Tip Vegano: Aprende a cultivar alimentos en tu balcón

En el post anterior, hablamos de cómo empezar tu huerta en el patio. El asunto es que no todos tenemos patio, y, a lo sumo, tenemos un balcón. ¿Podemos cultivar algunos alimentos ahí? La respuesta es afirmativa, y, de hecho, podrías cultivar bastantes. Es cuestión de aprender a aprovechar el espacio disponible al máximo. Recuerda que todas las plantas tienen necesidades diferentes, y las que necesitan menos luz pueden crecer en espacios interiores. Igual que en el caso de las huertas de patio o jardín, los recursos que necesitarás aquí no serán muchos. De hecho, tendrás que reciclar bastantes objetos que la gente normalmente arroja a la basura.

En primer lugar, la cuestión es saber con cuánto espacio se cuenta, cuánta luz entra (cosa que cambia dependiendo del momento del año), cuánta agua recibe y qué puedes hacer en el balcón (pues no en todos los apartamentos podrás alterar parte la fachada con piezas empotradas, clavadas, etc.). En cualquier caso, vamos a pensar la huerta teniendo en cuenta una serie de alimentos que germinan rápido y son fáciles de manejar en macetas.

¿Qué necesitarás? Macetas, baldes, estibas, canecas de basura, llantas, botellas plásticas, tubos de pvc, alambre, cuerda y mucha tierra abonada. Puedes ubicar varias macetas en el balcón, y otras por las paredes, a modo de jardín vertical. Puedes hacerlo en botellas plásticas, troncos de guadua, cajas de madera alargadas (como las de los vinos), tubos gruesos de PVC, etc. Es cuestión de disponerlas de forma vertical, como una estantería. Las verticales, que no tienen tanta profundidad, son muy buenas para las plantas aromáticas, como el tomillo, el orégano, la albahaca, el cilantro, el perejil, la menta o la yerbabuena.

Las remolachas no necesitan tanto espacio. Con una maceta de treinta centímetros de profundidad, con un ancho de cuarenta centímetros, podrías sembrar unas cinco. Una vez las coseches, puedes sembrar otras plantas ahí. Con las cebollas, igual: compra la plántula, y en una maceta de treinta centímetros de profundidad, siembra unas cinco o seis. Con las zanahorias, ten cuidado: si las transplantas, ellas pueden morir. Así que prepara una maceta profunda con buena tierra, trae las plántulas y siémbralas directamente ahí. Nunca las pases a un almácigo, y, de ahí a la maceta.

Los ajos se pueden sembrar de forma hidropónica, es decir, en agua. Lo que haces es desarmar una cabeza completa, pelar y atravesar cada diente con palitos (de chuzo de asado) de forma horizontal (de modo que en cada palito haya varios dientes). Los palillos descansan en una bandeja, que vas a llenar de agua hasta que toquen los dientes de ajo. Estos, a su vez, desarrollarán raíces pronto (debes cambiar el agua cada dos días) y les empezará a crecer una rama verde. Esa rama es comestible, sirve como cebolla de rama y sabe a ajo. Mira este video para que aprendas a hacerlo:

También puedes cultivar germinados de forma hidropónica. Es cuestión de cambiar el agua frecuentemente, conseguir buenas semillas y estar al tanto de los tiempos de cosecha (puedes aprender más sobre esto en este enlace). De igual manera, puedes retoñar muchas verduras en bandejas con agua (la parte de arriba de una zanahoria, de una lechuga, de una cebolla, del cilantro…), y, en un par de meses, tendrás tallos y hojas frescas para tu ensalada, bastante ricos en nutrientes y sabor.

Para las papas, necesitarás una ponchera plástica y tres llantas. Estas últimas, las puedes conseguir muy fácil en cualquier montallantas (suelen ser un estorbo). Lo que haces es llenar la ponchera con tierra abonada, enterrar las papas cerca de la superficie y cubrir con acolchado de pasto cortado y hojas. Busca que sean papas sanas, deja que les crezcan raíces, y que estas tengan casi tres centímetros. Entiérralas con las raíces hacia arriba. Cuando se asomen los tallos de la planta, pon una llanta sobre la ponchera y echa un poco más de tierra y acolchado. Cuando atraviesen ese nuevo nivel, pon la otra llanta. Cuando la atraviesen, espera a que las hojas se pongan amarillas (por nada del mundo te comas las hojas, son venenosas…) y cosecha. Es fácil: quitas las llantas, limpias un poco la tierra y ahí las verás.

Un tip: añade siempre cáscara de papas a tu compost para que, además de las cáscaras del banano, sea muy rico en potasio. Las plantas de frutos necesitan mucho de este elemento.

Los fríjoles se pueden sembrar en una maceta grande (de unos cuarenta centímetros de profundidad). Estas plantas crecen rápido y necesitan algo en qué enredarse, así que puedes clavar dos palos (de escoba, de bambú, de lo que quieras) que lleguen casi hasta el techo. Cuando produzcan las vainas y la planta empiece a marchitarse, cosecha tus granos y planta algo nuevo en esa maceta (estará muy rica en nitrógeno, por cierto). El pepino y el calabacín también necesitarán de algo en qué enredarse, así que haz lo mismo que con el fríjol. Puedes usar palos o alambre para que se enreden y crezcan de forma vertical. La verticalidad será importante para una buena producción, ya lo verás.

El pimentón y el ají son muy parecidos: necesitan macetas de por lo menos veinte litros de capacidad (como los baldes de pintura), muy buen drenaje y buena luz solar. Los rábanos son muy fáciles de cosechar (y son muy rápidos). No necesitas macetas tan profundas, y son muy bonitos, al punto de que pueden adornar tu sala mientras te dan tu cosecha. Lo mismo, el limón: retira unas semillas, sécalas, ponlas en una servilleta húmeda y en una bolsa ziplock hasta que eche raíces y luego siembra en una maceta profunda. Abónalo bien y tendrás limones y un aroma muy agradable en casa.

Eso es más o menos todo. ¡Recuerda apoyar los restaurantes veganos y los mercados saludables de Medellín!

Empieza ahora tu huerta casera en el patio de tu casa

Empieza la época de lluvias y es el momento ideal para sembrar. Ya que no tenemos muchas oportunidades de salir al exterior de nuestras viviendas debido a la cuarentena del coronavirus, también es el momento ideal para empezar una huerta, en caso de que no lo hayas hecho. Recuerda que no es difícil, puedes empezar a construirla sin mucho presupuesto, y es muy gratificante consumir lo que tú mismo siembras. Además, con ello podrías ahorrar un poco de dinero (puedes cultivar una buena porción de las frutas y verduras que consumes) y también puedes controlar la manera en que han sido fertilizadas.

