3 Sopas veganas, deliciosas y nutritivas

Es octubre y eso significa lluvias, cielos nublados y frío. Para calentarnos por las noches, nada como una sopa, que, además de deliciosa, no le exige mucho a la digestión del cuerpo. A mucha gente no le gusta la sopa. Esto se debe, en parte, a que siempre han probado las mismas, y nunca se han aventurado a probar cosas nuevas. Quienes aman las sopas, lo saben: un buen plato sopero puede ser tan agradable como cualquier otro, y hace falta cierta práctica para ejecutarlo bien. En este post, aprenderás a hacer una serie de sopas veganas (un poco exóticas) que te harán muy feliz (a tu paladar, a tu estómago y a tu bolsillo). Son muy fáciles de preparar, no te tomarán mucho tiempo, y serán una maravillosa sorpesa para tus comensales (sobre todo, a esos que dicen detestar las sopas), acostumbrados, quizás, a las sopas tradicionales que, aunque pueden ser muy ricas, podrían haberlos aburrido ya.

Ver también: Guía práctica para reconciliarte con la remolacha (si no te gusta)

Sopa de crema de calabaza

Esta receta es tan simple, que asusta. Lo mejor de todo, es que este plato acaricia suavemente el estómago, y es perfecta para una noche fría. La crema de coco le da un agradable tono lechoso. Además, las vitaminas básicas contenidas en la calabaza se absorben mejor cuando la acompañas con alimentos grasosos.

Para esto, necesitarás una libra de calabaza (sí, la auyama es una calabaza…), un pimentón rojo de gran tamaño, una zanahoria, una papa capira, un tomate chonto, una cebolla blanca, ajo al gusto, 800 ml de agua (si la quieres más espesa, déjala reducir), una cucharada de sal, una pizca de pimienta negra molida y un chorrito de vinagre de frutas.

La preparación es muy simple. En primer lugar, precalienta el horno a 200 grados. Corta la calabaza por la mitad, pela y retira las semillas. Pela las verduras y córtalas en cubitos. Extiéndelos en una bandeja para hornear y báñalos con un chorrito de aceite de oliva. No olvides sazonarlos con sal y pimienta. Déjalos en el horno por veinte minutos, hasta que la calabaza y las papas estén suaves. Pon el agua a fuego alto y hierve. Vierte las verduras horneadas al agua hirviendo, y, después de que se ablanden por completo, mételas a la licuadora. La masa resultante se sazona con sal y pimienta al gusto. Si la sopa es demasiado espesa, puedes agregar más agua caliente hasta alcanzar la consistencia deseada.

Sopa de miso

La sopa de miso es el plato principal del desayuno japonés, pero algunas personas en este país asiático la consumen tres veces al día. Por lo general, se come con arroz, huevos y pescado, pero también se puede hacer vegana. Puedes comerla sola, o usarla como entrada para tu almuerzo o tu cena. Acompaña muy bien todas las comidas.

Para esta receta necesitarás doscientos gramos de tofu, dos cucharadas de algas nori (las puedes encontrar en los mercados saludables de Medellín), dos cucharadas de pasta de miso (es muy fácil de preparar, si no la consigues lista), una cucharada de salsa de soya y una cebolla de rama.

Lo primero es cortar el tofu en pequeños cubos. Pon a hervir el agua y agrega el tofu. Corta las algas nori en julianas y sofríelas durante cinco minutos. Agrega la pasta de miso, la cebolla cortada en rodajas muy finas y mezcla. Y listo. Puedes acompañar la sopa con una ensalada y con arroz, y tendrás una comida bastante balanceada.

Rassolnik

Rassolnik es una receta típica de Europa del este, y consiste en una sopa vegana bastante simple, saludable y deliciosa, con ingredientes que jamás habrías consumido juntos (y mucho menos, en una sopa).

Necesitarás litro y medio de agua, una zanahoria, una cebolla blanca, dos papas de cualquier tipo, diez pepinillos en conserva, setenta gramos de cebada, un pepino, dos cucharadas de aceite de girasol, dos hojas de laurel, una cucharada de pasta de tomate, una cucharadita de sal, una pizca de pimienta y ajo al gusto. Para prepararla, hierve el agua y vierte la cebada. Reduce el fuego a medio y cocínala durante unos veinte minutos. Luego, corta las cebollas y las papas, ralla las zanahorias, calienta una sartén a fuego medio y sofríe las cebollas, el ajo y las zanahorias durante unos cinco minutos. Agrega las papas y sofríelas durante unos diez minutos. Luego, pica los pepinillos y los pepinos, mézclalos bien y sofríelos durante unos dos minutos. Añade la pasta de tomate, la sal y la pimienta y sofríe durante unos dos minutos más. Vierte todo a la olla y hierve durante unos veinte minutos a fuego lento. Y listo. Acompaña esta sopa con un poco de perejil y cilantro, y, si lo deseas, con una cucharada de mayonesa vegana.

Recetas Veganas: Comida china (de verdad), cómo es y qué puedes preparar

Si has tenido la oportunidad de viajar a otros países y has probado la comida china, te habrás dado cuenta de que es muy diferente a la que has comido aquí. Eso no es casualidad. No es que en cada país preparen platos distintos de la comida china, lo que sucede es que lo que se vende fuera de China como comida china, no lo es. Lo que los inmigrantes de este gran país asiático han hecho durante mucho tiempo es adaptarse a los gustos regionales, y preparar platos que gusten y que se puedan vender, con su propio toque culinario. Así, el arroz, el chop suey y las lumpias que comemos aquí, serán inexistentes en otros lugares, en donde puede predominar el gusto por la pasta, como en EEUU, en donde se venden más tallarines, como vemos en las películas.

Sin embargo, la gastronomía China es vastísima: es un país inmenso y muy antiguo, después de todo. Muchas de los platos que consumen los chinos en la actualidad pueden tener miles de años. Y no, así como puedes evidenciarlo en algunos restaurantes veganos de Medellín, muchas recetas son perfectamente veganas, o pueden adaptarse con facilidad… y en esa adaptabilidad hay mucho de chino.

Hablemos un poco de la comida china, en general, y mencionemos una receta que puedes ejecutar en casa.

Lo primero que hay que decir es que los chinos comen de todo. Mientras el ingrediente no sea venenoso y nutra, de alguna manera, lo más seguro es que termine en un plato. Debido a que han pasado por tantas hambrunas, y porque la población china siempre ha sido más o menos numerosa, han aprendido a sobrevivir durante los milenios. Por eso puede ser una comida muy extraña para los occidentales. En algunas regiones de China, la gente come bloquecitos de arcilla, por ejemplo.

