Una alucinante y creativa receta de pasta

Existen algunos mitos sobre la pasta. Por un lado, que es muy fácil de hacer; y, por otro, que una buena pasta es quizás uno de los platos más complicados. Pues bien: ni lo uno, ni lo otro. Es cuestión de tener una buena receta, de saber manipular bien este elemento y de tener precaución con los tiempos de cocción. Eso, y una buena salsa. Es este caso, vamos a hablar de una receta de lasaña que nunca te imaginarías que podría ser concebida en la imaginación humana: una sopa de lasaña. Sí, tal y como lo lees. Una sopa de lasaña es perfectamente posible, y puede ser bastante deliciosa. Es algo que quizás nunca verás en los restaurantes veganos de Medellín, pero que podría estar presente en sus maravillosos menús.

Y bueno, la base de esta receta es, por supuesto, una receta estándar para una lasaña vegana. Con el sustituto de carne picada, puedes elegir una alternativa para sustituir la proteína (hay, miles de opciones, desde gránulos de soja que están empapados hasta sustitutos listos para asar de soya, tofu o lentejas, entre otros). La salsa es simplemente una variante más fluida de la capa de lasaña habitual, en la que las láminas de la lasaña también se pueden cocinar directamente, aunque también se puede hacer en trozos pequeños hasta que estén blandos. Para que la sopa no pierda la potencia de la salsa y te quede bastante insípida, que sólo sepa a caldo de verduras, definitivamente debes usar un chorrito de vino tinto (no tiene que ser el más caro del estante), salsa de soja y pasta de tomate (que puedes preparar desde cero, o comprar lista en el supermercado). Estos tres ingredientes juntos producen un sabor umami muy interesante, que caracteriza a las buenas lasañas de la gastronomía italiana.

Antes de eso, algunas recomendaciones. En cuanto al emplatado, también tienes un amplio abanico de opciones. Podrías usar un molde de cerámica grande, algunos individuales (esta receta es perfecta para tres personas con buen apetito), o podrías usar moldes metálicos de aluminio reciclable, que hacen que el proceso de cocción sea mucho más uniforme, y, de hecho, un poco más corto. Eso sí: el recipiente en donde vas a preparar tu lasaña representa siempre un caso concreto a la hora de calcular la temperatura y el tiempo de cocción en el horno. La idea no es precocinar nada de lo que vas a preparar aquí. También es importante dividir bien las láminas de la lasaña poco antes del final del proceso de toda la receta y luego dejarlos cocinar directamente en el líquido de la sopa. Si esto lo hace demasiado viscoso, simplemente agrega un poco de agua o caldo de verduras.

Los ingredientes que necesitarás son ocho láminas de lasaña, quinientos gramos de proteína (la de tu elección, pero si quieres usar fríjoles de soya secos, sólo usa media libra). Necesitarás una cebolla entera, un diente de ajo, dos zanahorias, un apio (tallo y hojas), una cucharada de salsa de soya, cuatro cucharadas de pasta de tomate, una cucharada de miel de agave, dos cucharadas de albahaca seca, dos cucharadas de orégano seco, dos cucharadas de pimienta negra, una cucharada de pimentón en polvo (ahumado, si es posible), cien miligramos de vino tinto, quinientos gramos de tomates, un litro de caldo de verduras, quince gramos de albahaca fresca, aceite vegetal, sal, parmesano y yogur vegano y pan para acompañar al final.

Vamos con la preparación. En primer lugar, debes pelar y picar la cebolla y el ajo. Pica finamente las zanahorias y el apio. Si usas fríjoles secos de soya, debes remojarlos en este momento de la preparación (y, si puedes, desde por la mañana). Bueno, la proteína vegana y las cebollas se fríen en paralelo con un chorrito de aceite. Este último, caliéntalo en una sartén a fuego medio y dora la proteína durante unos cinco minutos hasta que esté bien sellada. No tiene que quedar seca, cuidado. Agrega la salsa de soya y sofríe por otros dos minutos, y apaga el fuego.

Al mismo tiempo, calienta un poco más de aceite vegetal en una cacerola grande y saltea la cebolla cortada en cubitos a fuego lento durante unos cuatro minutos hasta que estén vidriosos, luego agrega el ajo y sofríe por otro minuto. Agrega la pasta de tomate y la miel de agave (o de caña, si prefieres) y sofríe sin dejar de revolver durante unos tres minutos para que la pasta de tomate se vuelva más oscura y tenga un poco más de cuerpo. Agrega las zanahorias, el apio, el orégano seco, la albahaca, la pimienta negra y el pimentón en polvo y sofríe todo durante unos cinco minutos a fuego alto.

Agrega un chorro de vino tinto (sé generoso, pero no toda la botella…) y luego añade los tomates previamente pelados y cortados en cubitos, el caldo de verduras y la proteína que ya has preparado en la sartén. Lleva todo a ebullición y cocina a fuego lento durante un cuarto de hora.

Aquí es donde debes cortar las hojas de lasaña seca. Agrégalas a la sopa junto con la albahaca fresca. Deja que la sopa siga hirviendo a fuego medio hasta que las láminas de lasaña estén al dente (ojo: esto es un punto medio entre crudas y “cauchudas”), y recuerda que este proceso sólo toma unos cinco minutos. Sazona la sopa otra vez si le hace falta sal o cualquier otro condimento.

Y bueno, es hora de servir. Sirve la sopa con una cucharada de yogur vegetal y espolvorea el parmesano vegano y albahaca fresca. Corta una rebanada de pan y acompaña con un poco de vino.