding (unos cuarenta y cinco gramos) y uno americano como el Cascade (unos treinta y cinco gramos).

La levadura puede ser una de cerveza, o una activa, pero puedes preguntar en los mercados saludables de Medellín por una SAF Ale (unos veintitrés gramos).

Maceración

Si puedes, usa agua mineral. Recuerda esterilizar todos tus instrumentos (tus manos también, todo el tiempo). Muele las maltas y pésalas. Deberías tener un poco más de cinco kilos de grano molido. Usa unos dieciséis litros de agua). Calienta el agua a unos setenta grados y llévala a una nevera de camping. Vacia la mezcla de grano molido para que descienda a unos sesenta y siete grados. Revuelve bien para airear la mezcla. Cierra la nevera y espera unos noventa minutos.

Lavado

Aquí hay que usar cuatro litros de agua caliente (a setenta grados) y lavar todo el grano. Recuerda que aquí no debes perder el tiempo porque si se enfría el agua puedes dañar el proceso. Usa un colador y rocía el agua que has puesto a calentar sobre la mezcla de la nevera en forma de lluvia hasta que acabes el contenido de la olla. Luego, cuela todo el grano y vas rociando sobre él el mosto (recuerda, es el líquido turbio). Deja que caiga todo sobre la olla en donde calentaste el agua hasta vaciar todo lo que tengas en la nevera. Cuela todo el grano de nuevo y vacia todo el mosto a la nevera, lavando, y luego, todo va a la olla, pero, esta vez, cuela todo en un filtro de tela para que el mosto quede completamente limpio. Este grano se puede usar para preparar pan. No lo desperdicies: tómalo como un acto de cocina responsable.

Cocción

Vas a dejar calentar ese mosto en fuego alto durante unos noventa minutos. Con una cuchara, remueve la espuma y retírala. A los noventa minutos, añade el primer lúpulo (puede ser el americano) y espera una hora de cocción más (la olla debe estar tapada). Cuando termine, añade el otro lúpulo, apaga el fuego y vamos a enfriar la mezcla. Usa una caneca con agua helada (ojalá con hielo o con botellitas de agua congeladas) y espera hasta que la temperatura descienda a unos veinte grados. El paso final es pasar todo el contenido al fermentador a través de un filtro de tela. Vas a notar un aroma muy agradable.

Fermentación

Puedes usar un botellón de agua vacío. Una vez hayas vaciado todo el mosto de la olla a este recipiente, revuelve bien para airear la mezcla y añade la levadura. Cierra muy bien. La tapa debería tener la trampa de aire (o airlock). Recuerda añadir un poco de agua a esta trampa de aire para que puedan pasar las burbujas del CO2 que produce la levadura, pero que no entre absolutamente nada al botellón, y, así, no se arruine por completo el proceso de fermentación con agentes contaminantes indeseados (que viven en el aire que respiramos). Este proceso durará unos siete días. Notarás que ya no hay burbujas en la trampa de aire, y esta es la señal de que la levadura ha hecho gran parte del trabajo: se ha consumido los azúcares contenidos en el grano molido que has usado en la mezcla inicial, y que has separado durante el proceso de lavado.

Embotellado

Recuerda que por cada litro de cerveza embotellada, deberás usar un poco más de azúcar adicional para que la levadura termine su proceso de fermentación. Por cada litro, usa seis gramos de azúcar. Deja la cerveza embotellada durante unas cinco semanas en un lugar de tu casa en donde la temperatura no ascienda de unos dieciocho grados celsius. Luego, ya estará lista para tomar. Notarás un poco de sedimento en el fondo de cada botella: es normal, no te preocupes. Esta será una cerveza espumosa, fuerte, que se debería servir al clima.

Y bien, con esto, terminamos esta serie de tres posts sobre elaboración de cerveza artesanal. Recuerda que las posibilidades son infinitas, dependiendo de los tipos de cebada que uses, los tipos de lúpulo, los tiempos de cocción, fermentación y maceración.