Lo otro, muy de la mano de una de los grandes caminos espirituales de oriente, oriundo de este país, el Tao, es que debe haber siempre un equilibrio de sabores y texturas. En todo plato chino, deberían estar presentes el sabor salado, el dulce y el agrio (y, claro, muchas veces el picante). De hecho, esta es una de las razones por las cuales la comida rápida occidental no es muy exitosa en China: suele ser desequilibrada en este sentido; y, por eso, las gastronomías occidentales que incluyen recetas de alta complejidad, como la francesa o la italiana, se aprecian mucho en las grandes ciudades chinas, como Beijing.

Finalmente, los chinos tienen una serie de reglas tácitas a la hora de cocinar. Una de ellas es que los vegetales siempre deben cocinarse. Por mucho tiempo, la cocción de las verduras fue la manera en que evitaban enfermedades, y esto terminó convirtiéndose en un rasgo esencial de esta gastronomía, así tengamos maneras muy efectivas de esterilizar los alimentos. De igual manera, y por la misma razón, los chinos siempre hierven el agua. De hecho, las bebidas chinas siempre suelen estar calientes, aunque afuera estén a cuarenta grados centígrados. Otra, es que hay alimentos que no se deben mezclar, y, por el contrario, hay otros que, al combinarse, alimentan más (ver este artículo, derivado de eso). Además de lo anterior: el arroz suele servirse aparte, no mezclado con verduras y cualquier otra cosa que se atraviese en la despensa (a menos que la receta lo amerite, como el Siu Mai). El arroz chino de verdad es blanco, como el que preparamos nosotros (de una especie distinta, eso sí). Por último, la comida china suele ser más sana de lo que pensamos porque, aunque conocemos muchos platos fritos (como las lumpias), los chinos siempre preferirán saltear los alimentos en un wok, o cocerlos en agua, al vapor o a las brasas.

Ahora sí, veamos una receta: Yu Po Mian, una receta de tallarines que no te tomará más de quince minutos en tener lista. Quedarás con la boca abierta, del hambre, y de lo fácil que es ejecutar este plato, Sólo necesitas los ingredientes adecuados: cien gramos de tallarines (los puedes hacer tú, o conseguirlos veganos en un mercado saludable), 1 cucharada de aceite de ajonjolí, tres dientes de ajo, una cebolla larga, un puñado de champiñones (si encuentras shitakes, mejor), medio repollo (busca uno pequeño), un trocito de jengibre rallado, tres onzas de salsa de soya, media cucharada de azúcar, tres cucharadas de vinagre de frutas y sal al gusto. Si lo quieres acompañar de una proteína, el tofu en trocitos está perfecto.

Lo primero es poner a cocer los tallarines, y hazlo con el repollo rayado, el jengibre, los hongos. Cuando estén al dente, cuela toda el agua y pasa todo (junto con el resto de ingredientes de la lista) al wok. Eso sí, antes de eso, sofríe un poco la cebolla y los ajos, finamente cortados. Y ya.

¡Buen apetito!

6 Plantas medicinales que puedes encontrar muy cerca de ti

La industria farmacéutica ha llevado las propiedades curativas de las plantas a horizontes nunca soñados en el pasado. Después de todo, la tecnología ha avanzado mucho en la producción de medicamentos. Pero esto está lejos de ser una utopía en términos de salud para toda la población. El costo de muchos medicamentos es altísimo, hay muchos efectos secundarios, y hay prácticas bastante cuestionables como la experimentación en animales, las patentes de semillas usadas por pueblos indígenas o la corrupción que se mueve en la industria de la salud en todo el mundo.

Aunque las plantas por sí solas nunca tendrán el alcance de algunos medicamentos (por ejemplo, para controlar una bacteria intrahospitalaria resistente a muchos antibióticos), podemos usar muchas de ellas para atender problemas menos graves, y, sobre todo, para consumirlas de manera preventiva ante la presencia de diversas enfermedades. La buena noticia es que no hay que ir muy lejos. Algunas de ellas podrían estar en tu jardín, en un bosque cercano, o en uno de los cientos de mercados saludables de Medellín. Vamos a ver una breve lista de ellas.

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Diente de león

Esta planta es bastante útil para tratar problemas del hígado, pues ayuda a desintoxicarlo. Sus flores son comestibles (y las puedes añadir a una ensalada, perfectamente), pero también puedes aprovechar sus raíces, sus hojas y el tallo. El sabor es amargo, pero el remedio es efectivo: consume una planta entera, bien lavada, todos los días, o prepara un extracto, y notarás cambios drásticos en tu hígado, en caso de que tengas problemas con este importante órgano. Lo mejor de todo es que sobreabunda en nuestro territorio y nadie la usa para nada. Así que puedes compartirla con las abejas, pues hay muchas de ellas.

Hierbabuena

Con esta planta puedes hacer más que preparar mojitos. La hierbabuena, o menta de jardín tiene propiedades desinflamatorias, analgésitas, antisépticas, y mucho más. Se pueden preparar infusiones, ungüentos y aceites. Cuando se bebe, puede ayudar a tratar la diabetes y te relaja. Cuando se aplica sobre la piel, puede ser útil para dolores musculares y para controlar el acné. Es una planta para aprovecharla en muchos sentidos.

Curazao

Estas flores, llamadas comúnmente como veraneras, tienen muchas propiedades medicinales. En México, en donde las llaman bugambilias, se usan como un medicamento para bajar la fiebre y tratar la tos. Lo que debes hacer es arrancar un buen manojo de estas flores fucsias, lavarlas muy bien, cerciorarte de que no están marchitas ni tienen hongos, y hacer una infusión. Calienta el agua, y, cuando esté hirviendo, añades las flores y un poco de miel de agave. Es una buena manera de mantener la fiebre a raya (y sabe muy bien).

Pino

A pesar de que este árbol contiene unas resinas que no son saludables al largo plazo, puedes hacer una excepción de vez en cuando para controlar una gripa o una tos con una infusión muy fresca que tal vez nunca te hubieras imaginado que existía. En realidad, no estamos inventando el agua tibia: esta infusión existe desde hace mucho tiempo, y ha sido usada en muchas culturas para tratar la gripa, la tos y otras enfermedades respiratorias. Lo único que debes hacer es arrancar algunas hojas de pino aguja (es el mejor en este caso), lavarlas muy bien, y dejarlas en agua caliente hasta que veas que la infusión cobre un color verde pálido. La puedes tomar con limón y con miel de agave. Esto puede contener más vitamina C que una naranja, incluso sin el limón.

