Guía básica de elaboración de cerveza artesanal (parte 2)

En el post anterior, hablamos de los primeros pasos para elaborar una cerveza artesanal tipo pale ale. En este, vamos a continuar con el proceso, desde la ebullición hasta el embotellamiento del producto final. Pero antes, ¿sabías que la cerveza tiene múltiples beneficios? Siempre y cuando se tome con moderación (como todo en la vida), la cerveza puede aportarte un montón de cosas buenas, además de refrescarte y ayudarte a relajar después de un día duro. Por un lado, un vaso de cerveza al día ayuda a controlar los niveles de colesterol. Por otro, es una fuente de antioxidantes y de algunas vitaminas (como la B6), que le ayudará a tu sistema circulatorio a mantenerse sano y fuerte. De hecho, se sabe que tomar un poco de cerveza todos los días hace que tu cuerpo evite sufrir de paros cardiorespiratorios. Y bueno, también se sabe que la cerveza potencia la actividad creativa (siempre y cuando sea un solo vaso…).

Sigamos con los pasos de elaboración de tu cerveza artesanal. El resultado final será digno de los mejores restaurantes veganos de Medellín.

Ebullición

Lo que vas a hacer aquí es pasar todo el mosto, mezclado con el resto de agua caliente a una olla vacía. Recuerda que esta debería ser cilíndrica y alta, como las del sancocho en la calle. Esta forma será importante para que la fermentación se lleve a cabo en la superficie y no en las partes bajas de la olla. Es fundamental que cueles muy bien el grano que usaste en los pasos previos. Hazlo poco a poco, pero hazlo muy bien. Una vez hecho esto, ponlo en la estufa y espera unos diez minutos, hasta que empiece a hervir. Cuando esto suceda, añade el primer lúpulo (usa uno challenger, por ejemplo), y procura que sea unos quince gramos. El lúpulo es una flor que ha sido usada por milenios para la elaboración de la cerveza y es el responsable del sabor amargo (y agradable) de esta. Cuenta una hora desde que empiece a ebullir. Durante este proceso, se perderá algo de agua, pero no importa. Cuando se cumpla esa hora, apaga la estufa y añade los otros dos lúpulos (o el otro, si sólo estás usando dos tipos). Estos lúpulos adicionales son los que le darán el aroma y sabor a la cerveza, y, por esta razón, es importante que encuentres diferentes tipos de lúpulos.

Revuelve bien y sigue con el siguiente paso.

Enfriamiento

En este paso, tendrás que moverte rápido. Debes bajar la temperatura del agua lo más rápido que puedas. En la caneca más ancha, pon agua y mucho hielo. Si no quieres comprar toneladas de hielo, y también quieres reciclar un poco, puedes llenar botellitas plásticas de agua o de otros refrescos, llenarlas de agua y congelarlas. Servirán exactamente igual que muchos hielos. El punto es que necesitas agua muy fría, y, ahí, pon la olla en donde estuvo ebullendo la preparación. Espera hasta que la temperatura descienda a unos veinte grados celsius, y entonces, la mezcla estará lista para empezar el proceso de fermentación.

El grano sobrante lo puedes utilizar para hacer pan. Si no sabes cómo hacer pan, haz clic en este enlace.

Fermentación

Aquí deberás usar la otra caneca (la de menor tamaño) y el filtro de tela, el cual es una especie de gasa, y debe ser bastante grande, del tamaño de un pequeño mantel (ya verás por qué). Pon el filtro sobre la boca de la caneca y ve pasando el mosto a través de este, hasta pasar todo ese líquido. Cuando termines, revuelve rápido, y en ambas direcciones, para airear la mezcla, pues la cantidad de oxígeno en el líquido será bastante necesaria para el proceso de fermentación. Una vez hecho esto, añade la levadura. La levadura es activa, como la que se usa en panadería, y necesitarás diez gramos para esta preparación (en relación con la cantidad de grano que hemos utilizado).

Es importante que la tapa de la caneca se cierre muy bien. No debe entrar más aire que el que ya está en la caneca. Una cantidad extra de oxígeno podría dañar por completo la fermentación. Podrías usar una abrazadera, que puedes encontrar en un almacén de insumos químicos. Esa tapa debe tener un agujero en toda la mitad, y, por ahí, debes introducir la trampa de aire, o airlock, que también puedes comprar en ese lugar (o lo puedes hacer). Para abrir el agujero, sólo debes usar un taladro, y, luego, calentar un clavo grueso y ampliar un poco la abertura, hasta que pase el airlock (y este debe estar muy ajustado, para no dejar pasar el CO2 de la fermentación). Añade un poco de agua en la trampa de aire. Notarás que empieza a sacar burbujas poco a poco, y esto significa que la levadura se está comiendo los azúcares de la cebada y está expulsando gases. Aquí es donde se produce la magia. Este proceso debería durar una semana exacta, que es cuando la levadura ha dejado de trabajar..

En el próximo post, aprenderás a calcular el nivel de alcohol.

Embotellamiento

Este es el paso final. Si quieres, consigue algunas botellas de vidrio, y procura que no sean de vidrio claro (pues el vidrio oscuro ayuda a que la cerveza se conserve mejor). Esteriliza todos los envases en agua hirviendo, y, cuando estén fríos, procede a envasar. Puedes usar tapas herméticas o las de envases de cerveza (estas, así como el mecanismo para cerrarlas, se pueden comprar por internet). Añade seis gramos de azúcar morena por litro. Dependiendo de la capacidad de cada botella (mídela antes), calcula la cantidad de azúcar. Para envasar, vuelve a usar el filtro de tela, de modo que no quede ningún sedimento en las botellas. Cierra y almacena durante unas cinco semanas. La temperatura a la que deben permanecer es de dieciocho grados, como mínimo. Refrigera después de este tiempo, abre y disfruta.
En el próximo post, hablaremos de algunas modificaciones en el proceso, si deseas producir otros tipos de cerveza, como la porter.