Hablemos de lo básico: huertas de balcón, huertas en el patio, huertas comunitarias en tu urbanización, errores, consejos y más información útil. Vamos a empezar una corta serie sobre huertas para abordar todos estos temas. Hoy empezaremos con una huerta casera de patio.

Lo primero es mirar qué terreno tienes disponible. Si no es muy amplio, no importa. Es posible aprovecharlo de la manera más óptima si eres recursivo (recuerda que es posible levantar un jardín vertical). De todas formas, si tienes suficiente espacio, lo que puedes hacer es algunas camas: con unas cuatro (y no tan grandes) puedes tener una huerta bastante productiva. Ten en cuenta que el tamaño no es lo más importante cuando hablamos de la productividad de una huerta sino el aprovechamiento de la misma, así como en la manera en que la cuidas. Hay tres grandes secretos, además del conocimiento de las plantas que vas a sembrar. El primero es la fertilización del suelo, el segundo es la rotación de los cultivos una vez dan cosecha y mueren y el otro es qué plantas siembras en una misma cama.

La disposición de las camas tiene que ver mucho con el espacio que dispongas, pero busca que haya un espacio entre ellos para que puedas caminar, llevar tierra en una carreta, así como otros materiales. También haz todo lo posible para que tus plantas reciban sol. Algunas no necesitan tanto, otras mucho. Algo que puedes hacer, dependiendo del espacio que tengas, es levantar tus cuatro camas (o las que puedas) y dividirlas en compartimentos. Por ejemplo, una cama de un metro cuadrado, dividida en cubículos de veinticinco centímetros cuadrados cada uno. La división puede ser con tablas. Es más, puedes comprar guacales de madera y juntarlos con alambres. En cada uno de ellos, dependiendo de las necesidades de suelo de cada planta, usas más arena, más tierra, más acidez, más alcalinidad, etc. De modo que en cada cubo siembres una verdura distinta. También puedes levantar un arco con tubos de PVC, para que las plantas que necesiten enredarse (como el fríjol, los pepinos o las calabazas) lo puedan hacer sin dificultad.

La fertilización puede ser muy básica. Haz una compostera, que puede ser con una caja, un agujero. Hay muchas formas (mira esta, por ejemplo). Servirá para abonar la tierra de tus camas con regularidad, para que estas tengan suficientes nutrientes y te puedan ofrecer sus frutos, raíces, tallos y hojas.

Ten cuidado con algunas cosas. La primera es el exceso de riego: el agua puede matar tus plantas por faltas y por excesos. Revisa las necesidades de cada una. Lo otro es revisar qué verduras y frutas crecen en el piso térmico en donde estás. No siembres tantas plantas al mismo tiempo. Ve sembrando poco a poco, y espera a que se den las primeras cosechas. Deja siempre espacio entre planta y planta para que no compitan entre sí.

La jardinería es un trabajo maravilloso, y todos los días podemos aprender algo distinto. Este es un excelente momento para empezar, así que ánimo.

En cuanto a la siembra, tienes dos opciones: germinar las plantas tú mismo o comprar las plántulas. Esta última opción es muy fácil, teniendo en cuenta que las plántulas son muy baratas y así te ahorras un poco de tiempo. De todas maneras, si quieres sembrar algunas (o todas tus plantas), lo que necesitarás es un semillero, servilletas y un acolchado de hojas y pasto cortado. Lo primero será germinar las semillas. Esto lo puedes hacer con servilletas húmedas (no mojadas), envueltas en papel aluminio (o en una bolsa ziplock), y las dejas varios días en un lugar cálido hasta que echen raíces. Entonces, pasas tus semillas a un semillero (lo puedes comprar, o puedes buscar un cartón de huevos vacío), y, ahí, viertes un poco de tierra negra bien abonada, esperas a que crezcan un poco y luego, a las camas. Puedes sembrar directamente en las camas, pero es mejor seguir este proceso para tener un mayor control de tus plántulas. Cuando estén sembradas en las camas, cubre la tierra alrededor de las plántulas con un acolchado de hojas secas y pasto cortado para conservar la humedad y evitar que crezcan muchas malezas (plantas competidoras, que roban nutrientes).

Recuerda apoyar los mercados saludables, así como los restaurantes veganos de Medellín. Hay poco trabajo, y a todos nos conviene que estos negocios sigan funcionando para el bien de la comunidad vegana de nuestra ciudad.

Tres recetas fáciles para preparar durante la cuarentena

No hay mucho qué hacer durante las horas de cuarentena. Trabajas (si puedes), organizas tu casa, ves televisión, revisas tu celular, pasas tiempo con tu familia, sacas al perro (si tienes)… reflexionas. El tiempo pasa lento, pero pasa, y es mejor no desperdiciarlo. Esta cuarentena es una excelente oportunidad para cambiar tus hábitos alimenticios, en caso de que no te estés alimentando de forma saludable. También es una buena oportunidad de refinar tus habilidades culinarias. En este post, hablaremos de tres recetas fáciles, deliciosas y saludables que puedes preparar durante la cuarentena, e incluso puedes porcionar para guardar, de modo que tengas almuerzos asegurados durante una semana entera.

Sopa de auyama, papa y zanahoria en pan cook

Muy agradable para una noche fría, para acompañar tus series favoritas. Para la sopa, necesitarás un pan redondo (lo puedes preparar, ya verás cómo), media libra de auyama, una zanahoria, dos papas medianas, dos dientes de ajo, media cebolla blanca, cien mililitros de leche de coco, una cucharadita de comino, otra de cúrcuma, otra de pimienta y otra de sal.

Lo primero que debes hacer es trocear la auyama, la zanahoria y las papas. Con un chorrito de aceite, sofríe en una olla las cebollas y el ajo, luego añade la auyama, la zanahoria, y, por último, las papas. Sazona con el comino, la sal, la cúrcuma y la pimienta. Cuando todo esté dorado, añade un chorro de leche de coco, espera un minuto y pasa todo a la licuadora. Cuando tengas una mezcla homogénea, pasa todo de nuevo a la olla y añade el resto de la leche de coco. Espera hasta que esté espesa (si no la quieres tan espesa, añade un poco de agua) y listo. Si te gusta, puedes añadir un poco de nueces o maní triturado por encima.

Para el pan, necesitarás una libra de harina de trigo, ocho gramos de sal, cinco gramos de panela en polvo, dos gramos de levadura activa y una taza y media de agua. Lo que debes hacer es verter la harina, la sal, el azúcar y la levadura en un bowl (debe ser grande). Revuelve bien. Añade el agua, revuelve bien hasta que todo esté bien integrado. necesitas una pasta homogénea. Tapa con un trapo limpio durante ocho horas para que crezca la masa. Pon el bowl en un lugar cálido, pero que no le dé el sol directamente. Pon un poco de harina sobre tu mesón de cocina y en tus manos, saca la masa y amásala un poco hasta que esté compacta. Haz una bola. Precalienta el horno a doscientos, arriba y abajo. Pon la masa en una cazuela apta para horno (sin mangos plásticos) durante quince minutos con tapa y otros quince minutos sin tapa. Saca el pan, espera a que se enfríe un poco, corta la parte de arriba, y, con un cuchillo, abre un hueco a modo de plato. Vierte tu sopa caliente y listo.

