Receta Vegana: Una musaca como para chuparte los dedos

La berenjena no es la verdura favorita de mucha gente. Debido a su natural sabor amargo, mucha gente la asocia con un mal sabor, y, cada vez que notan que un plato contiene este producto natural (por ejemplo, en los restaurantes veganos de Medellín), terminan por elegir otra opción. En realidad, se están perdiendo de un increíble manjar de reyes. Cuando el cocinero sabe preparar la berenjena, estará manipulando un producto delicioso y muy nutritivo, que, además puede resultar altamente necesario para complementar una dieta vegana debido a su contenido de minerales, vitaminas y proteínas. En el mundo árabe y mediterráneo, la berenjena ha sido (desde hace siglos) un ingrediente indispensable en cualquier cocina, y su versatilidad ha permitido que todos los países de estas dos regiones hayan creado platos típicos con la berenjena como eje. En un post anterior, hablamos un poco sobre la berenjena (ver el enlace anterior), sus propiedades, un poco de historia, y una receta clásica: el baba ganoush. En esta ocasión, hablaremos de un plato típico de los Balcanes llamado musaca (o moussaka), y te enseñaremos una como para chuparte los dedos.

La musaca es uno de los platos típicos de Grecia, pero cada país de los Balcanes tiene su propia versión (los Balcanes es esa región de países que hacían parte de Yugoslavia, como Macedonia, Serbia, Bosnia, Eslovenia, Albania, Croacia, etc., en donde, incluso, usan papas en lugar de berenjenas…). En su receta tradicional, la musaca lleva carne (de cordero, casi siempre), pero, por supuesto, siempre es posible hacer una adaptación vegana que, de todas formas, tendrá un delicioso sabor mediterráneo. Si ejecutas esta receta un par de veces, hasta que lo logres (hay gente que lo hace en la primera), te darás cuenta de que es muy fácil de preparar, y el resultado es tan exquisito, que se podría convertir en uno de tus platos estrella.

Bueno, si sabes hacer una lasaña, hacer una musaca o te parecerá cosa de otro mundo debido a que, básicamente, una musaca es una lasaña de berenjenas (en la cual se reemplaza la pasta por cortes finos de este vegetal). Como cualquier plato de lasaña, tendrás que preparar tres partes del plato de forma paralela: las berenjenas (a modo de pasta), el relleno, y la salsa.

Suena fácil, sin embargo, tiene sus trucos, tiene su sazón particular. Así que presta atención. No deja de ser sencilla, pero deberías seguir estas instrucciones al pie de la letra.

Cocinando para una dieta vegana

Para una porción de dos personas (con hambre), necesitarás los siguientes ingredientes:

  • Tres berenjenas medianas (o dos grandes)
  • Dos papas (capiras, ojalá)
  • Media libra de tomates maduros (de aliño)
  • Una cabeza de ajo
  • Un manojo de hojas de albahaca
  • Un chorro de vinagre balsámico
  • Una cucharada de orégano
  • Una cucharada de tomillo
  • Una cucharadita de comino
  • Una hoja de laurel
  • Pimienta al gusto
  • Un chorro de aceite de oliva (no tiene que ser el más caro)
  • Vegetales a tu gusto
  • Pan rayado

Bueno, lo primero es sangrar las berenjenas, si deseas deshacerte del sabor amargo de estas. El proceso de sangrado es, palabras más, palabras menos, dejarlas reposando con sal en un recipiente (un colador, por ejemplo) en donde puedan desprender sus jugos. Como estos jugos amargos son oscuros y rojizos, a este proceso se le conoce así, sangrado. No te vayas a poner sentimental, que esto es una verdura. Lo que harás es pelar las berenjenas y luego cortarlas en rodajas muy finas. Si no eres muy hábil con el cuchillo, busca hacerlo con la cuchilla de un rayador (la que está ahí para esa función). Luego las dejas en un colador, con un recipiente debajo, para recibir todo el jugo, y, a cada una, la cubres con una capa de sal casera.

Una vez estén sangradas (en cosa de una hora están perfectas, pero puede ser en la mitad de eso), las enjuagas para retirarle la sal, y las sofríes en aceite de oliva con la mitad de los dientes de ajo exprimidos, y lo haces por ambos lados hasta que las rodajas doren un poco.

De forma paralela, está la salsa. Para esta ocasión, vamos a emular de alguna manera la receta griega, y esto significa que prepararemos una deliciosa salsa de tomates, muy similar a la italiana, conocida popularmente como pomodoro. Para esto, pela bien los tomates, pártelos en rodajas, y déjalos en una olla en fuego alto con un chorro de vinagre balsámico. Añade sal y pimienta al gusto, el laurel, el orégano, el tomillo y la albahaca. Añade la otra mitad de la cabeza de ajo, con los dientes exprimidos. Espera veinte minutos, hasta que los tomates suelten la mayor cantidad de su jugo (y toda tu casa quede oliendo a restaurante italiano), y, entonces, lícualo todo y vuélvelo a vertir en la olla para reducirlo un poco, hasta que tengas una salsa espesa.

Por último, puedes cocinar las papas y trocearlas junto a los vegetales de tu predilección. Busca un molde mediano de lasaña, recúbrelo con un poco más de aceite de oliva, y haz capas: una de berenjenas, una de relleno, una de salsa. Todo, hasta que llenes del molde. Por último, haz una capa de pan rayado, y mete el molde al horno a 250 grados, arriba y abajo, durante una media hora.

Y buen apetito.