Tip vegano: Algunos beneficios del ayuno que te podrían interesar

Todos sabemos que la alimentación está relacionada directamente con la salud de nuestro cuerpo. La razón es simple: el cuerpo, como todo sistema, necesita una serie de inputs (aire, agua, comida, luz solar, etc.) y los elimina mediante la respiración, con las secreciones y excreciones. Nuestro cuerpo se compone esencialmente de lo que le llega del ambiente, y esto es, palabras más, palabras menos, alimentación. Somos lo que comemos. Esta es una de las principales razones de millones de veganos alrededor del mundo para evitar consumir alimentos derivados de los animales: no sólo por el sufrimiento que esto acarrea a nuestros semejantes biológicos, sino por el daño que implica, al largo plazo, introducir al organismo una serie de componentes químicos (como las hormonas para pollos, cerdos y reses) que no necesitamos y que afectan a nuestro organismo.

Ahora bien, como todo en la vida, el alimento, incluso cuando es sano y libre de sufrimientos, podría ser nocivo cuando supera las cantidades necesarias. De hecho, el cuerpo humano no necesita tanta comida como la que la gran mayoría de la gente está acostumbrada a consumir. Se sabe que con seis pequeñas y balanceadas comidas diarias, es más que suficiente. Y, es más, a veces es conveniente purgar el organismo con ayunos controlados, para que el cuerpo aproveche las reservas de nutrientes que tiene, y, con los alimentos que ingresen después, se vuelvan a llenar.

En este post, hablaremos del ayuno: en qué consiste, por qué deberías ayunar de vez en cuando y cómo hacerlo para evitar problemas irreparables para el buen funcionamiento de tu cuerpo.

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Es curioso, pero la restricción controlada de calorías puede aportar muchos beneficios para el metabolismo. Cuando practicas un ayuno intermitente, es decir, sólo durante algunas horas (por ejemplo, entre el desayuno y la cena), el cuerpo empieza a eliminar una serie de desperdicios y toxinas que llevan acumulándose durante quién sabe cuánto tiempo, igual que los sedimentos de un tanque de agua que nunca se drena para limpiarlo. Este proceso de purga, en el cual el organismo aprovecha para quemar las calorías acumuladas y excretar las sustancias innecesarias, es una manera de acelerar el metabolismo. A veces, este proceso se lleva a cabo de forma natural: cuando estamos enfermos y tenemos fiebre, por ejemplo, nuestro apetito se cierra por completo. Es aquí cuando el organismo tiene la oportunidad de limpiarse y usar las reservas de nutrientes. No obstante, puedes ayunar de manera intermitente si tienes un metabolismo lento y has sufrido de estreñimiento, por ejemplo.

De igual manera, ayunar te ayuda a eliminar grasas que llevas almacenando durante mucho tiempo. La glucosa que se encuentra en el torrente sanguíneo y la grasa que se ha filtrado en tu hígado, no tiene cómo salir si todo el tiempo le estás dando al cuerpo nueva materia prima para procesar. Sólo cuando restringes la ingesta de alimentos, el cuerpo puede quemar esas grasas y transformarlas en energía. Si quieres acelerar ese proceso, puedes hacer algo de ejercicio (nada excesivo, puede ser una caminata) y exponerte un poco al frío, quizás con una ducha de agua fría, o sumergir los pies en agua con hielos. Esto último, además de hacer que el cuerpo queme muchas calorías, incrementará el nivel de glóbulos blancos en tu cuerpo, lo cual se reflejará en un sistema inmune más preparado para enfrentar bacterias, hongos y virus que todo el tiempo encontramos en el medio ambiente. Hay estudios científicos que afirman que el ayuno, combinado con la exposición frecuente al frío, el ejercicio y una buena higiene de sueño, es la fórmula más sencilla y eficaz para la calidad de vida y la longevidad. 

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Eso sí: si estás enfermo, evita hacerlo. Esto sólo se debe llevar a cabo cuando estás en perfectas condiciones. De igual manera, el ayuno no se recomienda para mujeres embarazadas, pacientes con gastritis, personas que sufren de hipoglicemia o diabéticos. En caso de que sufras algunas de estas condiciones, y quieras ayunar, lo mejor será siempre consultar a un médico para que te indique cómo lo puedes hacer sin provocar consecuencias dañinas en tu cuerpo.

La manera correcta de ayunar la dictará tu organismo, pues cada uno es diferente. Aprende a observar su comportamiento y, sobre todo, nunca lo fuerces hasta el límite. No es necesario. Comienza por algo sencillo, en lugar de un ayuno de veinticuatro horas. Desayuna bien, de forma completa y balanceada. Incluye en tu desayuno suficientes grasas, carbohidratos, fibra, proteínas, vitaminas y minerales, y sáltate el almuerzo. Eso sí: durante todo el día, procura consumir suficiente agua. Haz esto una vez por semana. Cuando esto ya no sea un reto (porque puede ser muy difícil para algunos), cena normalmente y acuéstate a dormir; y no comas nada hasta la próxima cena (bebiendo agua). Esto también lo puedes hacer una vez a la semana, o al mes.

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