Guía básica de elaboración de cerveza artesanal (parte 2)

En el post anterior, hablamos de los primeros pasos para elaborar una cerveza artesanal tipo pale ale. En este, vamos a continuar con el proceso, desde la ebullición hasta el embotellamiento del producto final. Pero antes, ¿sabías que la cerveza tiene múltiples beneficios? Siempre y cuando se tome con moderación (como todo en la vida), la cerveza puede aportarte un montón de cosas buenas, además de refrescarte y ayudarte a relajar después de un día duro. Por un lado, un vaso de cerveza al día ayuda a controlar los niveles de colesterol. Por otro, es una fuente de antioxidantes y de algunas vitaminas (como la B6), que le ayudará a tu sistema circulatorio a mantenerse sano y fuerte. De hecho, se sabe que tomar un poco de cerveza todos los días hace que tu cuerpo evite sufrir de paros cardiorespiratorios. Y bueno, también se sabe que la cerveza potencia la actividad creativa (siempre y cuando sea un solo vaso…).

Sigamos con los pasos de elaboración de tu cerveza artesanal. El resultado final será digno de los mejores restaurantes veganos de Medellín.

Ebullición

Lo que vas a hacer aquí es pasar todo el mosto, mezclado con el resto de agua caliente a una olla vacía. Recuerda que esta debería ser cilíndrica y alta, como las del sancocho en la calle. Esta forma será importante para que la fermentación se lleve a cabo en la superficie y no en las partes bajas de la olla. Es fundamental que cueles muy bien el grano que usaste en los pasos previos. Hazlo poco a poco, pero hazlo muy bien. Una vez hecho esto, ponlo en la estufa y espera unos diez minutos, hasta que empiece a hervir. Cuando esto suceda, añade el primer lúpulo (usa uno challenger, por ejemplo), y procura que sea unos quince gramos. El lúpulo es una flor que ha sido usada por milenios para la elaboración de la cerveza y es el responsable del sabor amargo (y agradable) de esta. Cuenta una hora desde que empiece a ebullir. Durante este proceso, se perderá algo de agua, pero no importa. Cuando se cumpla esa hora, apaga la estufa y añade los otros dos lúpulos (o el otro, si sólo estás usando dos tipos). Estos lúpulos adicionales son los que le darán el aroma y sabor a la cerveza, y, por esta razón, es importante que encuentres diferentes tipos de lúpulos.

Revuelve bien y sigue con el siguiente paso.

Enfriamiento

En este paso, tendrás que moverte rápido. Debes bajar la temperatura del agua lo más rápido que puedas. En la caneca más ancha, pon agua y mucho hielo. Si no quieres comprar toneladas de hielo, y también quieres reciclar un poco, puedes llenar botellitas plásticas de agua o de otros refrescos, llenarlas de agua y congelarlas. Servirán exactamente igual que muchos hielos. El punto es que necesitas agua muy fría, y, ahí, pon la olla en donde estuvo ebullendo la preparación. Espera hasta que la temperatura descienda a unos veinte grados celsius, y entonces, la mezcla estará lista para empezar el proceso de fermentación.

El grano sobrante lo puedes utilizar para hacer pan. Si no sabes cómo hacer pan, haz clic en este enlace.

Fermentación

Aquí deberás usar la otra caneca (la de menor tamaño) y el filtro de tela, el cual es una especie de gasa, y debe ser bastante grande, del tamaño de un pequeño mantel (ya verás por qué). Pon el filtro sobre la boca de la caneca y ve pasando el mosto a través de este, hasta pasar todo ese líquido. Cuando termines, revuelve rápido, y en ambas direcciones, para airear la mezcla, pues la cantidad de oxígeno en el líquido será bastante necesaria para el proceso de fermentación. Una vez hecho esto, añade la levadura. La levadura es activa, como la que se usa en panadería, y necesitarás diez gramos para esta preparación (en relación con la cantidad de grano que hemos utilizado).

Es importante que la tapa de la caneca se cierre muy bien. No debe entrar más aire que el que ya está en la caneca. Una cantidad extra de oxígeno podría dañar por completo la fermentación. Podrías usar una abrazadera, que puedes encontrar en un almacén de insumos químicos. Esa tapa debe tener un agujero en toda la mitad, y, por ahí, debes introducir la trampa de aire, o airlock, que también puedes comprar en ese lugar (o lo puedes hacer). Para abrir el agujero, sólo debes usar un taladro, y, luego, calentar un clavo grueso y ampliar un poco la abertura, hasta que pase el airlock (y este debe estar muy ajustado, para no dejar pasar el CO2 de la fermentación). Añade un poco de agua en la trampa de aire. Notarás que empieza a sacar burbujas poco a poco, y esto significa que la levadura se está comiendo los azúcares de la cebada y está expulsando gases. Aquí es donde se produce la magia. Este proceso debería durar una semana exacta, que es cuando la levadura ha dejado de trabajar..