Lasaña de berenjenas y calabacín en salsa pomodoro

Para esto, necesitarás un sobre de lasaña, un molde refractario, dos berenjenas grandes, dos calabacines, una libra de tomates, cien gramos de queso vegano rallado, una cebolla, media cabeza de ajos, un puñado de albahaca, una pizca de tomillo, una de orégano y otra de romero. Sal, azúcar y pimienta al gusto.

Lo primero es la salsa. Pela los tomates, trocéalos y ponlos en una olla con un chorrito de aceite de oliva. Ellos soltarán sus jugos, y con estos se hará la salsa. No añadas agua. Saltea la cebolla y el ajo en una sartén y luego añádelos a los tomates (cuando ya haya un poco de jugo en el fondo). Añade las hierbas, la sal, el azúcar y la pimienta. Revuelve, revuelve, revuelve. Licuas, añades la albahaca, licuas de nuevo y ya está. Si hace falta reducir, llevas la salsa a la olla de nuevo y la dejas en fuego medio durante el tiempo que haga falta.

Ahora, las berenjenas. Pélalas, córtalas en láminas y espolvorea un poco de sal por ambos lados. Déjalas sobre un colador mientras estás cocinando la salsa. En la sartén en donde salteaste la cebolla y el ajo, las salteas junto a los calabacines en rodajas, un poco por ambos lados.

Pasa cada lámina de lasaña por agua tibia y empieza a hacer capas en el molde refractario: pasta, berenjena, salsa. Pasta, calabacín, salsa. Al final, riega toda la salsa sobrante y haz una capa del queso vegano rayado. Precalienta el horno a doscientos grados y hornea la lasaña durante unos cuarenta minutos. Y ya está.

Lee también: Una alucinante y creativa receta de past

Cazuela de lentejas

Esta es la más fácil y alimenta muy bien. Necesitarás una taza de arroz, dos de agua, una taza de lentejas, un cubito de caldo de verduras, una cucharadita de comino, dos papas medianas, un puñado de las verduras de tu elección, tres dientes de ajo, una cebolla pequeña, cuatro cucharadas de pasta de tomate, una hoja de laurel, sal y pimienta al gusto.

Trocea las papas, cocínalas en agua con sal y saltéalas en aceite.

Prepara el arroz. En una olla, pon a sofreír la cebolla, los ajos y el tomate. Cuando estén dorados, los metes a la licuadora y devuelves ese guiso a la olla. Añade las lentejas, cúbrelas con un poco de agua y espera media hora hasta que se cocinen bien. Trocea las verduras y añádelas.

En un bowl, sirve así. Una cama de arroz, lentejas encima, y, sobre estas, las papas y las verduras. Acompaña con un jugo rico en vitamina C para aprovechar todo ese hierro.

Buen apetito. Recuerda ayudar a los restaurantes veganos de Medellín durante estos momentos duros. Puedes pedir algo a domicilio, ¡no tiene que ser todos los días!

¿Qué comprar durante la cuarentena? COVID y Veganismo

Todo el mundo está pasando por, tal vez, la crisis más definitiva de los últimos tiempos. La pandemia del Covid-19, conocido popularmente como Coronavirus, nos ha obligado a todos a guardar cuarentena para evitar la propagación del brote, y, de esta manera, aplanar un poco la curva de contagio. Permanecer por lo menos dos semanas en cuarentena (por lo menos, porque no sabemos cuánto se podría extender) nos obliga a todos a abastecernos de alimentos y elementos de aseo para no tener que salir de casa. La cuestión es: ¿qué debería comprar un vegano? En este post, hablaremos de algunas cosas que no deberían faltar en tu alacena, entre otras cosas, para que también te puedas sumar a la causa sanitaria #mequedoencasa. Vamos a ver.

La clave es saber qué vas a cocinar. Recuerda que hay alimentos para combatir enfermedades respiratorias, otros para fortalecer las defensas, otros para recuperar electrolitos (en caso de fiebre, esto es fundamental), y hay alimentos que pueden durar mucho en tu alacena. Pero, en general, además de frutas y verduras, puedes abastecerte de los siguientes alimentos (porque no sólo de soya vive el vegano…).

Granos y arroz

Esto es básico. Recuerda que los granos (leguminosas) necesitan de algún carbohidrato para completar la proteína que contienen. Puedes preparar un tazón de arroz y mezclarlo con fríjoles, lentejas, garbanzos, maní, arvejas o granos de soya, entre otros. Cada uno te va a aportar diferentes nutrientes y minerales, además de una buena cantidad de fibra. las lentejas son las que tienen más hierro, los fríjoles tienen mucho fósforo y los garbanzos tienen mucha proteína, por ejemplo. Acompaña esta mezcla con algo que contenga vitamina C (un jugo, un tomate picado, etc.) para que tu cuerpo absorba suficiente hierro. Lo bueno de esta mezcla es que puedes preparar porciones de granos y congelarlas, de modo que sólo tengas que preparar un poco de arroz cada día. De esta manera, y con muy poco presupuesto, puedes tener almuerzo para dos semanas o más si cocinas de forma organizada.

Pulpas de fruta

Muchas frutas se dañan rápido, incluso en la nevera. Lo que puedes hacer para aprovechar toda la fibra, minerales, vitaminas y demás nutrientes, es licuar las frutas y guardarlas en compartimentos separados en el congelador. Así te pueden durar meses. Si no quieres comprar las pulpas de fruta ya listas (para jugo, por ejemplo), puedes hacerlo de esta manera.

Verduras congeladas

Hay verduras que duran mucho tiempo, incluso por fuera de la nevera (los ajos y las cebollas, digamos), pero otras tienden a dañarse con más facilidad. Si no tienes una huerta, lo que puedes hacer es picar las verduras, separarlas en diferentes recipientes y dejarlas en la nevera o en el congelador para preparar ensaladas todos los días. Puedes comprar verduras congeladas, incluso enlatadas, pero algunas personas las prefieren un poco menos procesadas y es comprensible. Lo mismo aplica para los hongos comestibles.

Nueces

Algo bueno de las nueces es que duran mucho tiempo en un lugar seco y oscuro, son muy útiles para acompañar las comidas y también puedes preparar leches vegetales con ellas.

