Introducción a la panadería vegana

La vida vegana está llena de nostalgias. En la medida en que vas descubriendo que más y más productos que solías consumir contienen derivados del mundo animal, la cantidad de alimentos que entran a tu dieta se vuelve cada vez más reducida. Es normal que así suceda, y, bueno, es normal que eches de menos muchas de las cosas que antes comías. El pan es una de ellas, teniendo en cuenta de que es muy difícil encontrar pan sin huevo en el supermercado o en las panaderías tradicionales. Por supuesto, encontrarás pan libre de huevo, miel, queso u otros alimentos restringidos en muchos restaurantes veganos o en los mercados saludables de Medellín, pero estos lugares no siempre están abiertos, pueden estar lejos de tu casa, el pan no siempre es fresco, y su precio suele ser más elevado debido a la baja oferta en comparación al pan tradicional.

Por eso, vale la pena que le prestes atención a este post, y aprendas a hornear pan en casa…, al menos de vez en cuando.

Lo curioso es que el pan es un producto tan antiguo como la humanidad misma, y, en sus inicios, el pan no llevaba huevos ni aditivos derivados de los animales. Era trigo procesado, y ya. De hecho, durante mucho tiempo, el pan fue bastante nutritivo, y, aunque no reemplazaba una comida rica en proteínas y vitaminas, alimentaba mucho más que los que tenemos disponibles hoy en día, que, básicamente, consisten en una fuerte dosis de hidratos de carbono.

Ahora, hay personas con intolerancia al gluten. Hay alérgicos al gluten, sí. Por esta razón, las etiquetas de millones de productos tienen que advertir de la presencia de este componente para evitar problemas legales y de salud en los consumidores. No obstante, vale la pena resaltar el hecho de que el gluten en sí mismo no es dañino, y que se puede preparar un pan muy sano, muy rico (y bueno, muy barato). Lo mejor de saber preparar tu propio pan es que tienes el control de lo que terminará en tu plato. Puedes comprar harinas regulares, integrales o enriquecidas; preparar las mezclas que más te llamen la atención y añadir los ingredientes que te gusten (como el maní, las aceitunas o las verduras deshidratadas).

Bueno, ¿y qué necesitas para preparar pan? No mucho. Además de un horno, una pequeña báscula, y, tal vez, un mesón amplio, un rodillo y un buen cuchillo, lo que debes conseguir es harina, agua, levadura y sal. Todo lo demás es una añadidura. A menos de que quieras preparar pan ácimo, como el que se consumía en tiempos bíblicos y todavía, en festividades judías (he aquí una receta), ten en cuenta que la levadura es uno de los ingredientes clave para que puedas preparar un pan de calidad. La levadura es un microorganismo que se alimenta de los azúcares que contienen los carbohidratos (la harina, en este caso), y se producirá una reacción química muy interesante, que notarás al ver crecer el tamaño de la masa frente a tus ojos antes de hornear.

La receta del pan es fácil, pero requerirá de ti un poco de perseverancia. Hace falta un poco del viejo ensayo-error, y de paciencia, porque tal vez no tendrás un buen pan a la primera. Así que ve con calma.

Es vital que tengas en cuenta las proporciones, y que las mezcles al pie de la letra. Lo normal es que la gente no sea muy fiel a las recetas que encuentra en internet, pero aquí es fundamental que seas un poco estricto. De otra manera, tu pan puede arruinarse y podrías echar a perder una buena harina (y tiempo, claro está).

Consigue unos ciento cincuenta gramos de la harina de tu preferencia, y la misma cantidad de agua (puedes pesar ambas cosas en una báscula). Consigue medio gramo (sí, así de poquito) de levadura activa, que encontrarás con facilidad en un supermercado grande. Esto lo necesitarás para el fermento del pan.

Aparte, ten a tu disposición cuatrocientos cincuenta gramos de harina, trescientos gramos de agua, doce gramos de sal y un gramo de levadura activa.

Y manos a la obra: mezcla los ingredientes del fermento aparte, y, una vez consigas una masa homogénea déjala reposar en un recipiente cubierto por papel chicle (también te puede servir un trapo limpio). Aquí la levadura hará su trabajo y notarás cómo crece la masa durante, mínimo, unas ocho horas. (lo puedes dejar desde la noche anterior, para tenerlo listo por la mañana). Una vez pasado este tiempo, saca la masa y amásala añadiendo el resto de la harina, y luego, el resto de ingredientes. Cuando tengas una masa consistente, embadurna un recipiente de aceite, deja la masa ahí, fermentando, durante una hora y media. Procura que la temperatura no sea ni muy baja (menos de 21 grados), ni muy alta (más de 24). Entonces busca un molde para hornear, embadúrnalo con un poco de aceite y de harina, y luego deja reposar el pan una hora más (recuerda lo de la paciencia…) con un trapo encima. Precalienta el horno a 180 grados y mete el molde. El tiempo de horneado no suele superar los treinta y cinco minutos.

Y eso es. Haz un par de ensayos, y luego incluye las semillas que quieras, el amaranto, la quinoa, las nueces que te gusten más. Recetas de pan hay miles.

Buen apetito.