Saúco

Los árboles de saúco se pueden encontrar extendidos a lo largo de nuestro territorio antioqueño, sobre todo, en climas templados. Por siglos, esta planta se ha usado para tratar problemas respiratorios, sobre todo como un antigripal y un desinflamatorio. No obstante, las propiedades del saúco se extienden a otros sistemas: es útil para problemas renales y del hígado, más que nada, cuando se presentan inflamaciones en estos dos órganos. Lo que se usa del saúco son las flores, con las cuales puedes preparar infusiones y bebértelas, por ejemplo, con jengibre y limón. En muchas tiendas, las puedes encontrar deshidratadas, pero también las puedes arrancar del árbol, lavarlas muy bien y utilizarlas para tus propósitos.

Sábila

Seguramente has escuchado mucho acerca de esta planta y de las infinitas bondades del áloe. Pues bien, esta sustancia viscosa se extrae de esta planta que muchas personas tienen en sus jardines, o que, de manera supersticiosa, cuelgan detrás de las puertas. Los cristales contenidos en este gel son útiles para quemaduras, para mascarillas, para tratamientos capilares, para tratar problemas respiratorios (una bronquitis, por ejemplo), pero también tiene un excelente aporte nutricional: contiene antioxidantes, minerales y vitaminas. Algunas personas lo consumen a diario para preparar batidos saludables porque se ha descubierto que puede ser útil para la pérdida de peso.

Cómo organizar los almuerzos veganos de toda tu semana

¿Quieres comer más sano? Si estás en este blog, la respuesta sobra. ¿Gastas mucho dinero en tu alimentación durante la semana? Ese es uno de los principales problemas de quienes salen a trabajar todos los días. ¿Quieres cocinar, pero no tienes tiempo de hacerlo todos los días? Bueno, para todo hay una solución. En este post, aprenderás a cocinar cinco platos veganos distintos, y a prepararlos de la manera más eficiente, de modo que ahorres dinero, tiempo y mala salud, además de tener una agradable experiencia. Ya lo verás: cocinar de esta manera es una gran inversión para tu bolsillo, para tu cuerpo y para tu mente. La clave está en trazar un plan como el que verás a continuación, destinar un día para mercar todo lo que necesitas y preparar todos los ingredientes, de modo que cocinar sea una tarea muy sencilla.

Esto, por lo menos para cinco días. Tal vez desees destinar otro día para salir a comer a uno de los muchos restaurantes veganos de Medellín, quién sabe.

En primer lugar, lo que debes hacer es mirar tu agenda. En esto, debes ser muy estricto, porque la menor alteración de este orden puede significar un caos a lo largo de la semana. Piénsalo como una necesidad, y asúmelo con disciplina, y lo agradecerás el resto de la semana. Destina un día para salir a mercar todos los ingredientes y para dejarlos listos para usar en cualquier receta. De esta manera, todos los días necesitarás menos de diez minutos para tener un almuerzo listo.

En segundo lugar, traza un plan de almuerzos, y discrimina todos los ingredientes que vas a comprar. Puedes ir a una plaza de mercado, en donde las frutas, las verduras y los granos son mucho más baratos. Lo tercero es lavarlos, desinfectarlos, y dejarlos listos, como aprenderás a continuación, con el ejemplo de plan de este post.

Lista de compras

Un pan vegano de hamburguesa, un pan vegano tipo baguette, un paquete de pastas de lasaña, 50 gr de tomates deshidratados, dos berenjenas, dos zanahorias, tres tomates de aliño, dos pimentones, aceite de oliva, sal, pimienta, una libra de los fríjoles de tu preferencia, una libra de arroz, una lata de aceitunas negras sin hueso, un plátano maduro, un aguacate grande (o dos pequeños), media libra de queso vegano (el que más te guste), 250 gr de garbanzos, un ramo de cilantro, un manojo de perejil, cebolla blanca, una cebolla de puerro, un calabacín, una cabeza de ajo, dos onzas de harina de trigo, una libra de espinacas frescas, una onza de ajonjolí, un trozo de panela, una cucharada de polvo para hornear, una cucharadita de comino en polvo, una taza de nueces y tortillas para burritos.

Desinfección y almacenamiento de los ingredientes

Si no estás muy familiarizado con la manipulación de alimentos, aprende un poco más en este enlace. Lava todo muy bien, desinfecta (son dos cosas distintas), y, a continuación, pela, corta tus vegetales y guárdalos en recipientes herméticos en tu nevera. En algunos casos (como el aguacate o la berenjena), debes abrirlos y prepararlos sólo cuando vas a cocinar. En cuanto a los fríjoles, ponlos a remojar desde el día en que los compras, y, al otro día, ponlos a cocinar en tu olla de presión con el resto de ingredientes (sal, zanahoria, panela, etc.), de modo que los puedas porcionar y congelar. Lo mismo con los garbanzos: déjalos en remojo, y, al otro día, procésalos con el ajonjolí, el cilantro, el perejil, la harina, el polvo para hornear, el comino, la pimienta y la sal. Incluso, puedes dejar la masa lista para hornear o freír en forma de buñuelos o galletas.

Plan de cocina

Día 1: Sandwich (Sánduche) de berenjenas y tomates secos.

Esta receta es muy fácil, y no te tomará más de veinte minutos. Sólo debes dejar la berenjena sobre el fuego hasta que se queme toda la cáscara, abrirla, rasparla, terminar de deshidratarla en una sartén, y luego añadir aceite de oliva, hierbas aromáticas (como orégano, laurel y tomillo), sal y pimienta. Con esto, más los tomates secos y un poco de queso vegano, en el pan francés, tendrás un delicioso sandwich que podrás llevar a tu trabajo. Serás la envidia de todos.

Día 2: Cazuela de fríjoles

Este clásico de la gastronomía paisa puede ser una excelente opción para tener muchas energías y recibir una importante cantidad de nutrientes. Puedes aprenderla a preparar en este enlace. Guarda un poco de fríjoles para el burrito del día 5.

Día 3: Hamburguesa de falafel

Práctica, saludable, balanceada, y, por supuesto, deliciosa. Puedes encontrar la receta en este enlace.

