Entradas veganas que puedes poner en práctica hoy mismo

Vista en perspectiva, la buena comida es una forma de narrativa. Cuentas una especie de historia, transmitida de forma sensorial, que, al final, se convierte en una experiencia gastronómica. Cuando piensas un menú de tres tiempos, la mejor clave es considerarlo como una narración compuesta por un inicio, un nudo y un desenlace; siendo la entrada una primera impresión, el plato fuerte un “nudo” que aglutina el sentido de la historia, y, el postre, un desenlace que termina de darle sentido a todo.

Por eso, la cocina es la puesta en práctica de una serie de ideas, y mientras más despliegues tu creatividad en este antiguo arte, más compleja podrá ser la experiencia que desees transmitir.

En este post, vamos a hablar un poco sobre las entradas: ¿qué debería tener una buena entrada? ¿Qué tipos de entradas podrías ejecutar? ¿Qué errores evitar? ¿Un ejemplo de entrada?

Vamos a ver.

Concepto y características básicas

Una entrada, en pocas palabras, y de acuerdo con el uso actual del lenguaje, es más que el primer plato que se sirve, justo antes de servir el plato fuerte. Una entrada, es, ante todo, un aperitivo, el cual, como lo indica su nombre, abrirá el apetito de los comensales, pero que, además, sugerirá lo que viene a continuación. El nombre entrée, en francés, proviene históricamente de la entrada del rey a la corte; y de aquí se desprende un excelente consejo: tu entrada debe deslumbrar. Un error frecuente en muchos restaurantes es ofrecer simplemente una entrada agradable mientras los clientes esperan el plato fuerte, de modo que no pierdan la paciencia debido a la ira que produce aguantar hambre. No: preparar entradas es un arte dentro de un arte, y es importante planearlas bien para sorprender a los comensales. Sacúdelos, ofréceles algo que no esperaban… o que no esperaban así. Justamente, esta es una tarea de la cocina vegana para el resto de consumidores: se puede cocinar delicioso sin necesidad de incluir alimentos derivados de los animales. 

Una entrada es la mejor oportunidad para demostrarlo.

Ahora, por cuestiones de practicidad, procura que tus entradas sean ligeras, que no te tomen más tiempo que la ejecución del plato fuerte, y que siempre dejen a tus comensales con ganas de más. Esto último es el principio fundamental.

Posibles errores

Además de servir de más (y de llenar a tus comensales), deberías evitar el error de perder la coherencia y el contraste entre la entrada y el resto de tiempos. Si tu entrada es agridulce, no repitas el mismo sabor en el plato fuerte. Si el plato fuerte es japonés, no sirvas comida rápida en la entrada. Si le apuestas a la comida saludable, tu entrada no debe ser un plato de aritos de cebolla. Si el plato fuerte incluye una sustanciosa cantidad de verduras, no uses una ensalada como entrada en el menú. Recuerda: contrastes, ritmo, variedad, y, sobre todo, coherencia.

Y bueno, lo básico: no te pases con los condimentos, cuida la cocción, prueba siempre el nivel de sal, presta atención a las posibles alergias que producen algunos alimentos y manipúlalos bien antes de cocinar.

Dos ejemplos

Vamos a ver dos recetas de entradas. Ideas hay miles: apanados, empanadas, dips (como el hummus), vegetales salteados, rollos de frutas… después de un buen rato buscando en Google, encontrarás un repertorio abundante.

1. Sopa de sandía y tomate

Esta es perfecta para los días calurosos, y para sorprender a un comensal con algo que, seguramente, jamás ha probado. Vas a necesitar un kilo de sandía (le quitas las semillas y la cortas en trozos), cuatro tomates de aliño, tres hojas de menta, el zumo de un limón, un trozo de jengibre (pelado, claro), sal y pimienta al gusto.

Lo que debes hacer es pelar los tomates, partirlos en cascos e introducirlos a una pequeña olla. Los jugos van a ir saliendo, y la idea es que salgan por completo. Entonces, los metes a la licuadora, y ahí añades la sandía, el limón y la sal y pimienta. Licuas bien, y luego devuelves todo a la olla. En fuego medio, hierve hasta conseguir una consistencia espesa. Sirve la sopa fría (debería ser refrescante) con las hojas de menta en la superficie. Para darle más frescura, puedes añadir julianas de pepino fresco para acompañar.

2. Ceviche de champiñones

Este es un clásico. Puedes comerlo con galletas horneadas, o directamente del plato. Necesitarás media libra de champiñones cortados en láminas, media cebolla morada, dos tomates de aliño, una taza de vinagre balsámico (o, si lo prefieres, vino tinto reducido con miel de agave), media taza de aceite de oliva, un puñado de cilantro, el zumo de tres limones, sal y panela rayada, y un ají amarillo (que puedes obviar, en caso de que no te guste el picante).

Pica todo muy fino. Busca que algunos ingredientes estén en cubitos, otros en julianas y otros en láminas, para crear un contraste visual muy agradable. Añade la sal y la panela (una cucharadita de cada una), el vinagre, el aceite y revuelve muy bien.

Y ya está.