“Climatarean”: un concepto que vale la pena considerar

La economía de mercado y el modelo actual de consumo han cambiado al mundo de una manera que habría parecido imposible en el pasado. Y a pesar de que este sistema ofrece ventajas, también acarrea una serie de efectos secundarios. Parafraseando una de las ideas fundamentales de los críticos del capitalismo, el asunto más problemático de los sistemas de producción y de consumo actuales es que están pensados para un suministro continuo y expansivos, pero con recursos limitados. Esto, por supuesto, incluye la industria alimentaria. En la actual crisis medioambiental, podemos encontrar muchas causas en la manera en que hemos explotado al planeta para alimentarnos. La pesca, la agricultura extensiva, la ganadería (sobre todo vacuna), entre otras actividades, han producido un desequilibrio muy difícil de controlar. Es por esta razón que organismos internacionales como la ONU abogan por un consumo de alimentos más responsable con la madre naturaleza. Incluso, ha señalado que evitar el consumo de carne es una de las claves. La pregunta es: ¿es eso suficiente?

Cuando hablamos de veganismo, en realidad vamos mucho más allá de la abstinencia voluntaria de consumir carne y derivados del reino animal. El veganismo es un sistema de ideas bastante complejo que, aunque tiene como eje el respeto por la vida animal, fomenta el activismo en prácticas que no tienen que ver directamente con los animales. El respeto por el medio ambiente, en general, puede ser considerada una causa vegana. No obstante, es innegable que una de las principales razones que tienen millones de veganos alrededor del mundo para dejar de consumir carne, lácteos, huevos, miel, etc. es la sensibilidad por el trato cruel que sufren los animales al interior de esta gran industria. Es un buen punto de partida para cuidar al medio ambiente, pero ceñirse únicamente a esta causa puede conducir al efecto contrario: afectar negativamente a los animales.

Alguien puede considerarse vegano. Deja de comer ciertos alimentos, cambia su dieta y la construye de acuerdo con lo que lee en internet, deja de usar cuero y otros productos, etc., y podría no estar haciendo nada por los animales, si, al mismo tiempo, desperdicia grandes cantidades de plástico, contribuye con la agricultura extensiva y transgénica, consume productos probados en animales y quema combustibles fósiles con suma frecuencia. Un vegano así también mata a los animales, sólo que de forma indirecta. Y bueno, a pesar de que la triste realidad es que para que los más de siete mil millones de personas que habitamos el planeta podamos vivir, otros tienen que morir, podemos hacer las cosas de modo que esa relación indirectamente proporcional sea menos desastroza. Para eso, más que veganos, en el sentido estricto del término, deberíamos ser climaterianos; es decir, hacer todo lo posible para que nuestros hábitos de consumo alimenticio sean lo menos nocivos para el medio ambiente, además de ahorrarle al mundo animal una tremenda dosis de sufrimiento innecesario.

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Muchos ya lo hacen. Otros, apenas están abriendo los ojos. De la misma manera que los omnívoros que se lamentan por la pérdida de bosques en la Amazonía brasileña, o de la mala calidad del aire en nuestra ciudad, o de la extinción de una rara especie nativa de pájaro, pero que, al mismo tiempo, consumen carne, verduras y frutas fertilizadas y fumigadas con productos que matan a las abejas, y un largo etcétera, un vegano podría enderezar mucho más su camino con la puesta en práctica de pequeñas acciones. El climaterianismo puede ser un concepto  esclarecedor (incluso para los omnívoros).

Ser un climateriano sólo exige un poco más de tiempo (y bueno, menos comodidad en algunas actividades). Pero no es difícil. Por un lado, y en cuanto a las frutas y verduras, es preferible comprar las que estén en cosecha, ofrecidas por las temporadas de sol y de lluvia de nuestro país, en lugar de comprar alimentos importados. De esta manera, evitamos fomentar el uso de plásticos y de grandes cantidades de gasolina de avión y de barco, a veces desde lugares muy remotos del mundo. A su vez, esto hace que compremos menos alimentos envueltos en plástico, teniendo en cuenta que así vienen empacados estos productos importados. Por otro lado, es importante que los productos locales empacados que compremos vengan en envases reutilizables (de vidrio o de metal, por ejemplo), y que dejemos de usar bolsas plásticas en los mercados y supermercados. El alimento que sobre de nuestras comidas, así como los residuos que no nos comemos, pueden terminar en una compostera, de modo que el medio ambiente pueda aprovechar los nutrientes presentes en ellos (y bueno, si tienes una huerta, la tierra de compostaje que uses podría ser muy útil para la fertilización de tus plantas). De igual forma, si cultivas algunos de tus alimentos (pues no es fácil cultivar todo lo que comes), también estarás controlando las condiciones en que crecen y podrás evitar el uso de agroquímicos perjudiciales para la fauna y la flora (y, por qué no decirlo, podría ser más favorable para tu salud).

Si te interesa ahondar más en el concepto del climaterianismo, haz clic en este enlace.