Mundo Vegano: ¿Animales humanizados?

Desconocer la naturaleza de los animales, e intentar modificarla a nuestros ideales, podría ser una mala idea. Si bien es cierto que, en esencia, no nos diferenciamos de los animales no humanos (después de todo, pertenecemos al mismo reino biológico), hay asuntos correspondientes a su comportamiento en que, por su propio bien, es mejor no intervenir. Veamos algunos casos.

Hace poco, un caso causó controversia en las redes. Un video viral sobre dos activistas veganas ha despertado toda suerte de críticas (negativas, en su gran mayoría), tanto desde la comunidad vegana, en general, como de personas omnívoras. Un colectivo vegano y transfeminista llamado Almas Veganas manifestó en un video que reciben animales de granja en un santuario, de modo que puedan gozar de una vida digna durante el tiempo que les quede de vida, y son bastante estrictas con no permitir que los animales se apareen, al igual que en cualquier santuario de vida animal. Esto las obliga a esterilizar algunos de los animales protegidos (un macho cabrío, por ejemplo), pero también a separar a los gallos de las gallinas, debido a que no es posible esterilizar a los gallos sin provocarles un daño difícil de reparar. No obstante, y es aquí en donde nace la controversia, la principal razón por la cual separan a los machos y a las hembras de esta especie se debe a motivaciones transfeministas: los gallos, según ellas, violan a las gallinas en la medida en que no media consentimiento alguno en la cópula, y, además, suelen sufrir heridas de gravedad durante el proceso (como sucede con los gatos, las mantis o las viudas negras…) en tanto los gallos suelen golpear a las hembras con el pico y las espuelas de las patas.

Por otro lado, hay una tendencia, preocupante desde el punto de vista veterinario, respecto a algunos animales domésticos, como los perros y los gatos. Algunos veganos, dueños de este tipo de mascotas, han optado por alimentarlas de forma vegana, y, para ello, esgrimen dos argumentos bastante cuestionables. El primero consiste en que tanto gatos como perros (estos últimos, considerados erróneamente como omnívoros, pues son “carnívoros facultativos”) pueden aprovechar las proteínas del reino vegetal para una alimentación saludable, y que, por lo tanto, este hecho significaría otra oportunidad para evitar más sufrimiento animal (y reducir las causas del cambio climático). Después de todo, el concentrado para perros y gatos, además de algunos cereales, contienen huesos molidos y carne de ganado vacuno y porcino (entre otros). El segundo argumento, encadenado al primero, apunta a que la necesidad de comer carne (tanto en nosotros como en nuestras mascotas) es una obsesión derivada de nuestra cultura: una construcción social. Por este motivo, estaríamos en frente a un hábito que podría modificarse. En esta medida, existen empresas productoras de comida para mascotas completamente vegana, fabricada a partir de varios tipos de ingredientes, como un hongo japonés llamado koji, por cierto, bastante nutritivo para nosotros, que te podrías encontrar en un restaurante vegano en Medellín.

Muchos estudios han determinado que introducir una dieta vegana en gatos o perros de forma arbitraria puede ser perjudicial para estos animales. Aunque los perros pueden consumir carbohidratos y algunas frutas y verduras (y aprovechar sus nutrientes), de todas formas necesitan una cuota de carne para mantenerse bien nutridos. Y los gatos, estrictamente carnívoros, podrían alimentarse de suplementos que contengan todos los nutrientes que requieren sus organismos, corriendo el riesgo de que 1) al gato no le guste ese alimento (y, simplemente, no lo consuma) 2) que su organismo en particular necesite muchos aminoácidos y grasas contenidas en productos cárnicos; y, ante una carencia, se enferme y muera.

Muchas personas desconocen (a veces de forma deliberada) el hecho de que los animales tienen lenguajes propios, y pretenden comunicarse con los animales de la forma en que lo hacemos nosotros mismos. Si un perro menea la cola, significa que está contento. Si levanta las orejas y muestra los dientes al ladrar, está lanzando una advertencia. Los gatos tienen diferentes maullidos, cada uno para una situación diferente. Entrecierran los ojos para transmitir confianza. Los simios tienen formas muy complejas de comunicarse. Las ballenas y los elefantes, ni hablar. Y así, podemos encontrar que en la naturaleza hay lenguajes físicos, químicos, sonoros, y, como en nuestro caso, mucho más complejos, y esto significa que no podemos pretender que nuestros animales entiendan lo que queramos que entiendan, por medio de nuestras palabras. Un perro aprende gracias a estímulos y repeticiones. Los gatos, un poco más complicados, también. Intentar cambiar esto traerá muchos problemas, y, al contrario, aprender a hablar en el lenguaje corporal de nuestras mascotas permitirá una mejor comunicación.

Es importante entender que tenemos diferencias con los animales, y que estas diferencias son convenientes. Los seres humanos tenemos consentimiento, voluntad; y esto acarrea responsabilidades (podemos cometer delitos). Los animales no. De hecho, cuesta creer que ellos tengan obligaciones sociales, como nosotros. Lo que estructura nuestra vida, como humanos, además de nuestros instintos (la supervivencia, es el primero, diría Maslow), es la racionalidad, cosa de la cual carecen los animales, por más inteligentes y astutos que sean. Cuando un león conquista un nuevo harén de leonas, mata a los cachorros que no engendró. Los lobos humillan y castigan severamente a los individuos que intentan ocupar un lugar que no les corresponde en la jerarquía de la manada. Las madres de los rinocerontes expulsan a sus hijos de su presencia violentamente cuando estos ya se pueden defender por su cuenta. Algunos grupos de chimpancés matan pequeños simios sin razón aparente (como si se estuvieran divirtiendo). Algunos pingüinos roban los huevos de otros para poder criar a los polluelos como propios.

Así es el mundo natural, y así se ha organizado durante millones de años.

Nuestro interés no es decirle a los dueños de las mascotas cómo deben cuidarlas y educarlas, sino plantear una pregunta: intervenir en la naturaleza animal, ¿no es otra forma de violencia?

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