Día 4: Lasaña de espinacas y nueces

Necesitarás la mayor parte del queso vegano, todas las espinacas y las nueces. Es una opción deliciosa, muy apropiada para compartir con alguien, y acompañar, por qué no, con una copa de vino blanco. Puedes aprender la receta en este enlace.

Día 5: Burrito de vegetales salteados

Es la más fácil: saltea los vegetales que te han sobrado de todas las anteriores preparaciones: zanahorias, calabacines, tomates, cebollas, etc. Envuélvelos en una tortilla con un poco de queso vegano y de fríjoles. Envuelve los burritos en papel aluminio y caliéntalos durante unos minutos en el horno. Y ya está.

¡Buen apetito!

2 Deliciosos Sandwiches veganos para llevar a tu trabajo

Existe una opinión equivocada acerca de los sánduches (o sandwiches): no son comida sana. Este bocado, inventado, según la historia, en las partidas de póquer, por mucho tiempo ha sido sinónimo de pereza, de rapidez y de simpleza, maquilladas de practicidad. Dicen los historiadores que, a finales del siglo XVII, un conde francés llamado John Montagu (IV conde de Sandwich), pasaba mucho tiempo jugando a las cartas, y, para evitar ensuciarse los dedos, y con el propósito de comer todo lo que incluía una comida de la época, “emparedaba” todo en dos panes y listo. Desde entonces, la gente ha seguido con la receta, pero la idea se ha nutrido por siglos y han aparecidos, literalmente, millones de versiones.

Por supuesto, el veganismo no se queda atrás. Y, a sabiendas de que para muchas personas el sánduche se traduce en practicidad a la hora de llevar algo de comer al trabajo, ofrecemos este post de 2 ideas de sánduches veganos que, además de ser fáciles de preparar, son altamente deliciosos. Vamos a ver.

Antes que nada, recuerda que en este blog puedes aprender a producir tus propios panes y quesos veganos, que puedes combinar con las recetas que verás a continuación.

Falafel y labneh

En caso de que no tengas mucha familiaridad con la comida árabe, el falafel es una albóndiga de garbanzos (aunque se puede replicar con lentejas, fríjoles o arbejas) y el labneh es una ensalada que, a pesar de que lleva yogurt en su versión original, puede hacerse de forma vegana.

El pan que necesitarás debería ser árabe, sin levadura (conocido también como “pan pita”), que podrás encontrar sin mucha dificultad en un supermercado. Necesitarás media libra de garbanzos, cincuenta gramos de ajonjolí, un manojo de cilantro, otro de perejil, polvo para hornear, harina de trigo, dos cucharadas de comino, una de sal y una de pimienta. Para el labneh, necesitarás 300 ml de yogur de soya natural sin azúcar, una pizca de sal, un pepino pequeño, un cuarto de coliflor, un cuarto de calabacín verde y un puñado de aceitunas verdes.

Vamos primero con el falafel. Lo que debes hacer es remojar los garbanzos durante una noche y licuarlos al otro día. En la licuadora, añade el ajonjolí (antes de esto, lo puedes dejar en una sartén a fuego medio durante diez minutos), el perejil, el cilantro, el comino y la sal. Cuando tengas una mezcla homogénea (ve añadiendo chorritos de agua poco a poco), vacia todo en un bowl y añade el polvo para hornear y la harina de trigo (lo suficiente de cada uno hasta que la mezcla se ponga pastosa). Si los quieres freír, haz buñuelos y ponlos en el aceite hirviendo. Si los deseas hornear, haz galleticas y voltéalas cada media hora hasta que estén doradas y crujientes.

El labneh es mucho más fácil. En un bowl vacia el yogurt de soya (es, básicamente, una leche de soya con un proceso de fermentación) y mezcla la sal, el pepino y el calabacín cortados en cubitos muy finos, la coliflor en pequeños trozos y las aceitunas. Si deseas, puedes añadir un par de hojitas de menta a la mezcla para darle más frescura.

Abre el pan pita en dos, para formar dos bolsillos, y rellénalos con el falafel y el labneh.

Y listo.

Berenjena asada con tomates secos

Este es un sánduche gourmet de excelente sabor y que te aportará una buena cantidad de minerales y proteínas. Lo ideal es acompañarlo con una ensalada sencilla. Necesitarás una porción de pan tipo baguette de 30 cm, una berenjena de gran tamaño, cincuenta gramos de tomates deshidratados, un limón, aceite de oliva, tomillo y romero secos, y el queso vegano de tu preferencia.

Lo primero que debes hacer es asar la berenjena. Ponla entera, sin abrir, ni nada, sobre el fuego alto (so sobre las brasas, si puedes) hasta que toda la piel esté quemada. Esto se toma alrededor de veinte minutos, dependiendo del poder del fuego. Posteriormente, ábrela en dos y, con una cuchara, raspa toda la pulpa. En una sartén, pon esa pulpa de berenjena con un poco de la piel quemada, añade una cucharadita de sal y el romero y el tomillo, y deja que se evapore toda el agua que le quede. Cuando esto suceda, añade el zumo del limón y el aceite de oliva, y listo. Ponla sobre el pan, derrite el queso vegano y pon encima los tomates deshidratados.

Si no encuentras tomates deshidratados en los mercados saludables de Medellín, lo que puedes hacer es deshidratarlos tú mismo en el horno. Córtalos en rodajas finas, añade una capa de sal por encima y por debajo de ellos, y, con el calor arriba y abajo a unos 150 grados durante algunas horas, notarás que se vuelven crocantes. Esto mismo lo puedes hacer en un deshidratador casero. De preferencia, usa tomates cherry, pues tienen menos agua y son más fáciles de secar.

Ver también: ¿Hamburguesas veganas? Sí: ¡deliciosas!

Tip vegano: 5 Recetas de fermentados que puedes hacer tú mismo

En posts anteriores hemos hablado de por qué deberías aprender a fermentar alimentos en casa, y de cómo hacerlo de manera práctica. En este post, encontrarás algunas recetas deliciosas y altamente nutritivas de vegetales fermentados, que, no sólo te aportarán muchas propiedades beneficiosas a tu organismo, sino que podrás almacenar durante meses (o, a veces, años) en las condiciones apropiadas. Para estas recetas, usaremos verduras, hongos y granos locales, que podrás encontrar sin muchas dificultades en los mercados saludables de Medellín (porque, después de todo, si son orgánicas, sabrán mejor). De todas formas, si deseas implementar las fórmulas que ya hemos enseñado para fermentar alimentos más exóticos, tendrás ante ti un amplísimo abanico de posibilidades que pondrán a prueba tu creatividad.