En el próximo post, aprenderás a calcular el nivel de alcohol.

Embotellamiento

Este es el paso final. Si quieres, consigue algunas botellas de vidrio, y procura que no sean de vidrio claro (pues el vidrio oscuro ayuda a que la cerveza se conserve mejor). Esteriliza todos los envases en agua hirviendo, y, cuando estén fríos, procede a envasar. Puedes usar tapas herméticas o las de envases de cerveza (estas, así como el mecanismo para cerrarlas, se pueden comprar por internet). Añade seis gramos de azúcar morena por litro. Dependiendo de la capacidad de cada botella (mídela antes), calcula la cantidad de azúcar. Para envasar, vuelve a usar el filtro de tela, de modo que no quede ningún sedimento en las botellas. Cierra y almacena durante unas cinco semanas. La temperatura a la que deben permanecer es de dieciocho grados, como mínimo. Refrigera después de este tiempo, abre y disfruta.
En el próximo post, hablaremos de algunas modificaciones en el proceso, si deseas producir otros tipos de cerveza, como la porter.

Guía básica para elaborar cerveza artesanal (Parte 1)

El asunto del alcohol causa ciertas divisiones en la comunidad vegana. Algunos dicen que, debido a que la tolerancia a esta sustancia es mucho menor en los organismos veganos, estos no deberían consumir este tipo de productos. Otro sector de la comunidad, como PETA, dice que no sólo consumir cerveza es más saludable que tomar leche, sino que, de hecho, tomar cerveza (artesanal, preferiblemente) es bastante bueno para el organismo. Aunque todo consumo (incluso, el agua) debería hacerse con moderación, tomarse una cerveza bien fermentada cada día puede favorecer a la flora intestinal, aportarte electrolitos al igual que una bebida hidratante y nutrirte, cuando se ha elaborado con granos de calidad. Nuestros ancestros europeos (y los indígenas, también, a su manera, con la chicha de maíz) tomaron mucha cerveza a lo largo de sus vidas.

En este post, el primero de una serie de tres, veremos de manera práctica y simplificada cómo se elabora una cerveza tipo pale ale artesanal, con muy pocos elementos, de modo que la podrías preparar en casa, con un instrumental muy básico.

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Ingredientes e instrumentos

Los primeros, los podrás conseguir fácilmente en cualquiera de los mercados saludables de Medellín. En primer lugar, cebada (ojalá de dos tipos: malteada y cervecera), segundo, el lúpulo (si puedes, consigue de dos o tres tipos diferentes), media libra de azúcar morena, y, por último, la levadura activa (un sobre de diez gramos). Esta es la base de cualquier cerveza, y ha sido así por miles de años, desde que se inventó en Egipto (o, mejor dicho, se descubrió por accidente y se refinó el proceso).

Los instrumentos, además de que deberías tener algunos de ellos en tu cocina, no son difíciles de conseguir. Una nevera plástica, ollas, colador, colador de tela, una caneca plástica (de basura), una caneca más ancha (también puede ser de basura), una abrazadera, y un airlock (que puedes comprar en una tienda de insumos químicos, o incluso por internet).

Una recomendación básica: esteriliza todo muy bien para que tu cerveza sea de calidad. Evita la contaminación cruzada a toda costa.

Maceración

Este es el primer paso para empezar a extraer los azúcares del grano. Para eso, puedes utilizar un recipiente profundo y que, al mismo tiempo, mantenga una temperatura más o menos constante. Una nevera plástica (como las que se llevan a la playa) pueden ser perfectas para este propósito. Para un lote de cerveza fácil de manejar, puedes usar unos cinco litros de agua. Caliéntala en la estufa y, con termómetro en mano, espera hasta que alcance una temperatura de setenta y dos grados celsius. Deberías ser muy estricto con este tipo de variables porque se necesita una temperatura entre sesenta y siete y sesenta y nueve grados, la cual es perfecta para el proceso de fermentación, y a esto descenderá la temperatura del agua una vez añadas el grano. Lo siguiente será añadir el grano. Procura meter un tipo de cebada a la vez, y revuelve muy bien y muy despacio, pues, de esta manera, el agua caliente va a desprender los azúcares de la cebada y esto será particularmente importante cuando añadas la levadura después (estos azúcares serán su alimento). Mide la temperatura de nuevo: debería estar alrededor de sesenta y siete grados celsius. Una vez te cerciores de esto (y, por esto, no debes perder ni un segundo durante el proceso), tapa el recipiente y deja que el grano permanezca en contacto con el agua caliente mientras vas haciendo otras cosas.