Chía

Lo bueno de estas semillas es que duran mucho, son muy nutritivas y no tienes que usar mucho cada día para completar tu nutrición. Si no sabes cómo usar la chía, haz clic aquí.

Quinoa

Este superalimento sabe delicioso, puede durar mucho y te nutrirá como nada en el mundo, así que ve al mercado y compra algo de quinoa.

Papas

Las papas y otros tubérculos duran mucho, no se tienen que refrigerar, y tienen mucho alimento (además de que llenan). No tienen que ser sólo papas capiras, criollas y nevadas, recuerda que hay tubérculos andinos muy interesantes.

Germinados

Recuerda que los puedes cultivar tú mismo, que no se demoran mucho en germinar y que aportan muchísimos beneficios nutricionales que podrías aprovechar para darle balance a tus comidas. Que no te falten germinados.

Harina y levadura

Podrías hornear tu propio pan, mezclar algunas nueces y semillas, y esto también te mantendría ocupado.

Jabón

No olvides que el peor enemigo del coronavirus es el jabón. El jabón rompe las capas de lípidos que protege al virus (que puede durar en algunas superficies planas durante más de nueve días). Por eso, hay que lavarse las manos, por lo menos, cada tres horas, incluso si no sales de casa. En este link, puedes encontrar recetas de otros productos de limpieza para el hogar que puedes hacer tú mismo. Recuerda también que debes desinfectar muy bien tus alimentos.

Comida para mascotas

No tienen que ser las más caras. Sólo procura que tus amigos peludos (u otros) tengan qué comer cada día mientras están encerrados contigo. Saca a tus perros a caminar, pero no olvides protegerte bien con guantes, tapabocas, cero contacto físico con los demás y lavarte las manos con agua y jabón durante veinte segundos al llevar a casa.

Por último…

Ten en cuenta que durante la cuarentena, muchos de los restaurantes veganos de Medellín pueden despachar comidas a domicilio, y los mercados saludables también estarán a tu disposición. Recuerda también que esta es una época difícil para el comercio, y de vez en cuando puedes contribuir para que sigan funcionando.

¡Lo lograremos todos juntos!

Dos alucinantes recetas de cuscús (Vegano)

El Cuscús es un plato originario del norte de África, muy común en la gastronomía marroquí. La base del plato es sémola de trigo cocida, mezclada con ingredientes que varían de región en región. Tradicionalmente, el cuscús más típico lleva carne, pero es muy fácil replicarlo de manera que sea por completo vegano. La idea es que, además de usar la sémola de trigo para combinarla de la mejor forma con otros ingredientes, haya cremosidad, sabores especiados y un buen balance aromático. Vamos a ver dos recetas que funcionan muy bien y que no te resultarán difíciles.

Cuscús con tajine

Esta receta no es sólo nutritiva y barata: es deliciosa. Puedes hacer un excelente plato con ingredientes muy fáciles de conseguir, que puedes encontrar en los mercados saludables de Medellín sin mucho lío. Se trata de un plato de garbanzos asados, y ​​finamente sazonados, con coliflor y auyama, sobre una cama de cuscús esponjoso de naranja. Este saludable plato vegano está coronado por una cremosa salsa de menta.

Para esto, consigue media cabeza de coliflor, doscientos gramos de garbanzos, una cebolla morada, ciento cincuenta gramos de auyama, tres cucharadas de paprika, una cucharada de sal, una cucharadita de canela, otra de comino, un cubo de caldo de verduras, un chorrito de aceite de oliva, el zumo de una naranja, doscientos gramos de cuscús, cincuenta gramos de nueces (las que prefieras), cuarenta gramos de pasas, un chorrito de vinagre de frutas, dos dientes de ajo, un manojo de hojas de menta, el zumo de un limón, dos cucharaditas de miel de caña (o de azúcar), cien gramos de ajonjolí (si puedes conseguirlo en pasta, mejor), cien mililitros de agua y un chorrito de leche vegetal (la que más te guste).

Primero, corta la coliflor en pequeños trozos. Pon a pitar los garbanzos durante una hora (remójalos desde el día anterior) en agua con sal. Pela y corta la cebolla. Corta la auyama en cubos. Desde la noche anterior, mezcla todas las especias (incluyendo la sal) con el aceite de oliva y déjalas en la nevera. Precalienta el horno a doscientos. Pon la mezcla en un molde y hornea por cuarenta minutos. Revuelve a los 20 minutos. Sofríe la auyama y la coliflor con aceite, sal y pimienta. Si quieres, añade un poco de limón por encima.

Mientras tanto, hierve el zumo de naranja y los cien mililitros de agua con media cucharadita de sal en una cacerola pequeña a fuego alto. Retira la sartén de la estufa, añade el cuscús, revuelve todo bien y tapa. Deja el cuscús en remojo durante al menos diez minutos. Mientras tanto, asa las nueces en una sartén (sin aceite, ni nada) a fuego medio durante unos cinco minutos. Retira de la sartén y déjalas descansar. Luego, pela los dos dientes de ajo. Corta la menta. Hierve el zumo del limón y redúcelo un poco. Después, haz un puré con el ajo, el limón, la menta, el ajonjolí, agua y la leche vegetal. Sazona con sal y pimienta, y deja eso en un plato hondo.

Ahora, afloja el cuscús con un tenedor y rompe los grumos. Mezcla las nueces y las pasas con el cuscús. Y sirve: una cama de cuscús, la coliflor y la auyama encima, y baña todo con la salsa verdosa del plato hondo. Y sale.

Bulgur con vegetales

El Bulgur es la versión turca (de hecho, del Medio Oriente) del Cuscús. Los árabes y los otomanos han mezclado granos de trigo cocidos con muchos otros ingredientes (en la ensalada, para hacer Tabule, por ejemplo), pero hay ligeras modificaciones que hacen que ambas gastronomías sean muy diferentes (y maravillosas, por esto). Veamos una preparación muy interesante de Bulgur con vegetales, muy a la turca.

Necesitarás ciento cincuenta gramos de sémola de trigo, medio calabacín, medio pepino, un cuarto de cebolla de puerro, diez gramos de brócoli, doscientos cincuenta mililitros de agua, un cuarto de cubo de caldo de verduras, dos cucharadas de yogur de soya, un chorrito de aceite vegetal, un manojo de perejil, una pizca de romero en polvo, una cucharadita de paprika, pimienta y sal al gusto.

Lava las verduras, córtalas en cubitos y déjalas separadas en la tabla de picar. Primero sofríe el puerro con un poco de aceite. Luego, agrega las verduras restantes, añade un poco de agua y el caldo. Tapa y dejar hervir a fuego lento. Mientras tanto, lava el trigo y cocínalo como arroz (dos de agua por cada taza) con una pizca de sal. Cuando empiece la ebullición, cuenta cinco minutos y apagas. Deja la olla cerrada, sin tocar.