Advertencia previa: descontamina tus alimentos previamente. En este post puedes aprender un poco más sobre esto. De esta manera, eliminarás algunas bacterias dañinas que podrían arruinar tu proceso de lactofermentación. Lo otro, es mantener la temperatura de tus alimentos fermentados (durante el proceso, y después) en un rango entre 15 y 23 grados celsius. Si están por debajo de eso (por ejemplo, en la nevera), el proceso de lactofermentación será muy lento. Si están por encima de ese intervalo, podrás matar las bacterias que necesitas. El último consejo es usar un recipiente de vidrio con una tapa que se ajuste muy bien (ojalá con cierta hermeticidad) para evitar el ingreso de agentes patógenos.

Ensalada rusa

Aunque este tipo de ensalada fue inventada en Francia, mucha gente la consume en Europa del Este, y terminó por ser incorporada a la gastronomía rusa. Toma dos remolachas y dos zanahorias peladas, y córtalas en cuadritos. Toma un diente de ajo y media cebolla y pícalos muy finos. Recuerda pesar estas verduras y el agua para calcular la cantidad de sal, guárdalos en un recipiente de vidrio previamente esterilizado (diez minutos en agua hirviendo) y mete tus verduras. Los azúcares de la remolacha y de la zanahoria serán bien aprovechados por las bacterias y van a sintetizarlos en un delicioso ácido láctico que le darán un toque amargo a esta ensalada. Mientras más la dejes fermentando, mejor. Notarás que el agua se teñirá de fucsia y que las verduras quedarán muy blanditas.

Tomates marinados a la italiana

Esta receta es muy sencilla, pero el sabor resultante será una bomba deliciosa. Lo que debes hacer es tomar algunos tomates cherry, añadir cascos de cebolla (blanca o morada), tres dientes de ajo pelados, una hojita de albahaca, una hojita de laurel, un puñadito de orégano, un puñadito de tomillo y otro de romero. Debes esperar por lo menos una semana hasta que la salmuera haya extraído los sabores por medio del proceso de maceración. Esta receta de fermentados la puedes usar en tus pastas, en tapas, en una ensalada, o comerla directamente sin añadidos de ningún tipo. Si lo deseas, puedes añadir un ají a la mezcla para darle un poco de picor.

Chukrut

Esta delicia de la gastronomía alemana es perfecta para acompañar tus salchichas de soya y amaranto, con una buena mostaza artesanal, un pan integral y una cerveza bien fría. Depende del envase y de la cantidad que desees consumir, busca tres tipos de repollos: morado, blanco y coles de bruselas. Si no encuentras estas últimas, hazlo con los primeros dos. Lo que debes hacer es cortar los repollos en julianas muy finas, pesarlos, calcular el nivel de sal y guardar para empezar el proceso. Lo recomendable con el Chukrut es dejar fermentando durante unas cinco semanas, y, si lo deseas bien fermentado, espera hasta unas nueve.

Pepinillos

Esta receta es clásica, que mucha gente adora para sus ensaladas, hamburguesas y sánduches, y en realidad es bastante sencilla de llevar a la práctica. Lo que necesitas son pepinos y canela. Lo que debes hacer es cortarlos en rodajas muy finas (ni siquiera tienes que pelarlos), partir la canela en pedazos con tus manos (búscala en rama) y meterlos al envase con la salmuera. Si los encuentras de menor tamaño, como los pepinillos clásicos que encuentras en las conservas, no tienes que picarlos sino atravesarlos con una aguja para que se les salga cualquier burbuja que contengan, y, entonces, fermentarlos. Algunas personas prefieren esta receta con una ramita de hinojo.

Zanahorias con ajo, tomillo y mostaza

Esta también resulta ser una ensalada increíble, pero también puede ser el relleno de una empanada o de un pie. Lo que debes hacer es cortar la zanahoria en julianas, añade tres dientes de ajo de gran tamaño y una ramita de tomillo. Además de eso, añade una cucharada de granos de mostaza, y, si lo prefieres, de pimienta negra. Cerciórate de que nada flote. Todo debe estar por debajo de la superficie para que los microbios que habitan en el aire no afecten esta receta.

Ahora, ponte creativo. También puedes fermentar frutas, granos y hongos. Sólo debes informarte bien y tener paciencia, porque a veces necesitarás un poco del viejo ensayo y error hasta alcanzar unos buenos resultados.

Guía práctica para fermentar tus alimentos en casa

En el post anterior, hablamos un poco acerca de los beneficios de consumir alimentos fermentados, de su importante papel en las gastronomías de la antigüedad y de lo interesante en términos de conservación. En este post, aprenderemos lo básico de este arte dentro de un arte, y, en el siguiente, aprenderemos algunas recetas deliciosas que puedes poner en práctica en la comodidad de tu casa, y sin mucha parafernalia.

Lo primero es entender el proceso de fermentación y los tipos de procesos que existen. Esto es fundamental porque no puedes fermentarlo todo usando la misma receta. Es importante conocer las propiedades de los alimentos, tanto para una fermentación efectiva, como para lograr que se conserven durante el tiempo que lo necesites.

Empecemos por la fermentación en sí misma. Fermentar es descomponer los alimentos de forma controlada, con el objetivo de alterar sus propiedades organolétpticas. Debido a que la comida está viva (una zanahoria, un tomate, una cebolla pueden sembrarse, y algo germinará, después de todo…), lo que hacemos al fermentar es permitir que esa vida se agote y lo haga en unas condiciones particulares para preservarla por meses, o a veces años. Como debes saber, existen millones de microorganismos en el ambiente, y lo que estos hacen es alimentarse de ciertos compuestos de la comida y transformarlos en otros, como ácidos, gases o alcohol.

Existen varios tipos de fermentación, pero nos interesan sólo tres. Las diferencias entre ellas dependen, sobre todo, del nivel de oxígeno en el proceso (o su ausencia). La primera se conoce como lactofermentación, y es la que se usa normalmente para producir yogurt, kimchi o el repollo fermentado alemán llamado Sauerkraut (el cual puedes encontrar en algunos mercados saludables de Medellín). La lactofermentación consiste en la transformación de la glucosa contenida en los alimentos en ácido láctico. El segundo tipo se llama fermentación acética, y aquí los microorganismos convierten al alcohol etílico en ácido acético (como el que encuentras en el vinagre), y para lograrla, los microbios deben estar en contacto con una importante cantidad de oxígeno (a diferencia de la anterior).El tercer tipo se conoce como fermentación alcohólica, y, en esta, las bacterias convierten los carbohidratos presentes en los alimentos en etanol. Para lograr esto, la cantidad de oxígeno debe ser nula.

