Tip Vegano: El ABC de los germinados – sembrar, germinar y cosechar

Los germinados son una fuente muy rica de alimentos que todo vegano debería aprovechar. No sólo contienen una buena cantidad de proteínas, sino de enzimas, vitaminas, minerales y fibra que pueden ser tremendamente provechosas para el organismo. Por lo general, puedes encontrar germinados listos en los mercados saludables de Medellín, y, en realidad, debido a la facilidad de cultivo, no suelen ser muy costosos. Sin embargo, si deseas cultivar tus propios alimentos y te estás tomando en serio tu huerta casera, esto no te debería faltar.

En este post, vamos a hablar un poco sobre los germinados, sobre sus propiedades y beneficios, sobre cómo sembrarlos y cosecharlos, y, por supuesto, una receta fácil (diferente a la ensalada) en la cual puedes aprovecharlos.

Qué son y para qué sirven

Un germinado, en pocas palabras, es el brote de una semilla (que, generalmente, has seleccionado tú mismo), a la cual le ha crecido raíz, pero que todavía no se ha convertido en una planta. Lo que conocemos comúnmente como raíces chinas son, en realidad, germinados de soya. Puedes consumir germinados de muchas plantas, y, lo más recomendable, es cultivar las que crecen más rápido, como las leguminosas (fríjoles, garbanzos, lentejas) y otras, como el alfalfa o la alcachofa. Sólo es cuestión de conocer las plantas, desechar las que pueden ser nocivas durante el periodo de brote, y construir una pequeña huerta de germinados para tus comidas diarias.

Además de sus propiedades desinflamatorias y antioxidantes, uno de los grandes beneficios de los germinados es que el cuerpo los aprovecha y los digiere muy rápido, y, por esta razón, son muy recomendables para las personas que sufren de estreñimiento. Asimismo, la principal contraindicación es no consumirlos en exceso, o cuando estás pasando por alguna enfermedad gastrointestinal. Ten en cuenta que los germinados ayudan mucho al fortalecimiento del sistema inmune, a que contienen una importante cantidad de vitamina C, lo cual es un buen motivo para consumirlos permanentemente. Por otro lado, las enzimas que contienen son muy beneficiosas para la flora intestinal. Cuando las personas toman laxantes, normalmente pierden la mayor parte de las bacterias que viven en nuestros intestinos y que nos ayudan a digerir los alimentos. El consumo de germinados es muy recomendable para darle un empujón a la flora intestinal, de modo que la digestión se restablezca. Dependiendo de la semilla que germines, tendrás más o menos hierro, más o menos aminoácidos, más o menos fósforo y otros minerales (y vitaminas). Debido a ello, dependiendo de los nutrientes que necesite tu cuerpo (aprende a conocer los síntomas), puedes cosechar diferentes tipos de germinados. Es sólo cuestión de una búsqueda de Google sobre las propiedades de cada uno.

Ensalada vegana

Germinación y cosecha

Existen varias maneras de germinar los brotes. En algunos viveros y tiendas naturistas, incluso puedes comprar kits de germinación muy completos y decorativos, con un breve manual de instrucciones. Sin embargo, aquí aprenderás un método artesanal muy fácil (en caso de que tengas un poco más de tiempo libre… y poco dinero).

Primero, ten en cuenta esta recomendación: sembrar y cosechar germinados es muy fácil, pero no puedes dejar de seguir las instrucciones que verás aquí. Si no lo haces, se te pudrirán y empezará a oler muy mal. Por esta razón, deberías activar una serie de recordatorios (en tu celular, puede ser), para que los puedas tener frescos y listos para comer todos los días.

Muy bien, el procedimiento es así. Busca un recipiente grande, como una jarra, o un botellón plástico de vinagre. Recorta la rejilla de un colador viejo y amárrala muy bien al borde (incluso, puedes improvisar abriendo un gran agujero en una tapa plástica, y adherir la rejilla con silicona caliente). Luego, añade una cucharada de semillas (de lentejas, de alfalfa, de soya… lo que quieras), y, posteriormente, llenas el recipiente con agua (tres cuartos de su capacidad). Tapa el recipiente con la rejilla y déjalo reposar en un lugar oscuro, pero con ventilación. Se recomienda drenar el recipiente y llenarlo, por lo menos tres veces antes de dejarlo reposar. Haz esto, por lo menos, dos veces al día. No te tomará ni cinco minutos.

El siguiente paso es encontrar una manera de dejarlo inclinado hacia abajo (como los botellones de agua) con algún soporte, de manera que el agua se vaya drenando poco a poco (con un recipiente debajo que reciba el agua que caiga, claro). Al otro día, repite todo el proceso: llenas y drenas el recipiente con agua tres veces, y vuelves a dejarlo inclinado hacia abajo (dos veces al día, mínimo, ojo).

Cuando los brotes ya tengan raíces largas (pero todavía no tengan hojas), sácalos del recipiente, lávalos (para que se desprenda la cascarita de la semilla), y guárdalos en la nevera en un recipiente con agua. Si vas a guardarlos durante algunos días (en la nevera, siempre), recuerda cambiar el agua cada día para que no se pudran.

Y ahí los tienes.

Ahora, una receta deliciosa (¡una de miles!):