Una vez que las verduras estén cocidas, haz un puré con ellas. Puede que tengas que agregar un poco de agua. Eso depende de cada caso, pero busca que la textura sea sedosa. Luego, sazona la salsa con yogurt de soya y con sal, pimienta, romero y paprika. Afloja el trigo con un tenedor, porque siempre se hacen grumos. Pica el perejil muy finito. Para servir, haz una montañita de trigo, los vegetales en puré van encima, y luego el perejil. Puedes acompañar con un poco de aceite de ajonjolí y pan pita.

Buen provecho.

Alimentos que pueden durar mucho tiempo en tu alacena

Los precios de los alimentos suelen subir mucho en ciertas épocas del año, dependiendo del clima, de los precios de la gasolina, de qué frutas y verduras estén en cosecha, etc. Por esta razón, hay que aprovechar los momentos del año en los cuales nuestros alimentos favoritos están más baratos para almacenarlos en casa de modo que puedan durar mucho en la alacena sin que se echen a perder. Para ello, podemos conservarlos en salmuera, deshidratarlos, congelarlos o fermentarlos, de manera que los tengamos a nuestra disposición a la hora en que los necesitemos. En otros posts, hemos aprendido a deshidratar algunos alimentos y a fermentarlos de manera adecuada y sencilla. Veamos, además de esos dos métodos, qué más podemos hacer.

Tomates deshidratados

Esta es una técnica muy usada en la comida italiana, precisamente, porque los italianos aman los tomates y no los tienen todo el año. Consiste en cortar los tomates en dos (cualquier tipo de tomate), ponerlos bocarriba sobre un tamiz y espolvorearlos con sal, y, entonces dejarlos al sol en temporada seca hasta que hayan perdido toda el agua. Cuando estén secos por un lado, se voltean y se espera hasta que estén secos por el otro. Entonces, lo que puedes hacer, es dejarlos en un recipiente con aceite de oliva y ajo, de modo que los puedas usar cuando quieras. Son fáciles de encontrar en cualquier mercado saludable de Medellín, pero también los puedes hacer tú mismo.

Mermelada de fresa

Aunque nunca será lo mismo comer una fruta fresca que enlatada (o preservada de cualquier otra manera), las mermeladas son una buena manera de conservar estos alimentos y aprovechar algunas de sus propiedades. Veamos un ejemplo: mermelada de fresa.  Toma una libra de fresas, lávalas, retira las hojas y pásalas por un procesador de alimentos hasta que tengas una pasta. Añade cuatro tazas de azúcar (o panela en polvo, si lo prefieres) y deja reposar la preparación durante unos diez minutos. Revuelve bien y pasa todo a una olla con agua y un sobre de gelatina sin sabor (verifica que sea vegana, eso sí). Luego, revuelve bien, deja reducir la mezcla, esteriliza algunos envases de vidrio y llénalos (pero no del todo). Esta mermelada podrá durar mucho tiempo en la nevera y será una opción deliciosa para un desayuno, por ejemplo.

De todas maneras, si quieres almacenar algunas frutas sin preparar una mermelada, lo que puedes hacer es congelarlas, sea enteras o en pulpas. Algunas frutas (como casi todas las bayas) se pueden congelar sin que pierdan propiedades ni que se altere su sabor, pero otras, como la manzana o la pera, es mejor licuarlas hasta producir una pulpa y congelarlas para usarlas después.

Maní tostado

El maní, como otras leguminosas, es una buena fuente de proteínas, aceites y minerales, como el hierro. Puedes prepararlo de esta manera para que te dure mucho. Lo primero será hidratarlos en agua caliente con sal, y dejarlos hervir durante media hora. Una vez hecho esto, escurre el agua y ponlos en una bandeja metálica en el horno a ciento cincuenta grados arriba y abajo hasta que la textura esté crujiente. Entonces, en un recipiente hermético, los puedes almacenar con un poco de sal, y, si te gusta, con un poco de pimienta roja. Guárdalo en la nevera. Te servirá para complementar tus ensaladas y otras preparaciones.

Verduras en escabeche

Esta es una manera de conservar una buena cantidad de verduras, de modo que estén disponibles todo el año para una ensalada o para otras recetas. Las combinaciones son infinitas, pero una buena conserva que puedes poner en práctica es la siguiente. Toma una cebolla de puerro, una cabeza de ajo, una cebolla roja, un manojo de champiñones, cien gramos de espárragos un pimentón maduro, una zanahoria, una coliflor y una remolacha. Pica todo en cuadritos y en julianas (dependiendo de cómo te guste cada verdura), cocina todas las verduras en agua durante diez minutos, y luego llévalo todo a un recipiente hermético con vinagre. Añade sal y pimienta al gusto, una ramita de romero, una hoja de laurel y una pizca de tomillo. Procura que nada flote, para que no esté en contacto con el oxígeno y no se pudra. Mientras más semanas dejes madurando toda la preparación, mejor será el sabor. Ya lo verás.

Melocotón en almíbar

Esta receta está como para chuparse los dedos:

Semillas de calabaza

Las semillas de la calabaza son altamente nutritivas y deliciosas. Pueden ser un buen complemento para una ensalada, una sopa, un pan o un arroz, pero también las puedes comer solas, como las semillas de girasol. Lo que debes hacer es retirarlas de la pulpa de la calabaza (o de la auyama, es lo mismo, en realidad), las lavas bien, las dejas en una bandeja sobre papel periódico al sol durante unos días, y esperas hasta que estén completamente secas. En ese punto, estarán listas para consumir o incluso para sembrar, en caso de que quieras replicar esta maravillosa planta en tu huerta.

Mundo Vegano: Los principios de una granja sostenible

El sueño de todo vegano es poder alimentarse sin afectar negativamente su entorno, sin que sufra ningún animal. Aunque esto es complicado, debido a la agricultura extensiva, a la tala de bosques que implica y al uso de químicos (pesticidas, insecticidas, herbicidas, etc.), no significa que sea una meta imposible. En realidad, puedes cultivar una buena cantidad de tus alimentos, adoptar algunos animales y hacer de tu casa un pequeño oasis en medio de un desierto de industria y explotación. Requerirá trabajo, eso sí, pero valdrá la pena a la larga. Vemos algunos principios de una granja sostenible que podrás poner en práctica.

Lo primero será trazar una diferencia. Sostenible no es sinónimo de autosuficiente. Esto último significa que no necesitas nada del “mundo exterior”, y esto es bastante lejano de la realidad. Puedes cultivar muchos de tus alimentos, reciclar tus aguas, compostar, rotar cultivos, etc., y, de vez en cuando, visitarás alguno de los mercados saludables de Medellín. La sostenibilidad puede ser una meta, la autosuficiencia es una utopía.