Cuando se trata de fermentar vegetales, el proceso de fermentación que usamos es el segundo: lactofermentación. Puedes usar los otros para otras recetas (perfectamente veganas), como cerveza artesanal, tempe o kambucha. En este post, vamos a enfocarnos en la lactofermentación para que puedas aprender a fermentar tus vegetales.

Ahora bien, la esencia de la fermentación es el control del ambiente. Existen bacterias beneficiosas para este proceso, y otras que son dañinas. Aquí se trata de sacarle provecho al trabajo de las bacterias útiles para que produzcan las reacciones químicas que buscamos, y dejar fuera a las que puedan afectar nuestros alimentos (y envenenarnos, además). Para una adecuada lactofermentación, lo primero es anular la presencia de oxígeno porque las bacterias que no necesitamos habitan en el aire. Por esta razón, los vegetales que vamos a fermentar deben permanecer debajo de la superficie del agua. Si alguno flota, se echará a perder (y, además, todo lo que estés haciendo). Por eso, asegúrate que todo llegue al fondo. Para esto, lo que puedes hacer es cortar muy bien tus vegetales para evitar cualquier bolsa de aire que los haga flotar.

Contenedor para vegetales

Lo segundo es adicionar un poco de sal. Esto no sólo va a mejorar el sabor de nuestros fermentados, sino que también va a alejar a los microorganismos dañinos. Esto se conoce como una salmuera. No se necesita mucha sal, en realidad. La cantidad se debe calcular en cada ocasión. Primero, pesa los vegetales que vas a fermentar, el agua que vas a usar, y multiplicas la suma del peso de ambas cosas por 0.25, y puedes aplicar esta fórmula para cualquier proceso de lactofermentación. Por ejemplo, si las cebollas que vas a fermentar pesan unos trescientos gramos, y el agua pesa unos doscientos, tendremos quinientos gramos, que, multiplicados por 0.025 equivalen a 12.5 gramos de sal. Puedes usar sal marina o refinada, eso no alterará el proceso. No uses sal del Himalaya, porque esta es baja en sodio y para este proceso hace falta este mineral. 

Otro punto que debes considerar es el agua. Lo ideal es que el agua que uses sea destilada, y, para este proceso, lo que debes hacer es producirla por medio de evaporación: llena una olla de agua hasta la mitad, y, en el centro, ubica un recipiente vacío; pon la tapa de la olla al revés, de modo que el vapor se eleve, se condense, y el agua destilada vaya llenando el recipiente. Es preferible si pones a hervir el agua a fuego medio para tener más control del proceso de destilación. Toma un poco de tiempo, pero vale la pena la paciencia (además, así aprenderás a producir agua destilada, la cual es muy útil para miles de cosas).

Muy bien. Ese es el abc de la fermentación, y, a partir de ahora, podrás hacerlo con muchos de los vegetales de tu preferencia. En el próximo post, hablaremos de algunas recetas y combinaciones que te encantarán.

Hasta la próxima.

Tip vegano: Por qué deberías aprender a fermentar tus alimentos

Nuestra relación con las bacterias ha sido de amores y odios. Durante mucho tiempo, mientras desconocíamos su existencia, muchas personas morían debido a devastadoras infecciones y una gran cantidad de productos alimenticios se echaban a perder en ese entonces. Luego llegó la pasteurización (en principio, para descubrir qué estaba dañando a la cerveza y al vino), y, con ella, una tremenda fobia hacia el mundo bacteriano que nos ha llegado hasta hoy. Lejos de lo que muchos podrían creer,, se sabe que aislar al cuerpo de las bacterias (de todo tipo) en la forma tan sistemática en que lo hacemos en la actualidad puede provocar un debilitamiento en el sistema inmune, y este fenómeno es evidente en las personas que, cuando niños, permanecieron en ambientes altamente antisépticos.

Necesitamos a las bacterias. Estar en contacto con ellas (incluso con los microorganismos dañinos) nos permite vivir en equilibrio con el entorno en el cual vivimos. Llevamos muchas bacterias en todo el tracto digestivo, y trabajamos en equipo con ellas. Durante milenios, cientos de culturas alrededor del mundo aprendieron a fermentar sus alimentos, no sólo por motivos de conservación, sino porque al hacer esto se hace más eficiente el desarrollo del sistema digestivo. No sólo los licores son un resultado de milenios de aprendizaje: los quesos, las carnes de todo tipo, las frutas y las verduras, en general, pueden conservarse mejor gracias a la fermentación. Algunas recetas, incluso, pueden tener miles de años (como el sushi), y se siguen consumiendo en países con estaciones porque esto permite que los alimentos cosechados en primavera, verano y otoño se conserven en buenas condiciones durante los inviernos. Estos ya se han incorporado a las culturas humanas, aunque ya no se necesiten desde el punto de vista de la conservación (después de todo, ya contamos con cadenas de frío, conservantes artificiales y proceso severos de pasteurización). De hecho, los fermentados se siguen consumiendo en cientos de países de Europa del Norte y del Este, en Asia Central, en India, en la África Subsahariana, etc.

El proceso de fermentación consiste en permitir que esos microorganismos se alimenten de los azúcares presentes en los alimentos, lo cual cambia las propiedades organolépticas de estos debido a que las sustancias resultantes impiden el crecimiento y el desarrollo de microorganismos nocivos, y esto permite que la caducidad de un alimento se extienda. Es un proceso de descomposición en condiciones controladas. Es por ello que la fermentación nos ayuda a entender que, aunque es importante desinfectar los alimentos, y, así, evitar consumir toxinas peligrosas (como las producidas por la salmonella), también es importante aprender a introducir las bacterias beneficiosas para nuestro organismo.

De hecho, los beneficios de consumir alimentos fermentados son múltiples. Además de echarle una mano a la flora bacteriana, responsable de los procesos digestivos, en tanto aumenta la diversidad de microorganismos presentes en nuestro intestino, los alimentos fermentados, pueden ayudarte a reducir la inflamación de algunos órganos, y esto es una buena noticia para quienes sufren de colon irritable. De igual manera, el proceso de fermentación promueve la inhibición de ciertas toxinas, como los nitritos, que podemos encontrar en vegetales como la espinaca o la remolacha, permitiendo que el consumo sea mucho más beneficioso para las personas sensibles a estos compuestos químicos.

