Menú vegano: chili -sin- carne y Lady Sour

No es muy claro el origen de este plato. Algunas personas adjudican la idea del chile con carne a los españoles que se asentaron en el suroeste de los Estados Unidos, otros consideran que nació en las comunidades mexicanas de finales del siglo XIX, quienes buscaban sacarle provecho a la escasa cantidad de carne que tenían disponible. Otros piensan que se originó en California y se extendió hasta Texas gracias a los trabajadores de las vías ferroviarias que conectan ahora todo el sur de Estados Unidos. En cualquier caso, lo que sí se sabe es que nació como muchos otros platos tradicionales: mezclando sobras de otras comidas en una misma olla. En sus inicios, se consumía con tortillas de maíz horneadas, y ahora se suele consumir en platos hondos, con cuchara, como cualquier sopa espesa.

Del Chile con carne nace su versión vegana (sin carne), en concreto, en la década de los sesenta (gracias al surgimiento del movimiento Hippie), y se volvió bastante popular en la década siguiente.

Este último, por supuesto, es el que nos interesa aquí. El Chile sin carne es una excelente manera de aportarle proteínas y fibra al cuerpo, y, combinado de forma balanceada con otros alimentos, puede constituir un excelente almuerzo, delicioso y nutritivo. En este post, aprenderás a preparar un Chili sin carne (una de tantas recetas), acompañada de un buen coctel de frutas sin alcohol. Los ingredientes se pueden conseguir con facilidad en los mercados saludables de Medellín. 

Ver también: Gumbo de Louisiana

Para esta receta, necesitarás quince gramos de champiñones, o cualquier otro hongo comestible de tu predilección (si los puedes conseguir deshidratados, mejor), cien gramos de proteína de soya, cuatrocientos gramos de papa, dos cebollas (las que más te gusten), cincuenta gramos de apio, dos zanahorias, un ají (puede ser un jalapeño), dos dientes de ajo, cuatrocientos gramos de fríjoles caraotas, cincuenta gramos de nueces, dos cucharadas de salsa de soya, dos cucharadas de orégano, una cucharada de albahaca, una cucharada de comino en polvo, cincuenta mililitros de pasta de tomate, cien mililitros de vino tinto, aceite, caldo de verduras, sal y pimienta al gusto.

Pon los champiñones secos en un plato hondo, vierte 500 ml de agua tibia sobre ellos y déjalos reposar durante media hora. Pon la proteína de soya en una sartén, y déjala reposar durante un cuarto de hora, bañada en un caldo de verduras bien caliente. Mientras tanto, pela las papas, las cebollas y el apio, y córtalos en cubos pequeños junto con las zanahorias. Abre el ají y quítale las semillas (si no lo quieres muy picante) y pícalo en julianas muy delgadas. Pela y pica los dientes de ajo (o, si tienes un exprimidor, haz una pasta). Escurre los fríjoles (es tu decisión si los preparas desde cero, o los compras enlatados), enjuaga y déjalos reposar. Tritura las nueces en un procesador. Tan pronto como los hongos secos estén suficientemente hidratados, retíralos, guarda el caldo y córtalos en trozos pequeños. Entonces, vierte la proteína de soja bien hidratada en el caldo, y exprime este último. Usa sal y pimienta al gusto. La idea es que sea una sopa grumosa, pero no muy líquida, de modo que puedas usar tortillas, por ejemplo, para que así tengas un carbohidrato disponible.

Calienta el aceite vegetal en una sartén grande a fuego medio y primero hierve la proteína de soya ya remojada durante aproximadamente cuatro minutos. Agrega la salsa de soya y sofríe por otros dos minutos. Ahora agrega las cebollas picadas, el ajo, el ají y las especias secas (orégano, albahaca, comino y pimentón) y saltea todo junto durante unos tres minutos hasta que las cebollas estén doradas. Agrega la pasta de tomate y mezcla bien. Sofríe durante otros tres minutos para que la pasta de tomate se vuelva un poco más oscura.

Agrega las papas, el apio y las zanahorias, y cocina a fuego lento durante unos cinco minutos. Luego, añade el vino tinto, y, después, los frijoles escurridos y el caldo de los champiñones remojados a la olla. Lleva la mezcla a ebullición una vez y luego cocina a fuego medio durante una media hora. Agrega las nueces trituradas. Si la preparación se vuelve demasiado espesa para tu gusto, agrega más agua o caldo de verduras.

Y entonces, emplata.

Ahora, la bebida. La idea es usar un coctel de frutas que le aporte acidez a la comida, y que al mismo tiempo te ayude a absorber adecuadamente el hierro de los fríjoles. En la licuadora, vierte cincuenta mililitros de zumo de piña, veinticinco de limón, una hoja de hierbabuena, un trocito de jengibre pelado y una cereza. Añade un puñado de hielo y licua hasta tener una mezcla homogénea. Si necesitas más líquido, añade un poco de agua. Para endulzar, usa un poco de panela en polvo y listo.