Leches vegetales: hazlas tú mismo

Suele ser bastante necesaria para la gastronomía vegana, y, por desgracia, suele ser bastante costosa. La leche vegetal (que, en realidad, nada tiene que ver con la leche, y por eso la llaman bebida vegetal) es una opción deliciosa y nutritiva a la leche tradicional, que tanto sufrimiento implica para las vacas, las ovejas, las cabras y otros mamíferos. Debido a que, en una gran mayoría de los casos, y tal como lo puedes constatar en los mercados saludables de Medellín, la leche de soya y otras es importada de otros países, el precio puede ser un poco elevado. Por esta razón, muchos veganos se privan del consumo de leches vegetales de calidad. Pero todo no son malas noticias: en realidad, es fácil preparar tus propias leches vegetales, y, dependiendo de sus propiedades nutricionales, puedes hacer una u otra para consumirlas en tus comidas (en un buen desayuno con cereales, por ejemplo). Así que veamos qué puedes hacer.

Lo primero es que la preparación de todos es básicamente la misma. Pon a remojar los granos en agua toda una noche, al otro día los cuelas, y, en agua, los licuas (y, si lo deseas, cuelas la nueva mezcla para tener una bebida menos espesa). Lo que debes tener en cuenta en cada caso es que, debido a que estás moliendo granos, la mezcla comenzará un proceso de oxidación y, al cabo de tres días (mínimo), el sabor y sus propiedades nutricionales empezarán a echarse a perder. Así que conserva tu leche vegetal en la nevera y no dejes que pasen más de tres días. La leche vegetal que compras en un supermercado (de almendras, por ejemplo) tiene conservantes artificiales que retardan este proceso natural, pero las que verás a continuación son preparaciones caseras, no industriales.

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Soya

Necesitarás una libra de granos secos de soya, dos litros de agua y el endulzante de tu elección (la miel de agave caza muy bien aquí). Pon a hervir medio litro de agua, y, cuando llegue al punto de ebullición, agrega los fríjoles y apaga el fuego. Espera media hora, cuela la mezcla y agrega el otro medio litro de agua. Déjalo remojar durante una noche en la nevera. Entonces cuela la mezcla de nuevo, y, en el otro litro de agua, agrega los fríjoles de soya y lícualo todo. Luego filtras los residuos y pasas la mezcla lechosa a hervir durante un cuarto de hora en fuego bajo con el endulzante. Déjala enfriar y refrigérala.

Esta es una leche rica en vitaminas, aminoácidos y minerales, que incluso puede ser beneficiosa para el sistema inmune. Como todo en la vida, puede ser perjudicial para ciertas personas (mujeres en embarazo, por ejemplo), así que no te excedas en su consumo (haz clic aquí para más información).

Alpiste

¿Lo que comen los pájaros? Sí. Eso mismo. Esas semillitas son bastante nutritivas y puedes hacer “leche” con eso. Es muy útil para perder peso debido a que le ayuda al organismo a metabolizar las grases saturadas y contiene muchos antioxidantes. Lo que necesitas para esta leche vegetal es remojar cien gramos de alpiste en un litro de agua, dejar reposar la mezcla toda una noche, y, al otro día, colarla. En otro litro de agua, licua las semillas hasta que la mezcla esté lechosa, filtra y refrigera. Eso es todo. El sabor puede ser un poco amargo cuando no te has acostumbrado a él, así que añade panela o miel de agave, o el endulzante de tu preferencia, y así disfrutarás de una leche vegetal muy alta en contenido nutricional, que puedes consumir para bajar de peso y recuperarte de una fuerte gripe.

Almendras

Esta es bastante popular (y costosa, además), y por eso es mejor prepararla de forma casera, para tenerla fresca en casa. El precio elevado tiene que ver con que las almendras son importadas y el precio depende de muchos factores del mercado internacional (incluyendo el combustible para los barcos, aviones y camiones). Pero si las encuentras baratas en el mercado, aprovéchalas y prepara una deliciosa leche para tus cereales, jugos y smoothies. Los beneficios de la leche de almendras es rica en vitaminas del complejo B, contiene mucho calcio, hierro y proteínas. De hecho, es una receta bastante antigua, que viene del Medioevo en Europa. Para una deliciosa leche de almendras, necesitarás una taza de almendras (no tienen que estar peladas), un litro de agua y tu endulzante favorito. El procedimiento es similar a los anteriores: déjalas reposar en agua durante una noche (o dos, si la quieres con más cuerpo), al otro día las escurres, y, en seiscientos mililitros de agua, licúala muy bien y luego cuélala (con un colador y con un pañuelo, para sacar la mayor cantidad de líquido).

Como se mencionó arriba, lo ideal es que no permanezca mucho tiempo en la nevera (ni siquiera en el congelador) para que puedas aprovechar todas las propiedades nutricionales de las almendras (y un mejor sabor, claro). Si estás acostumbrado a tomar leche de almendras procesada de forma industrial, notarás una tremenda diferencia en cuanto a sabor.

Que la disfrutes.