Otra razón para consumir alimentos fermentados tiene que ver con el aprovechamiento de la fibra. Gracias a las enzimas que podemos encontrar en ellos, el cuerpo puede absorber una mayor cantidad de fibra de las frutas y las verduras (y esto es especialmente interesante para veganos con problemas de estreñimiento). Otro dato importante es que los microorganismos ayudan a eliminar un gran porcentaje de partículas de metales pesados, como el plomo, que podrían estar presentes en algunos alimentos (debido a la alta contaminación del agua, el aire y el suelo que podemos evidenciar en nuestros días).

Y bueno, teniendo en cuenta que la mayor parte de eso que llamamos “el sistema inmune” se concentra en el intestino grueso y delgado, el consumo de alimentos fermentados significa un gran refuerzo, lo cual es conveniente para personas que han estado peleando fuertes batallas en contra de virus y bacterias, además de enfermedades relacionadas con este sistema, como el lupus.

Pero uno de los aspectos más llamativos para los veganos en cuanto al consumo de fermentados puede estar en el hecho de que estos son una fuente importante de vitaminas del complejo B, además de C y K; cada una de ellas, dependiendo de los alimentos que fermentes. 

Sin embargo, no hay que olvidar que existen miles de recetas hechas con alimentos fermentados, todas muy ricas, que pueden ofrecerte una variedad gastronómica que tal vez jamás has considerado. Si te gustaría aprender más sobre este proceso, y, así, aprovechar todos estos beneficios, no te pierdas los próximos posts sobre el tema, en los cuales aprenderás qué fermentar, cómo hacerlo y qué errores podrías evitar para no echar a perder tus frutas, granos y verduras.

Mundo Vegano: ¿Animales humanizados?

Desconocer la naturaleza de los animales, e intentar modificarla a nuestros ideales, podría ser una mala idea. Si bien es cierto que, en esencia, no nos diferenciamos de los animales no humanos (después de todo, pertenecemos al mismo reino biológico), hay asuntos correspondientes a su comportamiento en que, por su propio bien, es mejor no intervenir. Veamos algunos casos.

Hace poco, un caso causó controversia en las redes. Un video viral sobre dos activistas veganas ha despertado toda suerte de críticas (negativas, en su gran mayoría), tanto desde la comunidad vegana, en general, como de personas omnívoras. Un colectivo vegano y transfeminista llamado Almas Veganas manifestó en un video que reciben animales de granja en un santuario, de modo que puedan gozar de una vida digna durante el tiempo que les quede de vida, y son bastante estrictas con no permitir que los animales se apareen, al igual que en cualquier santuario de vida animal. Esto las obliga a esterilizar algunos de los animales protegidos (un macho cabrío, por ejemplo), pero también a separar a los gallos de las gallinas, debido a que no es posible esterilizar a los gallos sin provocarles un daño difícil de reparar. No obstante, y es aquí en donde nace la controversia, la principal razón por la cual separan a los machos y a las hembras de esta especie se debe a motivaciones transfeministas: los gallos, según ellas, violan a las gallinas en la medida en que no media consentimiento alguno en la cópula, y, además, suelen sufrir heridas de gravedad durante el proceso (como sucede con los gatos, las mantis o las viudas negras…) en tanto los gallos suelen golpear a las hembras con el pico y las espuelas de las patas.

Por otro lado, hay una tendencia, preocupante desde el punto de vista veterinario, respecto a algunos animales domésticos, como los perros y los gatos. Algunos veganos, dueños de este tipo de mascotas, han optado por alimentarlas de forma vegana, y, para ello, esgrimen dos argumentos bastante cuestionables. El primero consiste en que tanto gatos como perros (estos últimos, considerados erróneamente como omnívoros, pues son “carnívoros facultativos”) pueden aprovechar las proteínas del reino vegetal para una alimentación saludable, y que, por lo tanto, este hecho significaría otra oportunidad para evitar más sufrimiento animal (y reducir las causas del cambio climático). Después de todo, el concentrado para perros y gatos, además de algunos cereales, contienen huesos molidos y carne de ganado vacuno y porcino (entre otros). El segundo argumento, encadenado al primero, apunta a que la necesidad de comer carne (tanto en nosotros como en nuestras mascotas) es una obsesión derivada de nuestra cultura: una construcción social. Por este motivo, estaríamos en frente a un hábito que podría modificarse. En esta medida, existen empresas productoras de comida para mascotas completamente vegana, fabricada a partir de varios tipos de ingredientes, como un hongo japonés llamado koji, por cierto, bastante nutritivo para nosotros, que te podrías encontrar en un restaurante vegano en Medellín.

Muchos estudios han determinado que introducir una dieta vegana en gatos o perros de forma arbitraria puede ser perjudicial para estos animales. Aunque los perros pueden consumir carbohidratos y algunas frutas y verduras (y aprovechar sus nutrientes), de todas formas necesitan una cuota de carne para mantenerse bien nutridos. Y los gatos, estrictamente carnívoros, podrían alimentarse de suplementos que contengan todos los nutrientes que requieren sus organismos, corriendo el riesgo de que 1) al gato no le guste ese alimento (y, simplemente, no lo consuma) 2) que su organismo en particular necesite muchos aminoácidos y grasas contenidas en productos cárnicos; y, ante una carencia, se enferme y muera.

Muchas personas desconocen (a veces de forma deliberada) el hecho de que los animales tienen lenguajes propios, y pretenden comunicarse con los animales de la forma en que lo hacemos nosotros mismos. Si un perro menea la cola, significa que está contento. Si levanta las orejas y muestra los dientes al ladrar, está lanzando una advertencia. Los gatos tienen diferentes maullidos, cada uno para una situación diferente. Entrecierran los ojos para transmitir confianza. Los simios tienen formas muy complejas de comunicarse. Las ballenas y los elefantes, ni hablar. Y así, podemos encontrar que en la naturaleza hay lenguajes físicos, químicos, sonoros, y, como en nuestro caso, mucho más complejos, y esto significa que no podemos pretender que nuestros animales entiendan lo que queramos que entiendan, por medio de nuestras palabras. Un perro aprende gracias a estímulos y repeticiones. Los gatos, un poco más complicados, también. Intentar cambiar esto traerá muchos problemas, y, al contrario, aprender a hablar en el lenguaje corporal de nuestras mascotas permitirá una mejor comunicación.