El lavado

En este paso, controla muy bien las cantidades y temperaturas para no afectar el resultado. Pon a calentar más agua, unos diez litros, en una olla que, además de ser cilíndrica, debería ser alta (como las que se usan para preparar sancochos caseros en la calle). Espera hasta que el agua alcance una temperatura de setenta y cinco grados celsius (se puede subir hasta setenta y siete, máximo). Esta agua terminará de extraer los azúcares de los granos que han permanecido en maceración en la nevera. Lo que debes hacer es usar un recipiente adicional, ir sacando el grano de la nevera, y lo vas depositando sobre un colador. Deja que el líquido caiga sobre el recipiente adicional. Este líquido se llama mosto, y es, básicamente, la esencia de la cerveza. No lo botes por nada del mundo.

Cuando termines de colar, vuelve a depositar el grano en la nevera, y, poco a poco, añade el agua que acabaste de calentar. Es importante compensar el agua caliente que se ha perdido durante el proceso de lavado. Y luego, pues repites el proceso: vuelves a sacar el grano, lo cuelas, depositas el mosto en el recipiente adicional, devuelves el grano a la nevera y añades más agua caliente de la olla. Repite esto hasta que acabes con los diez litros de la olla. Así, se extraerá todo el azúcar posible. Recuerda, de nuevo, no perder tiempo para trabajar con agua caliente.

Cuando hayas pasado toda el agua caliente de la olla, añade todo el mosto a la nevera, revuelve bien, y entonces, seguimos con el paso siguiente.

En el próximo post de esta serie, hablaremos del proceso de ebullición, el enfriamiento, la fermentación y el embotellado. No te lo pierdas.

Tacos veganos (y muy mexicanos)

Los tacos, como cualquier otra comida rápida, pueden ser veganos, deliciosos y saludables. Lo más agradable de preparar tacos es que puedes invitar a varias personas, dejar los ingredientes servidos en la mesa, junto a las tortillas, y dejar que todos se sirvan a su gusto. En este post, hablaremos de cómo preparar las tortillas, un buen relleno y una salsa taquera que lo acompañará muy bien. Así, tendrás en tu mesa un plato digno de uno de los mejores restaurantes veganos de Medellín, perfecto para una tarde con familia o amigos. ¡No olvides una buena margarita!

Ver también: Comida Mexicana (y vegana) de verdá verdá

Las tortillas

Lo más fácil será siempre conseguir tortillas de maíz nixtamalizado (es decir: maíz con cal). Si quieres preparar buenos tacos, no uses tortillas de harina de trigo, ni las que se usan para la comida tex-mex. Los tacos mexicanos de verdad están hechos de maíz con cal. Si no logras encontrar este tipo de tortillas (busca en los mercados saludables de Medellín), también las puedes hacer. Será un poco extraño, si no estás acostumbrado a la comida mexicana, pero prepararlas será toda una experiencia. Para esto, necesitarás maíz en grano (el que más te guste, un kilo está bien), agua (tres litros) y cal viva (diez gramos). Esta última, la puedes conseguir en donde se vendan insumos químicos orgánicos (pregunta por una que sea apta para el consumo humano).

Lo primero será poner el maíz en una olla y vertir el agua (debería sobrepasarlo en tres veces su volumen). A un lado, pon la cal en un recipiente y añade agua poco a poco. Revuelve y viértela en la olla del maíz. Debido a la alcalinidad de la cal, siempre será mejor usar guantes, pues tu piel podría ser muy sensible. Deja hervir el maíz con el agua y la cal, y espera a que el agua entre en ebullición. Cuando esto suceda, deja reposar la olla lejos del fuego, tápala y espera hasta el otro día. Notarás que las cáscaras del maíz se han desprendido del grano. Este es el resultado del proceso de nixtamalización. Es una reacción química que le dará al maíz un buen sabor, le desprenderá su cáscara y lo lo hará más digerible.

