De las luciérnagas, su peligro y cómo ayudarlas

Es frecuente escuchar el mismo comentario respecto a las luciérnagas: ¿en dónde están? Hace años, en diferentes partes del mundo, las noches en el campo (y en las afueras de las ciudades) se adornaban con cientos de miles de lucecitas en la oscuridad. Muchos niños, de manera irresponsable, introducían a las luciérnagas en frascos de vidrio para observarlas mejor, maravillados por las reacciones químicas que estas producen para emitir una débil luminiscencia. Con el avance de la civilización, las poblaciones de luciérnagas en todo el mundo han disminuido de forma preocupante, y esto, a su vez, ha traído consecuencias medioambientales.

En este post, hablaremos sobre las luciérnagas, sobre su importancia en el ecosistema, los peligros que las amenazan y qué puedes hacer para contrarrestarlos y ayudar a estos insectos a reproducirse y vivir de mejor manera.

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Las luciérnagas son escarabajos nocturnos que, en estado larvario, se alimentan de gusanos y de babosas (lo cual mantiene un equilibrio ecológico), y en estado adulto son grandes polinizadoras de miles de especies de plantas. Esto hace que para muchos biólogos, la presencia de luciérnagas en un bosque sea un excelente indicador de biodiversidad y de salud, pues estos insectos son bastante sensibles a varias formas de contaminación. En primer lugar, a los gases contaminantes que se producen por el consumo de combustibles fósiles; en segundo lugar, a los pesticidas en los cultivos y en los jardines, y, en tercer lugar, a la contaminación lumínica.

Esta última es quizás la más dañina para estos insectos y es un fenómeno al cual la gente no suele prestarle mucha atención. La contaminación lumínica se produce por el exceso de luces durante la noche, de modo que las zonas de sombra, que por millones de años se han mantenido oscuras después de la puesta del sol, ahora tienen mucha luz (sobre todo, gracias a las nuevas tecnologías, como las luces LED). Debido a que cada día construímos más en zonas que anteriormente fueron boscosas, estamos llevando mucha luz a esos lugares. Las luces de las calles, de los vehículos, de los hogares… todo eso interfiere en el ritual de apareamiento de las luciérnagas. Este último consiste en que los machos encienden una luz en la oscuridad para llamar a las hembras, y estas responden con otra, hasta que se encuentran. Cuando hay mucha luz de por medio, las luciérnagas no pueden enviarse estas señales, entonces no se reproducen y mueren sin haber cumplido el ciclo natural de cualquier ser vivo.

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Estas bajas poblacionales traen a su vez otros problemas. Debido a que las luciérnagas hacen parte de una cadena alimenticia, dejan de atacar a las babosas y a ciertos gusanos, y algunos insectos y mamíferos (como ciertas especies de murciélagos) dejan de comérselas. Esto desequilibra las cosas, como en todos los ecosistemas.

Por esta razón, muchas personas alrededor del mundo están tomando iniciativas ecológicas para ayudar a frenar esta extinción. De hecho, existe una forma de turismo de luciérnagas, que consiste en visitar ciertos lugares de noche con el único propósito de ver grandes poblaciones de estos insectos. Veamos algunas de las medidas que puedes tomar para ayudar a que estos maravillosos escarabajos no desaparezcan en nuestro planeta.

Lo primero es evitar cortar tanto el pasto. Aunque a muchas personas no les gusta ver el pasto creciendo de forma salvaje en sus jardines o en sus casas rurales, lo cierto es que las hembras de las luciérnagas suelen descansar en la parte alta del pasto, y buscan no estar muy cerca del suelo. Si no quieres que todo el pasto de tu jardín esté muy alto, por lo menos destina una sección del mismo para que crezca alto y albergue a estos insectos, así como a otros (saltamontes, por ejemplo), que son el alimento de muchas especies de pájaros.

Lo segundo es evitar encender tantas luces exteriores. Busca encender solo las necesarias (no necesitas tantas, en realidad), para permitir que las luciérnagas se encuentren y se sigan reproduciendo. Apaga algunas luces y crearás las condiciones apropiadas para ello.

Por otro lado, evita usar insecticidas y plaguicidas de uso industrial, pues lo único que harás es acabar con ellas, así como con las abejas. Usa insecticidas naturales (hay muchos), que también son efectivos e incluso los puedes hacer tú mismo en casa.

Algo que también puedes hacer es apilar un poco de leña en el jardín. Resulta que las larvas de las luciérnagas crecen y se alimentan en la madera, especialmente, debajo de la corteza de los árboles. Consigue un poco de leña, apílala en un rincón, y esto será un pequeño “kindergarden” para las pequeñas luciérnagas. No te cuesta nada, en realidad.

De igual manera, puedes construir una fuente en tu jardín. Las luciérnagas prefieren los lugares húmedos, y una fuente es un ambiente perfecto para atraerlas. Muchos otros animales se beneficiarán de esto, y, si la mantienes en movimiento, los mosquitos no se reproducirán ahí.

Por último, siembra árboles nativos. Esto es vital para mantener un ecosistema sano: diversidad de árboles nativos. Esto atrae a la comida de las luciérnagas, y a sus depredadores. Mantener un ecosistema en equilibrio requiere un poco de trabajo constante, pero es cuestión de poner en práctica un principio básico: la introducción de diversidad de especies nativas será un sinónimo de salud medioambiental.