Es importante entender que tenemos diferencias con los animales, y que estas diferencias son convenientes. Los seres humanos tenemos consentimiento, voluntad; y esto acarrea responsabilidades (podemos cometer delitos). Los animales no. De hecho, cuesta creer que ellos tengan obligaciones sociales, como nosotros. Lo que estructura nuestra vida, como humanos, además de nuestros instintos (la supervivencia, es el primero, diría Maslow), es la racionalidad, cosa de la cual carecen los animales, por más inteligentes y astutos que sean. Cuando un león conquista un nuevo harén de leonas, mata a los cachorros que no engendró. Los lobos humillan y castigan severamente a los individuos que intentan ocupar un lugar que no les corresponde en la jerarquía de la manada. Las madres de los rinocerontes expulsan a sus hijos de su presencia violentamente cuando estos ya se pueden defender por su cuenta. Algunos grupos de chimpancés matan pequeños simios sin razón aparente (como si se estuvieran divirtiendo). Algunos pingüinos roban los huevos de otros para poder criar a los polluelos como propios.

Así es el mundo natural, y así se ha organizado durante millones de años.

Nuestro interés no es decirle a los dueños de las mascotas cómo deben cuidarlas y educarlas, sino plantear una pregunta: intervenir en la naturaleza animal, ¿no es otra forma de violencia?

Lee también: ¿Cómo ayudar a los animales si no tienes mascotas?

“Climatarean”: un concepto que vale la pena considerar

Conciencia vegana

La economía de mercado y el modelo actual de consumo han cambiado al mundo de una manera que habría parecido imposible en el pasado. Y a pesar de que este sistema ofrece ventajas, también acarrea una serie de efectos secundarios. Parafraseando una de las ideas fundamentales de los críticos del capitalismo, el asunto más problemático de los sistemas de producción y de consumo actuales es que están pensados para un suministro continuo y expansivos, pero con recursos limitados. Esto, por supuesto, incluye la industria alimentaria. En la actual crisis medioambiental, podemos encontrar muchas causas en la manera en que hemos explotado al planeta para alimentarnos. La pesca, la agricultura extensiva, la ganadería (sobre todo vacuna), entre otras actividades, han producido un desequilibrio muy difícil de controlar. Es por esta razón que organismos internacionales como la ONU abogan por un consumo de alimentos más responsable con la madre naturaleza. Incluso, ha señalado que evitar el consumo de carne es una de las claves. La pregunta es: ¿es eso suficiente?

Cuando hablamos de veganismo, en realidad vamos mucho más allá de la abstinencia voluntaria de consumir carne y derivados del reino animal. El veganismo es un sistema de ideas bastante complejo que, aunque tiene como eje el respeto por la vida animal, fomenta el activismo en prácticas que no tienen que ver directamente con los animales. El respeto por el medio ambiente, en general, puede ser considerada una causa vegana. No obstante, es innegable que una de las principales razones que tienen millones de veganos alrededor del mundo para dejar de consumir carne, lácteos, huevos, miel, etc. es la sensibilidad por el trato cruel que sufren los animales al interior de esta gran industria. Es un buen punto de partida para cuidar al medio ambiente, pero ceñirse únicamente a esta causa puede conducir al efecto contrario: afectar negativamente a los animales.

Alguien puede considerarse vegano. Deja de comer ciertos alimentos, cambia su dieta y la construye de acuerdo con lo que lee en internet, deja de usar cuero y otros productos, etc., y podría no estar haciendo nada por los animales, si, al mismo tiempo, desperdicia grandes cantidades de plástico, contribuye con la agricultura extensiva y transgénica, consume productos probados en animales y quema combustibles fósiles con suma frecuencia. Un vegano así también mata a los animales, sólo que de forma indirecta. Y bueno, a pesar de que la triste realidad es que para que los más de siete mil millones de personas que habitamos el planeta podamos vivir, otros tienen que morir, podemos hacer las cosas de modo que esa relación indirectamente proporcional sea menos desastroza. Para eso, más que veganos, en el sentido estricto del término, deberíamos ser climaterianos; es decir, hacer todo lo posible para que nuestros hábitos de consumo alimenticio sean lo menos nocivos para el medio ambiente, además de ahorrarle al mundo animal una tremenda dosis de sufrimiento innecesario.

Lea también: ¿Qué significa ser vegano?

Muchos ya lo hacen. Otros, apenas están abriendo los ojos. De la misma manera que los omnívoros que se lamentan por la pérdida de bosques en la Amazonía brasileña, o de la mala calidad del aire en nuestra ciudad, o de la extinción de una rara especie nativa de pájaro, pero que, al mismo tiempo, consumen carne, verduras y frutas fertilizadas y fumigadas con productos que matan a las abejas, y un largo etcétera, un vegano podría enderezar mucho más su camino con la puesta en práctica de pequeñas acciones. El climaterianismo puede ser un concepto  esclarecedor (incluso para los omnívoros).

Ser un climateriano sólo exige un poco más de tiempo (y bueno, menos comodidad en algunas actividades). Pero no es difícil. Por un lado, y en cuanto a las frutas y verduras, es preferible comprar las que estén en cosecha, ofrecidas por las temporadas de sol y de lluvia de nuestro país, en lugar de comprar alimentos importados. De esta manera, evitamos fomentar el uso de plásticos y de grandes cantidades de gasolina de avión y de barco, a veces desde lugares muy remotos del mundo. A su vez, esto hace que compremos menos alimentos envueltos en plástico, teniendo en cuenta que así vienen empacados estos productos importados. Por otro lado, es importante que los productos locales empacados que compremos vengan en envases reutilizables (de vidrio o de metal, por ejemplo), y que dejemos de usar bolsas plásticas en los mercados y supermercados. El alimento que sobre de nuestras comidas, así como los residuos que no nos comemos, pueden terminar en una compostera, de modo que el medio ambiente pueda aprovechar los nutrientes presentes en ellos (y bueno, si tienes una huerta, la tierra de compostaje que uses podría ser muy útil para la fertilización de tus plantas). De igual forma, si cultivas algunos de tus alimentos (pues no es fácil cultivar todo lo que comes), también estarás controlando las condiciones en que crecen y podrás evitar el uso de agroquímicos perjudiciales para la fauna y la flora (y, por qué no decirlo, podría ser más favorable para tu salud).

Si te interesa ahondar más en el concepto del climaterianismo, haz clic en este enlace.