Ahora, es importante que dispongas de, por lo menos, una cuadra de tierra, y algo de dinero para invertir en una infraestructura muy básica. Si deseas adoptar algún animal de pastoreo (una vaca, un caballo, una cabra, un burro, una oveja…) para aprovechar el estiércol en la compostera (además de proteger su vida, claro está), tendrás que disponer la mitad de la tierra para este. Con esta mitad, lo que deberías hacer es separarla en dos mitades y pasar al animal de un espacio al otro, dependiendo de qué tan alto esté el pasto.

Si te interesa construir tu casa desde cero, considera la bioconstrucción. Si no sabes qué es, visita este enlace. En otro post, podemos hablar de este tema con más profundidad.

Lo que sigue es destinar la otra mitad de cuadra para cultivos, y lo que puedes hacer es dividirla en tres secciones. Una para vegetales de raíz (papas, zanahorias, remolachas, cebollas, ajos, etc.), otra para legumbres y otra para un invernadero, en donde podrás sembrar lo que necesita más calor y protección contra plagas e insectos. En casa, también puedes cultivar germinados, y lo puedes hacer en recipientes con agua, de una manera muy sencilla (en este enlace puedes aprender más).

Es importante que destines una porción de terreno para tu compostera (la cual no tiene que ser muy grande, y podrás aprovechar el compost de manera permanente). En esta compostera, puedes revolver los residuos de tus alimentos con el estiércol de tus animales (si decides tenerlos) y con las plantas no perennes (como el tomate o el fríjol) que van muriendo. A esta mezcla, añade hojas secas, ceniza de leña y las lombrices que encuentres por ahí. Así tendrás un abono rico en nutrientes para fertilizar tus cultivos. Si tienes animales, puedes separar una porción de los alimentos que cultivas para alimentarlos bien, y, así, empezarás a producir ciclos sostenibles en tu granja (pues eso terminará convertido en abono).

En cuanto al riego, puedes aprovechar las nuevas tecnologías de riego por goteo, que te ayudarán a distribuir el agua con mucha más eficiencia, sin gastar de más. Es cuestión de instalar las mangueras de riego en tus cultivos, y de programar la frecuencia y cantidad de riego dependiendo de las necesidades de cada planta. Recuerda que algunas, como el orégano o el tomillo, no necesitan tanta agua como una calabaza o un árbol frutal. Las plantas pueden morir por falta de agua o por exceso, así que investiga muy bien acerca de las necesidades de cada planta de tu huerto.

Para aprovechar mejor el espacio, puedes investigar un poco más sobre los huertos verticales (en este enlace, encontrarás más información). Estos te pueden servir para algunos alimentos, sobre todo, para aquellos que no necesitan desarrollar sistemas radiculares tan profundos. Tus hierbas aromáticas, tus lechugas, tus brócolis, coliflores, así como algunas bayas (uchuvas, por ejemplo), pueden sembrarse en jardines verticales. Otros cultivos necesitarán más cantidad de espacio, como el maíz.

Para los cultivos que estarán sobre el suelo, puedes usar camas que les den cierta elevación. Consigue tablones largos y haz camas con suficiente espacio entre ellas para que puedas caminar y llevar, por ejemplo, una carreta con tierra. Cuando cultivas alimentos en camas, la tierra drenará mejor, podrás alejar tus plantas de algunos hongos y plagas (como las babosas).

Es importante que rotes los cultivos para que la tierra no se agote. Cada vez que un cultivo dé lo que tenga que dar (los tomates, las zanahorias, el fríjol, etc.) deja descansar la tierra, fertilízala y siembra algo nuevo ahí. De esta manera, tu granja seguirá siendo funcional. Lo mismo va con los insecticidas y pesticidas que uses (si puedes, que sean naturales). Nunca uses lo mismo todo el tiempo para que las plagas no se acostumbren a ellos. Puedes preparar un té de tabaco, usarlo, a las dos semanas usar un extracto de ají con ajo, y luego, por ejemplo, un poco de aceite de neem.

Estos son los principios básicos. Cada persona hace de su granja lo que mejor le parece. Algunos van más allá, e instalan sistemas de recolección de aguas lluvias, paneles solares, turbinas de viento, etc. Eso depende de cada quién.

Receta Vegana: Cómo preparar un menú de espinacas ‘like a boss’

Uno de los requisitos fundamentales de un vegano, además de saber cocinar (pues no todos los días tendrás con qué ir a comer a los restaurantes veganos de Medellín), es aprender a usar los alimentos de diversas maneras. Hoy vamos a hablar de un producto de la madre tierra que ha sido bastante mencionado en otras de nuestras publicaciones: la espinaca. Esta planta, además de tener un sabor delicioso, es bastante nutritiva, y, al mismo tiempo, bastante versátil a la hora de cocinar. Con espinacas puedes preparar tortas, infusiones, lasañas, salsas, batidos, moldes… no sólo ensaladas. Así que vamos a preparar un menú sencillo usando espinacas: una sopa y unas quesadillas rellenas. Un menú delicioso, novedoso y que te dejará satisfecho.

Sopa de espinacas

Aunque este es un clásico de la comida colombiana, la sopa de espinacas puede tener todas las variaciones que se te puedan ocurrir. Esta receta es muy europea, pues se prepara con papas. Es perfecta para noches frías, pues debe servirse bien caliente. Te reconfortará el alma.

Los ingredientes que necesitarás no son difíciles de conseguir una libra de papas nevadas o criollas, una cebolla blanca, un diente de ajo, cinco cucharadas de aceite vegetal, una libra de espinacas, media libra de arvejas, quince gramos de menta, un litro de caldo de verduras, ciento cincuenta mililitros de leche de coco, una cucharada de ajonjolí, sal y pimienta al gusto.

En primer lugar, lava muy bien las papas (si quieres, las pelas, pero la cáscara es muy nutritiva). Corta la mitad de ellas en cubos pequeños, y, el resto, en mitades iguales (recuerda que esto es importante para que se cocinen bien al tiempo). Pela y pica la cebolla y el diente de ajo en trozos muy pequeños. Lava las espinacas y retira el tallo si las hojas son muy grandes, pues las hojas importan más en este caso. Arranca las hojas de la menta y lávalas muy bien.

Luego, calienta una cacerola grande con tres cucharadas de aceite y sofríe los trozos de papa gruesa durante unos cuatro minutos. Después, agrega la cebolla y el diente de ajo, y sofríe por unos dos minutos. Salpimienta la preparación a tu gusto (recuerda que las papas absorben mucha sal).

