Empieza ahora tu huerta casera en el patio de tu casa

Empieza la época de lluvias y es el momento ideal para sembrar. Ya que no tenemos muchas oportunidades de salir al exterior de nuestras viviendas debido a la cuarentena del coronavirus, también es el momento ideal para empezar una huerta, en caso de que no lo hayas hecho. Recuerda que no es difícil, puedes empezar a construirla sin mucho presupuesto, y es muy gratificante consumir lo que tú mismo siembras. Además, con ello podrías ahorrar un poco de dinero (puedes cultivar una buena porción de las frutas y verduras que consumes) y también puedes controlar la manera en que han sido fertilizadas.

Hablemos de lo básico: huertas de balcón, huertas en el patio, huertas comunitarias en tu urbanización, errores, consejos y más información útil. Vamos a empezar una corta serie sobre huertas para abordar todos estos temas. Hoy empezaremos con una huerta casera de patio.

Lo primero es mirar qué terreno tienes disponible. Si no es muy amplio, no importa. Es posible aprovecharlo de la manera más óptima si eres recursivo (recuerda que es posible levantar un jardín vertical). De todas formas, si tienes suficiente espacio, lo que puedes hacer es algunas camas: con unas cuatro (y no tan grandes) puedes tener una huerta bastante productiva. Ten en cuenta que el tamaño no es lo más importante cuando hablamos de la productividad de una huerta sino el aprovechamiento de la misma, así como en la manera en que la cuidas. Hay tres grandes secretos, además del conocimiento de las plantas que vas a sembrar. El primero es la fertilización del suelo, el segundo es la rotación de los cultivos una vez dan cosecha y mueren y el otro es qué plantas siembras en una misma cama.

La disposición de las camas tiene que ver mucho con el espacio que dispongas, pero busca que haya un espacio entre ellos para que puedas caminar, llevar tierra en una carreta, así como otros materiales. También haz todo lo posible para que tus plantas reciban sol. Algunas no necesitan tanto, otras mucho. Algo que puedes hacer, dependiendo del espacio que tengas, es levantar tus cuatro camas (o las que puedas) y dividirlas en compartimentos. Por ejemplo, una cama de un metro cuadrado, dividida en cubículos de veinticinco centímetros cuadrados cada uno. La división puede ser con tablas. Es más, puedes comprar guacales de madera y juntarlos con alambres. En cada uno de ellos, dependiendo de las necesidades de suelo de cada planta, usas más arena, más tierra, más acidez, más alcalinidad, etc. De modo que en cada cubo siembres una verdura distinta. También puedes levantar un arco con tubos de PVC, para que las plantas que necesiten enredarse (como el fríjol, los pepinos o las calabazas) lo puedan hacer sin dificultad.

La fertilización puede ser muy básica. Haz una compostera, que puede ser con una caja, un agujero. Hay muchas formas (mira esta, por ejemplo). Servirá para abonar la tierra de tus camas con regularidad, para que estas tengan suficientes nutrientes y te puedan ofrecer sus frutos, raíces, tallos y hojas.

Ten cuidado con algunas cosas. La primera es el exceso de riego: el agua puede matar tus plantas por faltas y por excesos. Revisa las necesidades de cada una. Lo otro es revisar qué verduras y frutas crecen en el piso térmico en donde estás. No siembres tantas plantas al mismo tiempo. Ve sembrando poco a poco, y espera a que se den las primeras cosechas. Deja siempre espacio entre planta y planta para que no compitan entre sí.

La jardinería es un trabajo maravilloso, y todos los días podemos aprender algo distinto. Este es un excelente momento para empezar, así que ánimo.

En cuanto a la siembra, tienes dos opciones: germinar las plantas tú mismo o comprar las plántulas. Esta última opción es muy fácil, teniendo en cuenta que las plántulas son muy baratas y así te ahorras un poco de tiempo. De todas maneras, si quieres sembrar algunas (o todas tus plantas), lo que necesitarás es un semillero, servilletas y un acolchado de hojas y pasto cortado. Lo primero será germinar las semillas. Esto lo puedes hacer con servilletas húmedas (no mojadas), envueltas en papel aluminio (o en una bolsa ziplock), y las dejas varios días en un lugar cálido hasta que echen raíces. Entonces, pasas tus semillas a un semillero (lo puedes comprar, o puedes buscar un cartón de huevos vacío), y, ahí, viertes un poco de tierra negra bien abonada, esperas a que crezcan un poco y luego, a las camas. Puedes sembrar directamente en las camas, pero es mejor seguir este proceso para tener un mayor control de tus plántulas. Cuando estén sembradas en las camas, cubre la tierra alrededor de las plántulas con un acolchado de hojas secas y pasto cortado para conservar la humedad y evitar que crezcan muchas malezas (plantas competidoras, que roban nutrientes).

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