Retira el exceso de agua y muele en un molino (eléctrico o manual), hasta tener una masa uniforme. De ahí, lo que harás es hacer pequeñas bolitas, aplanar con un rodillo y cortar en redondo (como para hacer una empanada). La tortilla no debería ser muy grande (que no llegue a los bordes de tu mano). Y listo.

El relleno

Lo mejor será ofrecer por lo menos tres opciones, para que cada quien se sirva como quiera, o también pueda tener tres tipos de tacos distintos. Puedes preparar unos champiñones al ajillo, unos fríjoles refritos y unos garbanzos enchilados.

Los champiñones son fáciles: pon un poco de mantequilla de canola en una sartén, luego, dos dientes de ajo triturados, una pizca de tomillo y sal, y un chorrito de vino blanco. Luego, media libra de champiñones en láminas. Revuelve hasta que se hayan encogido un poco (pero no demasiado) y retira del fuego.

Los fríjoles refritos son muy fáciles. Prepara fríjoles, o recalienta unos que ya tengas listos (quedan mejor). Caliéntalos en una olla, añade un poco de pimienta negra, comino en polvo, ají en polvo, una pizca de canela y un poco de perejil. Cuando estén calientes, vuélvelos puré. Listo. Si puedes, usa los caraotas (o negritos), pero te pueden servir de cualquier tipo.

Los garbanzos enchilados no son difíciles. Pon a remojar garbanzos toda la noche, cambia el agua, ponlos en la olla de presión con agua y sal, y déjalos pitar durante una hora. Retíralos del fuego, sácalos y ponlos en una sartén con un poco de aceite y ajo, y añade ají en polvo, pimentón rojo, sal, pimienta al gusto y orégano. Si los quieres muy mexicanos, busca un chile pasilla y un chile guajillo, córtalos en julianas, sofríelos con ajo y aceite, lícualos y úsalos como salsa.

Finalmente, los tacos en México siempre se suelen acompañar con lechuga picada y cebolla en julianas. Si no quieres que la cebolla esté muy fuerte, déjala en agua toda la noche, o en agua caliente durante unos quince minutos.

La salsa

Esta receta se conoce como salsa verde, y es bastante popular en México para acompañar los tacos. Si no la quieres muy picante, añade menos ají, pero déjale un poco de picante, pues esto le dará un tremendo sabor al taco.

Necesitarás tres ajíes jalapeños (si quieres una salsa más fuerte, busca “chiles de árbol”), un diente de ajo, seis tomates verdes, un manojo de cilantro, un cuarto de cebolla blanca, un aguacate entero, sal y pimienta al gusto.

Lo primero, será sofreír el ajo, los tomates y el ají (en julianas) hasta que todo se dore un poco, pero que no se queme para no amargar la preparación. Luego, en la licuadora, añade la cebolla, el aguacate, el cilantro, un poco de agua y mézclalo todo. Después, añade lo que has sofrito en la sartén. Mezcla bien y sirve. Puedes añadir el zumo de medio limón.

Alimentos y recetas para combatir enfermedades respiratorias

Sabemos que durante los cambios de clima, las enfermedades que afectan el sistema respiratorio son frecuentes. La tos, la gripa, la bronquitis, la laringitis… son bastante comunes durante esta época del año. Pero eso no es todo. Sabemos que en la actualidad hay una incipiente epidemia en China, proveniente de la ciudad de Wuhan, conocida popularmente como coronavirus. Se sabe que es bastante infeccioso, que se transmite de persona a persona tal y como se transmite cualquier otra forma de gripe. Con este post, la idea no es generar pánico, sino dar a conocer algunos alimentos y recetas que pueden complementar muy bien los tratamientos (sobre todo, los preventivos) en contra de este tipo de males.

Ver también: Productos y hábitos saludables para fortalecer tu sistema inmunológico

Té de saúco

Esta planta se encuentra en muchos lugares del mundo, y puedes encontrar extractos, flores secas y remedios naturales en los mercados saludables de Medellín. Es una excelente medicina para controlar los síntomas de la gripe y la tos, pero tiene muchos más usos medicinales (es laxante, por ejemplo). Lo que debes hacer es preparar una infusión de la siguiente manera: pon a hervir agua en una olla y espera a que el agua llegue al punto de ebullición. Cuando esto suceda, añade las flores del saúco (no comas los frutos, que son tóxicos) y deja hervir durante unos cinco minutos. Luego, deja enfriar un poco el agua y sirve con un poco de limón y el endulzante de tu preferencia (miel de caña, por ejemplo). Toma tres tazas al día, durante unos dos o tres días.

