Mundo Vegano: Los principios de una granja sostenible

El sueño de todo vegano es poder alimentarse sin afectar negativamente su entorno, sin que sufra ningún animal. Aunque esto es complicado, debido a la agricultura extensiva, a la tala de bosques que implica y al uso de químicos (pesticidas, insecticidas, herbicidas, etc.), no significa que sea una meta imposible. En realidad, puedes cultivar una buena cantidad de tus alimentos, adoptar algunos animales y hacer de tu casa un pequeño oasis en medio de un desierto de industria y explotación. Requerirá trabajo, eso sí, pero valdrá la pena a la larga. Vemos algunos principios de una granja sostenible que podrás poner en práctica.

Lo primero será trazar una diferencia. Sostenible no es sinónimo de autosuficiente. Esto último significa que no necesitas nada del “mundo exterior”, y esto es bastante lejano de la realidad. Puedes cultivar muchos de tus alimentos, reciclar tus aguas, compostar, rotar cultivos, etc., y, de vez en cuando, visitarás alguno de los mercados saludables de Medellín. La sostenibilidad puede ser una meta, la autosuficiencia es una utopía.

Ahora, es importante que dispongas de, por lo menos, una cuadra de tierra, y algo de dinero para invertir en una infraestructura muy básica. Si deseas adoptar algún animal de pastoreo (una vaca, un caballo, una cabra, un burro, una oveja…) para aprovechar el estiércol en la compostera (además de proteger su vida, claro está), tendrás que disponer la mitad de la tierra para este. Con esta mitad, lo que deberías hacer es separarla en dos mitades y pasar al animal de un espacio al otro, dependiendo de qué tan alto esté el pasto.

Si te interesa construir tu casa desde cero, considera la bioconstrucción. Si no sabes qué es, visita este enlace. En otro post, podemos hablar de este tema con más profundidad.

Lo que sigue es destinar la otra mitad de cuadra para cultivos, y lo que puedes hacer es dividirla en tres secciones. Una para vegetales de raíz (papas, zanahorias, remolachas, cebollas, ajos, etc.), otra para legumbres y otra para un invernadero, en donde podrás sembrar lo que necesita más calor y protección contra plagas e insectos. En casa, también puedes cultivar germinados, y lo puedes hacer en recipientes con agua, de una manera muy sencilla (en este enlace puedes aprender más).

Es importante que destines una porción de terreno para tu compostera (la cual no tiene que ser muy grande, y podrás aprovechar el compost de manera permanente). En esta compostera, puedes revolver los residuos de tus alimentos con el estiércol de tus animales (si decides tenerlos) y con las plantas no perennes (como el tomate o el fríjol) que van muriendo. A esta mezcla, añade hojas secas, ceniza de leña y las lombrices que encuentres por ahí. Así tendrás un abono rico en nutrientes para fertilizar tus cultivos. Si tienes animales, puedes separar una porción de los alimentos que cultivas para alimentarlos bien, y, así, empezarás a producir ciclos sostenibles en tu granja (pues eso terminará convertido en abono).

En cuanto al riego, puedes aprovechar las nuevas tecnologías de riego por goteo, que te ayudarán a distribuir el agua con mucha más eficiencia, sin gastar de más. Es cuestión de instalar las mangueras de riego en tus cultivos, y de programar la frecuencia y cantidad de riego dependiendo de las necesidades de cada planta. Recuerda que algunas, como el orégano o el tomillo, no necesitan tanta agua como una calabaza o un árbol frutal. Las plantas pueden morir por falta de agua o por exceso, así que investiga muy bien acerca de las necesidades de cada planta de tu huerto.

Para aprovechar mejor el espacio, puedes investigar un poco más sobre los huertos verticales (en este enlace, encontrarás más información). Estos te pueden servir para algunos alimentos, sobre todo, para aquellos que no necesitan desarrollar sistemas radiculares tan profundos. Tus hierbas aromáticas, tus lechugas, tus brócolis, coliflores, así como algunas bayas (uchuvas, por ejemplo), pueden sembrarse en jardines verticales. Otros cultivos necesitarán más cantidad de espacio, como el maíz.

Para los cultivos que estarán sobre el suelo, puedes usar camas que les den cierta elevación. Consigue tablones largos y haz camas con suficiente espacio entre ellas para que puedas caminar y llevar, por ejemplo, una carreta con tierra. Cuando cultivas alimentos en camas, la tierra drenará mejor, podrás alejar tus plantas de algunos hongos y plagas (como las babosas).

Es importante que rotes los cultivos para que la tierra no se agote. Cada vez que un cultivo dé lo que tenga que dar (los tomates, las zanahorias, el fríjol, etc.) deja descansar la tierra, fertilízala y siembra algo nuevo ahí. De esta manera, tu granja seguirá siendo funcional. Lo mismo va con los insecticidas y pesticidas que uses (si puedes, que sean naturales). Nunca uses lo mismo todo el tiempo para que las plagas no se acostumbren a ellos. Puedes preparar un té de tabaco, usarlo, a las dos semanas usar un extracto de ají con ajo, y luego, por ejemplo, un poco de aceite de neem.

Estos son los principios básicos. Cada persona hace de su granja lo que mejor le parece. Algunos van más allá, e instalan sistemas de recolección de aguas lluvias, paneles solares, turbinas de viento, etc. Eso depende de cada quién.