Agrega las arvejas y la menta, y luego el caldo. Mezcla todo muy bien y lleva todo a ebullición. Agrega las espinacas y deja hervir a fuego lento durante unos doce minutos. Déjalo hervir a fuego lento hasta que las papas estén listas. Ahora haz un puré con ellas hasta que esté suave, y después agrega la leche de coco y sazona con sal y pimienta.

Sofríe los cubitos pequeños de papa en una sartén con dos cucharadas de aceite hasta que estén crujientes. Salpimienta otra vez. Sirve la sopa con los cubitos de papa por encima, junto con las hojas de menta, un poco de leche de coco y ajonjolí.

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Quesadillas de espinacas

Hay ingredientes que todo vegano debería tener a la mano porque pueden servir para una preparación rápida y práctica. Uno de estos son las tortillas, en su mayoría hechas de trigo, pero las de maíz también son bastante útiles. Las puedes comprar, o las puedes hacer. Usando las tortillas como base, podrás resolver un almuerzo o una cena en pocos minutos: flautas, burritos, chilaquiles, etc. Pero, así como lo hacen los mexicanos y los centroamericanos, sirven para comer lo que queda en el plato, pues las tortillas se pueden rellenar con casi cualquier cosa, y todo saber mejor con ellas. Vamos a ver cómo te va con un delicioso relleno de espinacas.

Busca unas cuatro tortillas, pueden ser de trigo. Una cebolla, dos dientes de ajo, media libra de espinacas (de nuevo, usa las hojas), cien gramos de marañones frescos, cincuenta mililitros de agua, tres cucharadas de mayonesa vegana (si te gusta), cincuenta gramos de maní tostado, una cucharada de levadura activa, una pizca de pimienta roja, una de pimienta negra, una de pimentón ahumado y sal al gusto.

Y bueno, la preparación. Pela y pica finamente la cebolla y el ajo. Calienta el aceite en una sartén y saltea la cebolla y el ajo hasta que se estén transparentes. Luego, saltea las hojas de espinaca durante unos dos minutos. Sazona al gusto con sal, pimienta negra, el maní molido y la pimienta roja.

Haz un puré con los marañones (debes remojarlos en agua con la levadura durante toda la noche), y, si es de tu gusto, con la mayonesa vegana en la licuadora para obtener una mezcla suave y sedosa. Agrega el puré de marañones a las espinacas en la sartén y mezcla bien. Pica y revuelve bien, y sazona al gusto.

Ahora toma una segunda sartén grande y calienta un poco de aceite. Pon una tortilla en la sartén y riega la mitad de la mezcla de espinacas y marañones. Pon una segunda tortilla encima y presiona suavemente. Dorar en ambos lados, sin dejar que se queme. Luego, retira la quesadilla de la sartén y repite con las tortillas y el relleno restante. Deja que la quesadilla se enfríe durante aproximadamente dos minutos. Luego, córtalos en trozos y sirve.

Una alucinante y creativa receta de pasta

Existen algunos mitos sobre la pasta. Por un lado, que es muy fácil de hacer; y, por otro, que una buena pasta es quizás uno de los platos más complicados. Pues bien: ni lo uno, ni lo otro. Es cuestión de tener una buena receta, de saber manipular bien este elemento y de tener precaución con los tiempos de cocción. Eso, y una buena salsa. Es este caso, vamos a hablar de una receta de lasaña que nunca te imaginarías que podría ser concebida en la imaginación humana: una sopa de lasaña. Sí, tal y como lo lees. Una sopa de lasaña es perfectamente posible, y puede ser bastante deliciosa. Es algo que quizás nunca verás en los restaurantes veganos de Medellín, pero que podría estar presente en sus maravillosos menús.

Y bueno, la base de esta receta es, por supuesto, una receta estándar para una lasaña vegana. Con el sustituto de carne picada, puedes elegir una alternativa para sustituir la proteína (hay, miles de opciones, desde gránulos de soja que están empapados hasta sustitutos listos para asar de soya, tofu o lentejas, entre otros). La salsa es simplemente una variante más fluida de la capa de lasaña habitual, en la que las láminas de la lasaña también se pueden cocinar directamente, aunque también se puede hacer en trozos pequeños hasta que estén blandos. Para que la sopa no pierda la potencia de la salsa y te quede bastante insípida, que sólo sepa a caldo de verduras, definitivamente debes usar un chorrito de vino tinto (no tiene que ser el más caro del estante), salsa de soja y pasta de tomate (que puedes preparar desde cero, o comprar lista en el supermercado). Estos tres ingredientes juntos producen un sabor umami muy interesante, que caracteriza a las buenas lasañas de la gastronomía italiana.

Antes de eso, algunas recomendaciones. En cuanto al emplatado, también tienes un amplio abanico de opciones. Podrías usar un molde de cerámica grande, algunos individuales (esta receta es perfecta para tres personas con buen apetito), o podrías usar moldes metálicos de aluminio reciclable, que hacen que el proceso de cocción sea mucho más uniforme, y, de hecho, un poco más corto. Eso sí: el recipiente en donde vas a preparar tu lasaña representa siempre un caso concreto a la hora de calcular la temperatura y el tiempo de cocción en el horno. La idea no es precocinar nada de lo que vas a preparar aquí. También es importante dividir bien las láminas de la lasaña poco antes del final del proceso de toda la receta y luego dejarlos cocinar directamente en el líquido de la sopa. Si esto lo hace demasiado viscoso, simplemente agrega un poco de agua o caldo de verduras.

Los ingredientes que necesitarás son ocho láminas de lasaña, quinientos gramos de proteína (la de tu elección, pero si quieres usar fríjoles de soya secos, sólo usa media libra). Necesitarás una cebolla entera, un diente de ajo, dos zanahorias, un apio (tallo y hojas), una cucharada de salsa de soya, cuatro cucharadas de pasta de tomate, una cucharada de miel de agave, dos cucharadas de albahaca seca, dos cucharadas de orégano seco, dos cucharadas de pimienta negra, una cucharada de pimentón en polvo (ahumado, si es posible), cien miligramos de vino tinto, quinientos gramos de tomates, un litro de caldo de verduras, quince gramos de albahaca fresca, aceite vegetal, sal, parmesano y yogur vegano y pan para acompañar al final.

Vamos con la preparación. En primer lugar, debes pelar y picar la cebolla y el ajo. Pica finamente las zanahorias y el apio. Si usas fríjoles secos de soya, debes remojarlos en este momento de la preparación (y, si puedes, desde por la mañana). Bueno, la proteína vegana y las cebollas se fríen en paralelo con un chorrito de aceite. Este último, caliéntalo en una sartén a fuego medio y dora la proteína durante unos cinco minutos hasta que esté bien sellada. No tiene que quedar seca, cuidado. Agrega la salsa de soya y sofríe por otros dos minutos, y apaga el fuego.