Té de bugambilias

Esta planta, conocida en nuestro país como curazao, veranera o biflora es muy buena para tratar problemas respiratorios y para bajar la fiebre. Para preparar esta infusión, debes hacer lo mismo que con las flores del saúco. Sólo recuerda lavar bien las flores antes de la preparación, no usar flores viejas o mordidas por insectos y procura que la planta no haya sido fertilizada con sustancias artificiales, como la de florescencia, que venden en supermercados y viveros. El consumo es igual que con el saúco: tres tazas al día, durante dos o tres días.

Té de jengibre

El jengibre, además de ser un poderoso expectorante, tiene propiedades antibacterianas y antivirales. Es muy bueno para fortalecer el sistema inmune. Lo que debes hacer es tomar una pequeña raíz, pelarla, cortarla en trozos, hervir agua, y cuando esta esté hirviendo, agregar el jengibre. Puedes acompañarlo con trozos de fruta picada para darle otro sabor, y acompañar con un poco de zumo de limón. Es muy bueno para cuando tienes congestión nasal y muchas flemas, pero se debe tomar caliente.

Té de pino

Este té es muy popular en los países nórdicos, en donde se han aprovechado las propiedades medicinales de este árbol durante siglos. Lo que debes hacer es cortar una ramita de pino (pátula o ciprés), y hacer una infusión igual a las anteriores: hervir agua y agregar el producto cuando esté en ebullición. El agua tomará un color verdoso y se volverá muy aromática. Este producto contiene muchos antioxidantes y vitamina C, pero no debes abusar de este debido a las resinas que tiene el pino, que pueden ser tóxicas cuando se toma este té en exceso.

Sopa de zanahoria con cúrcuma y pimienta

Esta sopa, además de ser vegana y deliciosa, es bastante buena para controlar las inflamaciones debido a las propiedades medicinales de la cúrcuma. Pero como el cuerpo no puede aprovechar por sí solo todas las propiedades antiinflamatorias de la cúrcuma, debes echarle una mano, y esto se hace añadiendo pimienta negra. Para esta sopa, necesitarás dos zanahorias, un diente de ajo, una cucharada de cúrcuma, una de pimienta negra molida, sal y un poco de caldo (o fondo de verduras). Lo primero que debes hacer es pelar las zanahorias y cortarlas en rodajas. Pon un poco de aceite en una sartén, exprime el ajo y sofríelo durante un minuto. Luego, añade las zanahorias en rodajas y dóralas un poco. Después, añade la cúrcuma, la pimienta y la sal. Después de cinco minutos, pon todo en la licuadora y añade un poco de agua y el caldo (o el fondo). Si la quieres espesa, no añadas mucha agua y reduce después.

Luego, pon todo en una olla, y revisa los niveles de sal y pimienta. Tómala con algunas rodajas de pan.

Jugo de apio, manzanilla y agua de coco

Este jugo es muy bueno en caso de que la infección te esté causando muchos malestares. Puedes notar si tienes una infección respiratoria si notas que las flemas tienen un color amarillo. Este jugo será muy bueno para complementar cualquier tratamiento en contra de una infección bacteriana o viral. Necesitarás dos tallos de apio, un sobrecito de té de manzanilla y cien mililitros de agua de coco.

Mete los ingredientes a la licuadora, y, si necesitas más líquido, añade agua. Cuando tengas una mezcla homogénea, cuela el jugo y tómalo dos veces al día: por la mañana, en ayunas y antes de acostarte.

Recuerda que estos alimentos y recetas no son remedios, ni reemplazarán cualquier tratamiento médico. Son recomendables para prevenir la gripe y para complementar los tratamientos profesionales.

Receta vegana: Tofu marinado y curry, un reto de la condimentación

Seguramente, has visto platos de curry en los restaurantes veganos de Medellín. Si te gustan las buenas combinaciones de condimentos, tal vez te guste pero también puedes cocinarlo tú mismo en media hora. Lo más agradable de este plato no es que resulta bastante aromático, sino que se puede ejecutar sin muchas complicaciones y los ingredientes no son difíciles de conseguir. Además, es perfecto para preparar una buena cantidad, utilizar un poco en el almuerzo y congelar para después.

En este post, aprenderemos a preparar un curry con arroz y tofu salteado. No necesitas ser un cocinero experimentado para ejecutar este plato en menos de media hora. Lo único que necesitas, además de los ingredientes, es ser cuidadoso con el punto de cocción del arroz (que tanta gente subestima) en caso de que no tengas una olla arrocera.

Lo primero es precisar algo. Curry no es más que un conjunto de especias. Hay muchos tipos de curry (cada región de la India tiene su propia versión), pero uno muy básico es el que, precisamente, usaremos en esta ocasión. La idea es crear una salsa espesa que le dará sabor tanto a la proteína (el tofu) como al arroz.

Vas a necesitar media libra de tofu (si lo encuentras preparado, muy bien, pero si lo quieres preparar desde cero, he aquí un buen artículo), dos cebollas blancas, veinticinco gramos de jengibre rallado (o en polvo, si lo prefieres), dos dientes de ajo, un ají jalapeño, una libra de tomates de aliño, una cucharada de aceite de coco, una cucharadita de cúrcuma, una cucharadita de comino, una cucharadita de canela en polvo, una cucharadita de clavos, un puñado de cilantro, una hoja de laurel, ciento cincuenta mililitros de agua, arroz, aceite, sal y pimienta.

Si no quieres usar tofu, puedes usar garbanzos, y, en ese caso, lo único que tienes que hacer es dejarlos remojar desde la noche anterior, y ponerlos en la olla de presión con agua y sal. Luego, cuando estén listos, los sofríes en una sartén con un poco de aceite, ajo, sal y tomillo. Si quieres usar tofu, lo que puedes hacer es hacer pequeños buñuelitos, marinarlos en salsa de soya con un poco de panela en polvo, y al otro día, sofreírlos igual que los garbanzos: con un poco de aceite, ajo y sal. Si le quieres espolvorear una pizca de tomillo, hazlo.

Pela las cebollas, el jengibre, el ajo y el ají jalapeño. Si no quieres que tu curry sea tan picante, quítale las venas blancas y las semillas. Pela los tomates y pícalos en cubitos. Debido a que los tomates tienen mucha agua, lo que puedes hacer es reducir el curry más tarde en la estufa. La idea es que todos estos ingredientes vayan a la licuadora y se vuelvan una pasta muy aromática y fuerte de sabor. 

Luego, el arroz. Cuidado con esto, porque la idea es que el arroz quede un poco simple, para poder hacer un contraste con el tofu (o los garbanzos) y el curry, que tendrán mucha potencia de sabor. En la gastronomía, al igual que en cualquier rama del arte, la idea es saber crear balances (texturas, sabores, colores, olores, etc.). Recuerda la fórmula básica: dos tazas de agua por una de arroz. Lava el arroz antes de prepararlo para quitarle el almidón que lo recubre y baja el fuego cuando se evapore casi toda el agua. Y, eso sí, no lo muevas para que no quede “masacotudo”.

Calienta el aceite de coco en una sartén y saltea las cebollas a fuego lento hasta que estén transparentes. Agrega el jengibre, el ajo y el jalapeño, y sofríe esa mezcla durante un minuto aproximadamente. Hazlo en fuego alto, para que ese minuto sea suficiente. Ahora, agrega el tomate partido en cubos, la sal, la pimienta, y el resto de condimentos. Prueba de vez en cuando, para que el curry sea balanceado. La idea es que esos condimentos se complementen, no que compitan en boca. Sofríe durante unos diez minutos en fuego medio y espera a que se reduzca un poco el curry (ya sabes, por lo del tomate…).

Retira la hoja de laurel y agrega el agua, en caso de que se te haya pasado de espeso. Licua toda esa mezcla hasta conseguir una sustancia homogénea, y viértela de nuevo en la sartén. Ahora agregue el tofu en buñuelitos (o los garbanzos) y cocina a fuego lento durante unos diez minutos. Si lo deseas, puedes añadir un poco de perejil al servir, escurrir un poco de zumo de limón y algo de paprika. La manera de servir es hacer una cama de arroz, con el tofu o los garbanzos encima. Como el curry puede ser bastante fuerte, lo mejor es servir un poco cada vez.

La mejor bebida para acompañar este plato es con algo dulce y fresco, como una limonada de pepino, con un poco de panela en polvo.

Que lo disfrutes.