Al mismo tiempo, calienta un poco más de aceite vegetal en una cacerola grande y saltea la cebolla cortada en cubitos a fuego lento durante unos cuatro minutos hasta que estén vidriosos, luego agrega el ajo y sofríe por otro minuto. Agrega la pasta de tomate y la miel de agave (o de caña, si prefieres) y sofríe sin dejar de revolver durante unos tres minutos para que la pasta de tomate se vuelva más oscura y tenga un poco más de cuerpo. Agrega las zanahorias, el apio, el orégano seco, la albahaca, la pimienta negra y el pimentón en polvo y sofríe todo durante unos cinco minutos a fuego alto.

Agrega un chorro de vino tinto (sé generoso, pero no toda la botella…) y luego añade los tomates previamente pelados y cortados en cubitos, el caldo de verduras y la proteína que ya has preparado en la sartén. Lleva todo a ebullición y cocina a fuego lento durante un cuarto de hora.

Aquí es donde debes cortar las hojas de lasaña seca. Agrégalas a la sopa junto con la albahaca fresca. Deja que la sopa siga hirviendo a fuego medio hasta que las láminas de lasaña estén al dente (ojo: esto es un punto medio entre crudas y “cauchudas”), y recuerda que este proceso sólo toma unos cinco minutos. Sazona la sopa otra vez si le hace falta sal o cualquier otro condimento.

Y bueno, es hora de servir. Sirve la sopa con una cucharada de yogur vegetal y espolvorea el parmesano vegano y albahaca fresca. Corta una rebanada de pan y acompaña con un poco de vino.

Ideas para un exquisito asado vegano

No sólo de carne vive el hombre. No sólo de quesos, huevos y miel. Se puede vivir de ideas creativas y de recursividad. Ante la falta de proteínas y vitaminas provenientes de productos derivados de los animales, los veganos han aprendido a volverse increíblemente ingeniosos. Muchos omnívoros dirán que la comida sin carne no sabe a nada, pero lo dicen en gran parte por desconocimiento. Un asado vegano puede ser más nutritivo, variado y refinado en cuestiones de sabor que los tres ingredientes básicos de uno tradicional: carne, papas y arepas. En este post, aprenderás a preparar un asado vegano bastante diverso y delicioso y abundante (considerando el precio de una libra de carne).

El fuego

Es de vital importancia que sepas manejar el poder del fuego para no arruinar tu asado. Si vas a usar leña, primero enciéndela en tu asador hasta que tengas muchas llamas, y espera hasta tener brasas. Evita asar tus alimentos sobre las llamas vivas porque los podrías arruinar en un minuto. Si vas a usar carbón, enciende un grupo de carbones, espera a que se vuelvan brasas, riégalos y espera hasta tener una buena fuente de calor (revisa este tutorial). En la medida en que se vayan consumiendo las llamas, añade un poco más de combustible, airéalo hasta que se encienda, pero busca no excederte.

Ingredientes

Para una rica y variada picada vegana para cuatro personas, necesitarás un rollo de papel aluminio, cinco cebollas blancas, aceite de oliva, tres papas grandes (y alargadas), hojitas de romero, hojitas de tomillo, tomates cherry, una cabeza de ajo, tres berenjenas, hinojo, una libra de portobellos, perejil crespo, sal, pimienta, tres pimentones maduros, dos pimentones verdes, y dos plátanos también maduros. Nada que no encuentres en los mercados saludables de Medellín.

El asado será como lo prefieras: servir todos los ingredientes de una vez (y, en ese caso, ten todo preparado mientras están las brasas), o ir sirviendo cada uno poco a poco. Eso sí, aunque esta última opción sea interesante, ten en cuenta que obligará a alguien a estar ocupado durante un largo rato.

Manos a la obra

La berenjena se puede preparar de muchas maneras, pero una muy interesante consiste en abrirla en dos, hacer algunas zanjas con un cuchillo, frotar un diente de ajo (también partido) por toda la berenjena y luego enterrarlo en las zanjas. Echarle un chorro de aceite de oliva, sal (bastante), tomillo, romero, volver a cerrar la berenjena y envolverla en aluminio. Ponla en un lugar de la parrilla con buen calor, voltéala cada cinco minutos y ásala durante media hora. Al terminar, raspa el contenido con una cuchara y sirve.

Los portobellos son fáciles, pero no debes de dejarlos a su suerte en el fuego para que no pierdan los jugos. Arráncales el tronco, ponlos bocarriba y bocabajo hasta que tengan marcas de parrilla, añade sal y acompáñalos con un buen chimichurri. Este último es fácil de preparar: en un recipiente con aceite, añade tres dientes de ajo molido, un manojo de perejil, sal, pimienta, y, si quieres, algo de menta y orégano. Cierra el recipiente y déjalo macerando una semana (la semana antes del asado…) y listo.

Para las papas, lo que debes hacer es cortarlas a la mitad (a lo largo), y, con un cuchillo, haz círculos concéntricos y luego haz cortes desde el centro hacia afuera por toda la papa, como los radios de una bicicleta. Aderézalas como más te guste: cona ceite de oliva, con sal, con pimienta, con hinojo, con ajo triturado, con tomillo…, luego, envuélvelas en papel aluminio y ponlas en las brasas. Lo mismo puedes hacer con las cebollas (pero sólo pártelas en cruz, y adereza). Con los plátanos maduros es muy fácil: sólo ponlos, con cáscara y todo, en las brasas y espera a que la cáscara se queme por completo. Ábrelos, espolvorea un poco de panela en polvo y listo.

Con los pimentones maduros, lo que puedes hacer es ponerlos sobre el fuego (debe haber mucho calor) y esperar a que se les queme toda la cáscara. Cuando termine este proceso, ábrelos, limpia toda la cáscara quemada, retira las semillas, las venas blancas, córtalos en julianas y sírvelos con las papas.

Con los pimentones verdes, lo que puedes hacer son brochetas. Córtalos en cuadrados, y, junto a los troncos de los portobellos, pedazos de cebolla y los tomates cherry, atraviésalos en palos de chuzo y al fuego. Si compraste el romero en rama, algo que puedes hacer es usar las ramitas de romero (sin las hojas) como chuzo. El sabor será espectacular.
Si te gusta el picante, puedes preparar rocotos rellenos. Lo que debes hacer es cortarles la parte de arriba, y, con un cuchillo y con una cuchara, retirar el racimo de las semillas. Ahí tendrás una coca para rellenar con lo que quieras. En Bolivia son muy populares, y los suelen rellenar de puré de papa. Tápalos de nuevo, envuélvelos en aluminio, y a las brasas. Después de veinte minutos tendrás un manjar, pero cuidado: cuando están calientes se sienten más picantes.